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Elroid

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MensajeTema: [Infección]   Dom Ago 16, 2009 2:18 am

Es una historia que estoy desarrollando.

La verdad es que me aconsejaron terminarla y luego subirla para pedir opinión, pero jamás he sido bueno escribiendo historias "largas", por lo que de esta manera me resulta más cómodo, y así además puedo obtener opiniones ^^

Si pueden opinar, dejar sugerencias o criticar, se los agradeceré Very Happy

Disculpen si es demasiado extensa ^^U

_____________________________________
Capítulo 00: El fin de una era


¿Cómo hemos llegado a esto? Aún ahora me cuesta creerlo. Parece mentira...

La Infección comenzó a propagarse demasiado rápido. El mundo era
incapaz de hacerle frente a esta nueva amenaza, y poco a poco todos
fuimos consumidos por la desesperación. En un principio, sólo eran
convulsiones. Pero rápidamente comenzaron a verse cambios en los
síntomas, hasta el punto de volverse fatal. La Infección evolucionaba a
pasos agigantados, dejando atrás toda posibilidad de encontrar una
cura. De pronto, las noticias de "Muertos vivientes" y "Personas
mutando" llenaron todos los canales de noticias. Parecía una mentira...
demasiado irreal como para creerlo; pero estaba ocurriendo en todo el
mundo.

"Nuevo brote del virus en Nueva Zelanda", "Muertos caminando a
plena luz del día", "Sectas religiosas cometen suicido colectivo",
"Estados Unidos comienza ataque masivo". Los diarios traían, en
exclusiva, las noticias del fin del mundo...

Luego vino lo peor: todas las estaciones de radio y canales de
televisión dejaron de transmitir, como también las líneas telefónicas y
los celulares se volvieron inútiles. Junto a la pérdida de todo medio
de comunicación, el mundo entró en caos.

Ha pasado una semana desde que el mundo globalizado colapsara, y se
han formado comunidades de sobrevivientes. Grupos cerrados de
individuos que dependen únicamente del instinto más básico de los seres
humanos: "Matar o morir". La desconfianza y la traición se ha vuelto
una moneda común entre las personas, quienes se observaban con miedo,
temiendo que la Infección se siga propagando.

Una semana ha pasado desde que el mundo que conocíamos
desapareciese. Una semana viviendo un infierno, observando amigos y
familiares convirtiéndose en seres completamente diferentes, matándose
entre sí, destruyendo todo lo que la humanidad se demoró siglos en
construir... tan sólo en unos pocos días...

Ha pasado una semana... y yo aún estoy vivo. Soy un testigo, un sobreviviente de la catástrofe...

Es una lástima... realmente lo es... pero este será...
probablemente... el último mensaje que pueda dejar. La batería comienza
a fallar, y sólo deben quedar unos pocos segundos...

...Padre... perdoname...


_____________________________________

Capítulo 01: Fairfield


El fuerte olor a sangre me despertó, como si alguien me hubiese
golpeado la cara con un ladrillo. Me levanté rápidamente y llevé mi
mano a mi cinturón. El frío metal de mi Beretta me calmó un poco,
mientras me aseguraba de estar completamente solo. La habitación era
pequeña. Un escritorio y un espejo empolvado era lo único que le
adornaba. El resto de los muebles estaban apilados frente a la puerta.
A través de la ventana, la luz tenue de la luna iluminaba tímidamente
la habitación. Incluso ella, sentada en su magnífico trono en el cielo,
tiene miedo de hacerse notar. No recuerdo un día desde la catástrofe en
el que haya podido disfrutar de la luna o las estrellas. Rápidamente
revise todo mi equipo. Municiones, agua, cuchilla, cigarros. Como
siempre, sólo me faltaba fuego. Tomé un poco de agua y me apoyé en la
pared. Ya llevaba dos días sin comer, y a ratos la fatiga se volvía
peligrosa. Sin embargo, a algunos metros de ese lugar había – y espero
que aún haya – una serie de supermercados. Me levanté y me puse a
revisar la habitación. La mayor parte de los muebles que ahora estaban
apilados en la pared sólo tenían ropas y cosas sin valor. En el suelo
aún quedaban rastros de sangre, restos de alguna pelea en el lugar. No
encontraba nada nuevo ni interesante. Tan solo el escritorio empolvado
seguía intacto. Varias veces me había acercado a él, pero apretaba los
puños y me sobreponía a mi curiosidad. Quizás sea estúpido, pero mi
consciencia – lo que me queda de humanidad – me decía que dejara al
menos ese lugar de la habitación sin profanar. Esas pequeñas cosas son
las que me permiten seguir vivo. Y definitivamente no puedo darme el
lujo de perder la vida.

Un alarido al cielo hizo vibrar la ventana. La noche había
comenzado también para “ellos”. Me fijé que la Beretta estuviera bien
cargada y comencé a liberar la puerta de los muebles que me protegieron
durante el día. “Ellos” son, en extremo, peligrosos. Aunque usualmente
no son listos. Durante el día, mientras la luz del Sol ilumina todos y
cada uno de los rincones de la Tierra, “ellos” deambulan sin rumbo.
Algunas veces – lamentablemente menos de las que yo quisiera – “ellos”
comienzan a pelear entre sí. Salir durante el día es un suicidio. Sin
la cobertura de las sombras, la posibilidad de sobrevivir es tan alta
como la de ganarse la lotería. Quizás menos. Es por ello que muchos de
los sobrevivientes han decidido viajar de noche. Sin embargo, es
durante la noche cuando lo más peligrosos de “ellos” despiertan. El
primer grito de la noche es una señal, o quizás alguna advertencia. A
pesar de ser todos iguales a mis ojos, he descubierto que existen
rivalidad entre ellos. Con el tiempo he comenzado a comprenderlos un
poco. Que yo sea capaz de entenderlos... aunque sea un poco... me
parece una cruel broma de la vida...

La puerta no emitió ningún ruido al abrirse. La noche anterior, con
el amanecer a punto de atraparme, encontré éste, mi refugio temporal.
Con el tiempo en contra, decidí usarlo sin meditar mucho al respecto.
Ahora, mientras observo los peldaños de madera de la escalera, me doy
cuenta de la pésima elección que hice. Mi “refugio” se encuentra en un
tercer piso… y la madera suele ser muy ruidosa...

Suspiro agotado. Antes de usar las escaleras recorro un poco el
tercer piso. Es un hotel viejo, de los que sólo se podían ver en
películas antiguas. Un escalofrío recorre mi espalda mientras recuerdo
una de estas películas, en donde éste tipo de escenario era el
predilecto para las escenas de terror. Suspiro nuevamente. La vida me
gasta demasiadas bromas crueles. Mientras observo cada una de las
puertas viejas del tercer piso, un ruido, similar a una respiración
ronca, me hiela el cuerpo. La respiración es fuerte, como un jadeo.
Todo el ruido desaparece, dejando tan sólo el sonido de la respiración.
Mi mano comienza a temblar. No es extraño encontrar otras personas en
un mismo refugio... Pero ningún sobreviviente se atrevería a hacer un
ruido tan obvio. Trago saliva y empiezo a moverme lentamente. De ser
uno de los "simples", entonces quiere decir que hay por lo menos 10 más
merodeando el edificio. Si es uno de los "mutados", una abominación…
entonces, aún si sólo es uno, es mejor correr. La respiración ronca se
vuelve más fuerte. Mi cuello comienza a sentirse húmedo y helado.
Lentamente me devuelvo hacia la escalera. La respiración desaparece
poco a poco, mientras me alejo de ella. Llegando a la escalera, sólo
hay silencio. Suspiro un poco más tranquilo. Afirmo la Beretta y
comienzo a descender. Los primeros peldaños, milagrosamente, no
emitieron ruido alguno. Fue en ese momento en el cual cometí un error.
En realidad es un error típico, que muchos cometen y pocos logran
evitar. Durante un instante... creí que todo saldría bien…

*¡Crack!* *¡Crack!* *¡Crack!*

El sonido parecía provenir del piso superior. El sonido, fuerte y
angustiante, retumbando en mis oídos, se hacía más fuerte. Detrás del
sonido se escuchaba una respiración ronca, como un jadeo. Aterrado
comencé a bajar los escalones a toda velocidad. El ruido ya no era
importante, sólo importaba salir de ahí cuanto antes. Cuando finalmente
llegué al segundo piso, e instantes antes de que comenzara a bajar
hacia el primero, el sonido se detuvo con un fuerte golpe y un remezón
del piso. En ese momento mi cuerpo perdió toda capacidad para moverse.
En mi mente me repetía “Moriré si no me muevo, moriré si no me muevo,
¡moriré si no me muevo!”. Sin embargo, cada vez que trataba de moverme,
una sensación horrible me invadía. Como si, por el simple hecho de
mover un músculo, fuese a morir instantáneamente. Mi respiración se
comenzó a agitar mientras hacía esfuerzos por mantener silencio. Mis
músculos comenzaron a doler, como también mis ojos eran incapaces de
parpadear, fijos en el tercer piso. Sentí entonces que el tiempo se
detenía. El palpitar de mi corazón parecían golpes dados en cámara
lenta. Mi respiración, aún cuando hacía un esfuerzo casi inhumano por
hacerla imperceptible, se escuchaba fuerte en mis oídos. Pero fuera de
eso, todo era silencio. El más puro y horrible silencio.

*¡¡Wraaaaah!!*

Mi cuerpo saltó e inmediatamente, antes de poder decidir nada, ya
estaba corriendo escaleras abajo. La Beretta, en mi mano izquierda, de
alguna manera me tranquilizaba un poco mientras llegaba al último
escalón. “Corre, corre, corre” me decía mientras estiraba la mano para
alcanzar la puerta. Aún cuando la noche anterior me había parecido
pequeña, ahora todo me parecía enorme, demasiado espacioso. Mis pies se
sentían pesados y mis brazos como si fueran a romperse. Entonces sonó
un gran estruendo a mi espalda. Como si algo hubiese atravesado el piso
superior para caer en el primero. Sentí pedazos de madera golpearme la
espalda. No quería mirar. No deseaba mirar. No necesitaba mirar. Sólo
una cosa importaba. Estiré mi mano para alcanzar el pomo de la puerta.
Entonces la criatura emitió un gran rugido, como un alarido y un
gruñido mezclados. La puerta estaba ya a mi alcance. La criatura
comenzó a moverse. Cada paso que daba hacía crujir la madera, así como
hacían temblar las paredes. Tragué saliva y apreté los dientes .
“Corre… corre… ¡¡Corre!!”
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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Ago 16, 2009 12:17 pm

Capítulo 02: Obese



La puerta se abrió de golpe mientras la abría con todo el peso de mi
cuerpo. El aire golpeó mi acalorado rostro y entró salvajemente a mis
pulmones mientras trataba de correr. En ese instante sentí un sonido,
similar a cuando el viento es cortado por algún proyectil; pero no
podía mirar hacia atrás y continué corriendo, demasiado exaltado como
para poder pensar con normalidad. De haber mantenido la cabeza fría,
habría notado un bulto frente a mí, y tranquilamente habría pasado de
largo, sin darle importancia, ya fuese un humano o un escombro. Pero en
mi cabeza sólo podía escuchar la criatura acercarse, y no logré
reaccionar hasta que caí, tropezando con el bulto, y me golpeé
fuertemente el brazo izquierdo. La criatura entonces rugió, como una
bestia y como un humano al mismo tiempo. Levanté la vista, decidido a
enfrentar mis temores como siempre lo había hecho: con la frente en
alto.

Durante una semana había visto personas convertidas en
animales, los cuales sólo actuaban por instinto, cegados por su dolor y
hambre; pero incluso esos animales aún seguían pareciendo humanos. Un
escalofrío recorrió mi cuerpo, mientras veía una criatura grotesca
caminando hacia mí. Su cabeza, pequeña para su cuerpo obeso, descansaba
sobre su hombro derecho, mientras algunos huesos sobresalían de su
cuello roto; sus brazos colgaban sin vida, balanceándose de atrás hacia
delante mientras avanzaba; sus piernas torpes eran extremadamente
gruesas, permitiendo cargar con todo el peso de su gran cuerpo, el cual
parecía medir más de 2 metros; finalmente, su excesivamente gran
estómago tenía un gran corte a lo ancho, a través del cual escurría un
líquido espeso y rojizo. Entonces, desde lo que creía era una cicatriz,
asomó algo que sólo pude identificar como una gran lengua negra. Llevé
una mano a mi boca mientras trataba de no vomitar; el mundo a mí
alrededor parecía dar vueltas, y sentía que un sudor frío recorría mi
espalda. Fue entonces cuando escuché a la criatura reír. El sonido era
más bien parecido a un maullido, sin embargo no podía quitarme de la
cabeza que la criatura estaba riendo, gozando de un “festín” que no
podía esperar a servirse.

¡Tú y los tuyos pueden volver al infierno de donde llegaron!
– grité en un intento de sobreponerme al miedo que recorría mi cuerpo.
Levanté mi Beretta y comencé a dispararle al Obeso. Éste seguía
avanzando, sin detenerse aún cuando las balas le daban de lleno en el
cuerpo – ¡Maldita bola de grasa!

Ugh… – Una voz suave
provenía desde el bulto. Bajé un poco la vista y la vi. Una muchacha de
unos 17 años, con un pelo largo y oscuro, vestida con una chaqueta
demasiado grande para ella. Levanté la vista nuevamente, preparado para
seguir disparando, cuando noté que el estómago del Obeso se había
abierto aún más, y de él salían sus propias entrañas, moviéndose como
tentáculos. La muchacha se levantó, aún sin haberse dado cuenta de nada.

¡Idiota!
– grité mientras corría hacia ella. Las entrañas se levantaron en el
aire, como tomando vuelo. Agarré a la muchacha del brazo y la jalé,
segundos antes de que las entrañas le agarrasen. Levanté nuevamente la
Beretta y apunté hacia su estómago abierto – ¡Provecho bastardo!
– Jalé el gatillo con cierto placer. El Obeso comenzó a botar sangre
desde su estómago, mientras soltaba un alarido, quizás de dolor o
quizás de furia; de una u otra manera eso sólo me hizo sonreír. Sentí
entonces la mano de la muchacha afirmar firmemente la mía. Ella estaba
temblando de miedo, mientras observaba a la criatura frente nuestro. No
podía quedarme mucho tiempo, el Obeso era demasiado ruidoso como para
pasar desapercibido. Apreté su mano con fuerza y comencé a correr. Pero
ella me detuvo, jalando mi brazo hacia abajo.

¡Mi pierna!
gritó. Volteé rápidamente, temiendo lo peor. Nuevamente escuché aquel
maullido, ese intento de risa del Obeso, mientras esté jalaba a la
muchacha, a quien había agarrado con una de sus entrañas.

Guarda silencio
– le dije a la muchacha mientras me inclinaba y, con una mano agarraba
la entraña mientras que con la otra sacaba mi cuchilla – Si hacemos más ruido…

Demasiado
tarde. Un tipo vestido con un traje de oficina y camisa blanca se
asomaba desde un callejón. Su rostro era de un color grisáceo, el cual
estaba cubierto por sangre seca. Sus ojos, hambrientos y perdidos,
estaban fijos en la muchacha y en mí. Era uno de “ellos”. Tragué
saliva. Durante una semana había aprendido una o dos cosas acerca de
“ellos”, entre las cuales estaba el hecho de que jamás viajan solos. La
entraña seguía jalando con fuerza, mientras la muchacha hacía todo lo
posible para resistirse. Dejándola a ella como cebo, obtendría de 2 a 3
minutos para escapar. Corriendo hacía el obeso, el cual estaría
demasiado ocupado protegiendo su alimento de los otros, tendría altas
probabilidades de sobrevivir ileso, o al menos sin recibir ninguna
herida de importancia. El sonido de varias pisadas se hizo más fuerte,
dejando en claro que mi teoría era cierta. Solté la entraña y me
levanté. El sujeto del traje comenzó a avanzar hacía mi, con una
sonrisa torcida en el rostro. “Comida” era probablemente lo único que
surcaba la mente atrofiada del sujeto del traje. Dejé mi cuchilla caer
al suelo, al lado de la muchacha, que me miraba aterrada.

Mierda
– dije en voz baja. El sujeto del traje lanzó un grito y se puso a
correr, con la boca abierta y ambas manos levantadas sobre su cabeza.
Saqué mi Beretta y apunté al primero de “ellos” – ¡Mierda! – grité mientras jalaba el gatillo.
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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Ago 31, 2009 2:46 pm

*0*
excelente historia!!!!!!

siguela o te banneo (?)
xDDDDD
no , enserio muy buena historia =)

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la miro

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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Ago 31, 2009 2:56 pm

nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

kede metido en la wea
D:!

si no la continuas te banneo

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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 12:30 am

No quiero ser baneado demonios xD
======================

Capítulo 03: Stray Joy

El sujeto del traje se levantó algunos centímetros en el aire al recibir el balazo, cayendo directamente sobre otro de "ellos". Un disparo rara vez era capaz de detenerles por completo, pero siempre servían para ganar tiempo, por lo que debía tener cuidado en no malgastar ninguna bala. Desde la derecha, una mujer de pelo rubio y cubierta sólo por una blusa avanzaba a grandes saltos, acompañada por un hombre con un bigote rojo y que levantaba un gran pedazo de metal como si fuera un juguete. El suelo irregular me jugaba en contra, pues era imposible poner atención en lo que estaba detrás mío mientras trataba de retroceder y disparar. Desde el callejón seguían apareciendo más de "ellos", contando a simple vista unos siete, y eso era sólo el comienzo. La rubia saltó hacia mí con la boca abierta, mostrando unos caninos excesivamente desarrollados. Jalé del gatillo, atravesándole el estómago y haciéndola volar lejos. Instintivamente retrocedí un paso, evitando por poco el gran pedazo de metal del tipo de bigotes, el cual perdió el balance luego del fallar su golpe, dándome una perfecta oportunidad. Jalé del gatillo nuevamente. Una gran cantidad de sangre y huesos volaban desde su cráneo, causándome tanto escalofríos como algo de remordimiento. El sujeto soltó el gran pedazo de metal, el cual siguió su trayectoria, volando algunos metros antes de aplastar a un fanático de los Lakers. Volteé un instante hacia la muchacha.

– ¡Apúrate! – le grité. Ella ya había tomado el cuchillo y, mientras era arrastrada, trataba de cortar la tripa que le sostenía la pierna. Levanté la vista hacia el Obeso, quien aún botaba sangre desde su estómago, claramente con pocas fuerzas a causa del daño recibido. Devolví mi atención a la horda que seguía avanzando. Noté entonces algo extraño: El callejón no estaba demasiado lejos, y tanto la muchacha como yo estábamos en la mitad de la calle, pero "ellos" parecían no percibir nuestra existencia, como si algo en el ambiente los atontara. Disparé dos veces más, derribando a un par de muchachos de escasos 15 años, que corrían como endemoniados. Hice un rápido conteo mental de las balas gastadas, contando un total de 11 disparos, de los cuales 6 habían sido dirigidos solamente al Obseso... – ¡El Obeso! – grité.

Una piedra me golpeó fuertemente en la rodilla, haciéndome caer sobre mi otra rodilla. Era uno de los endemoniados niños que había derribado instantes antes, y que se había logrado incorporar sólo para volver a atacarme. Ahogando el grito de dolor tras los dientes, volví a dispararle, dándole de lleno en la pierna, la cual se dobló en sí misma, dejando escapar pedazos de hueso mientras el niño caía sobre el charco de sangre que había dejado el sujeto del bigote. Volteé hacia la muchacha mientras sentía las pisadas de otros acercarse. No sabía como, pero tenía la seguridad de que el Obeso liberó algún tipo de aroma que atontaba a los otros, por lo que mi prioridad se había vuelto liberar a la muchacha.

– ¡No se corta! – dijo la muchacha en un grito ahogado por el miedo. Sus ojos estaban al límite de las lágrimas. Agarré la tripa con mi mano cuando, de pronto, sentí que esta comenzaba a tirar con más fuerza. Mi rodilla, la cual aún se resentía por la piedra, se dobló con facilidad mientras colocaba todo mi espíritu en evitar que el Obeso, que se encontraba demasiado cerca de nosotros, atrapase a la muchacha – ¡Vienen! ¡Vienen!

– ¡No mires hacia atrás! ¡Sólo corta! – le grité mientras levantaba la Beretta hacia el resto de "ellos". De haber tenido la cabeza fría, habría usado el arma para cortar la tripa del Obeso. Pero el miedo comenzaba a cubrir cada rincón de mi mente. Eran tres, corriendo hacia nosotros con los ojos desorbitados y manchas de sangre por toda la ropa. Tirando de la tripa y con la rodilla adolorida, sólo pude derribar a uno, cuando escuche el sonido que más temía. Era un clic. El clic que se escuchaba cuando el arma se quedaba sin balas. El último disparo lo había fallado, y los dos sujetos estaban ya sobre nosotros...

El tiempo se congeló en mi cabeza.

A unos seis metros se encontraba el callejón, desde donde seguían saliendo más infectados. El otro niño endemoniado estaba corriendo hacía nosotros, mientras que el que había lanzado la piedra seguía tratando de moverse, aunque sin éxito. Una mujer de pelo corto y blanco, aunque joven, lanzaba lo que parecía ser un celular, como si se tratase de algún tipo de arma. Los dos hombres frente a mí usaban poleras deportivas, las cuales estaban cubiertas de sangre casi en su totalidad, cubriendo sus dibujos. El primero tenía el pelo largo y aún seguía tomado, mientras que el segundo se había rapado y sus ojos habían tomado un color casi blanco. El cielo, finalmente, estaba totalmente despejado. Sentí algo de confort viendo que, por primera vez en semanas, era capaz de observar un cielo tan hermoso, libre de todas las molestas luces de la ciudad, y de todas las preocupaciones que habían llenado mi cabeza durante el tiempo de la Infección... Sentí que no me molestaría morir si lo hacía viendo ese hermoso paisaje...

"¡Hermano!". La voz de Matt resonó en mi cabeza, mientras los recuerdos de esa noche, los recuerdo de unas semanas atrás, volvían dolorosamente a mí cabeza. "No moriré" les prometí a todos ese día. El viento, que parecía haberse detenido junto a mi vida, nuevamente comenzó a soplar, y el tiempo volvía a su curso normal. Levanté la Beretta con un grito, preparado para defenderme incluso a golpes, cuando sentí nuevamente ese maullido que tanto había odiado minutos antes. Con una fuerza que no había sentido antes la tripa me jaló, obligándome a soltarla. Volteé aterrado hacia el Obeso, imaginando el cuerpo destrozado de la muchacha. Sentí entonces que la tripa pasaba poderosamente por sobre mi cabeza, golpeando fuertemente a los sujetos de las poleras ensangrentadas.

– ¡Corre! – gritó la muchacha, aún evitando levantar demasiado la voz. Estaba en el suelo, estirando la mano hacia mí y con los ojos cubiertos de lágrimas. El maullido del Obeso se hizo más fuerte, y sentí el sonido de un tentáculo azotando el suelo. Decidí no voltear, y afirmé fuertemente la mano de la muchacha. La adrenalina me hizo olvidar completamente que mi rodilla aún me dolía, y llené mi cabeza con un sólo pensamiento: "Corre"

Mientras me alejaba, corriendo sin mirar hacia atrás, comenzaba a sentir un cambio en el aire, algo que no había percibido antes, probablemente por estar tan cerca del Obeso: Él se había impregnado con un olor similar a la sangre.

– Están peleando entre ellos – dijo aterrada la muchacha, apretando fuertemente mi mano.

– No mires hacia atrás… sigue corriendo – le dije, tratando de distraerla

– El grandote… el grandote está… ¡Ahh! – gritó, incapaz de contenerse. No necesitaba mirar hacia atrás, pues tenía una idea vaga de lo que ocurría, y no deseaba ser testigo de ello. Seguí corriendo, tirando de ella, hasta que mi garganta se secó y mis piernas temblaban, casi incapaces de sostener mi propio peso. Frente a mí se erguía un gran edificio. Su primer piso estaba cubierto de vidrios, la mayor parte rotos, a través de los cuales se podía ver un caótico interior, cubierto de electrodomésticos rotos, carteles, paquetes de comida y, de vez en cuando, cuerpos. Tragué algo de saliva, sintiendo un dolor áspero a través de mi garganta reseca, mientras entraba a través de una de las ventanas, tratando de no cortarme con ningún vidrio.

– ¿Cómo te llamas? – le pregunté mientras levantaba una botella aún sellada del suelo

– Joy – respondió ella

– Mi nombre es Glenn – dije luego de tomar un trago de agua mineral. Estiré la botella para ofrecerle un poco – Bienvenida a nuestro pequeño refugio temporal.

Joy sonrió levemente. Luego de todo lo que había vivido esa noche, me sorprendió ver una sonrisa honesta y hermosa en su rostro pálido. Sus ojos se veían negros y profundos, cubiertos por un chasquilla negra, aunque eso no parecía importarle. Supongo que no quería dejar ver sus ojeras, causadas por haber llorado mucho tiempo.

– ¿Vas a algún lado?

Ella sólo respondió con la cabeza. “No”

– ¿Viajas sola? – Joy bajó la cabeza, como si hubiese tocado un tema difícil. De pronto, sentí como si se hubiese alejado, no físicamente, sino que de una forma más complicada, como si de pronto se hubiese encerrado en un cascarón que sólo ella podía ver. – Disculpa. No debería entrometerme en los asuntos de otros…

Comencé a buscar un bolso, un lugar donde guardar provisiones, cuando noté que Joy se había quedado quieta, observándome desconfiadamente. La miré en silencio, sin saber como reaccionar ni que decir. El ambiente, tenso, me hizo recordar unas cuantas películas que había visto cuando era más joven, películas de terror y suspenso, las cuales rara vez me permitían moverme del asiento. En esas películas, este tipo de silencio siempre precedía al clímax de la película. Tragué saliva, colocándome más nervioso con cada segundo que pasaba, envuelto en aquel silencio absoluto, incapaz de mover un solo dedo por la tensión, atento a cualquier sonido, a cualquier movimiento.

*¡Clanc!*

– ¡Ahhh! – gritó aterrada Joy, corriendo hacia mí mientras se cubría la cabeza entre las manos. Detrás de ella, una lata de comida rodaba, mientras un gato escapaba aterrado luego de haberla botado. No pude aguantar la risa, y comencé a reír a carcajadas mientras apuntaba el gato con el dedo. Joy, enrojecida, comenzó a golpearme en el pecho – ¡No te rías! ¡Tonto! – gritaba mientras yo reía con más fuerza. Finalmente, incapaz de aguantar lo cómico de la situación, ella también comenzó a reír. Esa fue la primera noche en que vi su rostro lleno de vida.
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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 12:31 am

Capítulo04: Ellie-1

– Suelta... suéltalo... gato... hmmm...

– Sí, sí – le respondía a Joy mientras la cubría con una frazada, tratando de no despertarla. Luego de haber guardado suficientes provisiones y haber elegido un buen lugar donde pasar la noche (es decir, donde pasar el día), ella se había dormido de inmediato, completamente exhausta. Aún parecía que Joy aún no confiaba mucho en mí, pero de momento me había ayudado de buena gana e incluso había comenzado un tema de conversación mientras buscábamos con que llenar los bolsos.

Aseguré la puerta con algunos muebles y luego cerré las cortinas de las ventanas. Joy aún hablaba dormida, pero su voz era casi un susurro, por lo que decidí no preocuparme. Nuestro refugio era una oficina, probablemente del gerente, en el segundo piso del supermercado. Desde las ventanas se podía apreciar casi todo el primer piso, y era una gran posición para decidir un curso de acción en caso de que hubiese algún peligro. Tomé una frazada y me acurruqué frente a la única puerta de acceso, la cual estaba bloqueada por los muebles, esperando poder descansar. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, volvían a mi cabeza los recuerdos de todo lo que había visto esa noche. Tenía la terrorífica sensación de que el Obeso no era el primero, ni sería el último, en cambiar de una forma grotesca como lo había hecho. Esa sola idea bastaba para que no pudiera dormir...

Una risa infantil me estremeció. Había perdido totalmente la noción del tiempo, y tenía la sensación de no haber dormido durante semanas, mientras trataba de incorporarme. Busqué a Joy con la mirada, y la encontré a un par de metros de donde se había acostado. Suspiré algo aliviado al recordar que ella hablaba y, probablemente, reía dormida. Decidí volver a acomodarme para dormir cuando nuevamente sentí esa risa, una risa suave e inocente que, extrañamente, me hacía sentir nervioso, y que definitivamente no pertenecía a Joy. Tomé mi Beretta y me acerqué a una ventana, moviendo suavemente la cortina para mirar hacia el primer piso. El supermercado estaba sumido en la oscuridad, a excepción por algunos lugares donde la luna lograba iluminar, infiltrándose por las ventanas. Luego de algunos minutos observando, esperando ver algún indicio de vida, dejé soltar otro suspiro, aliviado por no ver nada, y decidí inspeccionar por última vez el supermercado. Ahí, justo en el centro del supermercado, donde la luz de la luna entraba con todo su blanco y elegante esplendor, al lado de una gran letrero que decía "Oferta: Películas de Acción", había una niña de unos 12 años jugando con lo que parecía una muñeca

– ¡Hey! – llamé a Joy – ¡Hay una niña! ¡Hey! Hay una... – Joy seguía inmersa en su profundo sueño, y parecía imposible despertarla. Desocupé rápidamente la puerta, teniendo cuidado de no hacer demasiado ruido, y bajé hasta el primer piso, angustiado por lo que había visto.

Sin embargo, cuando llegué hasta el lugar, sólo encontré una muñeca tirada al lado del gran letrero de "Oferta: Películas de Acción". Miré en todas direcciones, sujetando firmemente mi Beretta, esperando encontrar algún rastro de la niña. El solo imaginar el tipo de infierno que tenía que pasar una niña de esa edad me afligía el corazón. Me incliné para recoger la muñeca, esperando poder devolvérsela algún día. Era una muñeca de trapo, con botones rojos y brillantes por ojos, fibras de lana, mal cuidadas y largas, llegándole hasta la cintura, por cabello, y una tela de color blanco, similar al que hay en los hospitales, por ropa. El detalle que más llamó mi atención fue que la muñeca no tenía una boca, dando la impresión de que no tenía expresión alguna en el rostro. Una muñeca inexpresiva, sin capacidad alguna para defenderse o para entender en lo que se había convertido el mundo, parecía el juguete perfecto para esta nueva era. Me levanté con la esperanza de encontrar a la muchacha, pero al levantar la vista me encontré con algo muy distinto. Ya no se encontraba el gran letrero de "Oferta: Películas de Acción" frente a mí ni tampoco estanterías llenas de alimentos desparramados en todas direcciones; en su lugar había una cama sin hacer, con sábanas blancas y un aspecto robusto. Di un paso atrás, sin ser capaz de entender que ocurría ni como había llegado allí. Las paredes no tenían adornos o ventanas, y eran de un color blanco inmaculado; el piso, también blanco, estaba compuesto de baldosas sin diseño alguno; al lado de la cama había una mesita de noche, sobre la cual había una lámpara de color negro; a mi izquierda había un pequeño armario, el cual estaba un poco abierto, dejando ver una serie de ganchos sin usar; a mi derecha se encontraba la puerta cerrada, la cual era metálica y no contaba con un picaporte, en vez de ello tenía un extraño dispositivo con números y una ranura, probablemente para una tarjeta. Caí al suelo, demasiado alterado para poder pensar con claridad, y llevé mis manos a mi cabeza, sintiendo que esta quería explotar. No era capaz de sentir nada excepto confusión, incluso el miedo me había abandonado, pues ya no tenía cabida en mi mente, demasiado torturada como para permitir otros pensamientos. Sentía que caía, que mi cuerpo perdía sus funciones, que poco a poco el mundo que conocía caía en pedazos frente a mí, y que sólo podía hacer una cosa: seguir cayendo.

– ¿Te duele algo? – preguntó alguien con una voz dulce y suave, inocente y llena de curiosidad. Levanté la cabeza, esperanzado de poder encontrar alguien a quien pedir ayuda, o de simplemente poder sentir el confort de otro humano cerca mío. Pero no había nadie. La puerta metálica estaba levemente abierta. Sentía que flotaba, como si todo mi peso hubiera desaparecido dejando sólo una cáscara vacía, mientras avanzaba hacia la salida. De pronto, voces.

– ¿Ya está listo?

– ¡Sí! ¡Si no corremos no llegaremos!

Me quedé congelado mientras escuchaba las pisadas de los tipos corriendo, esperando que el silencio nuevamente reinase en la habitación, mientras afirmaba mi Beretta con fuerzas. Cuando finalmente no se escuchaba ruido alguno, sentí que mis fuerzas volvían lentamente a mí, y avancé decidido hacia la puerta, abriéndola con ímpetu. Al otro lado me encontré con una habitación de paredes blancas, con ningún adorno o ventana, un armario pequeño desde donde se veían algunas batas colgando, una mesita de noche sobre la cual había una lámpara gris y una cama ordenada, blanca y robusta. La desesperación de lo desconocido se tradujo en una gran carcajada, y antes de poder evitarlo estaba en el suelo, tanto riendo como llorando. Mis brazos temblaban, mi estómago dolía con cada contracción mientras reía a todo pulmón, mi corazón palpitaba tan fuerte que retumbaba en mis oídos. Y finalmente, agotado, me senté en la cama, mirando el suelo. "Esto es un sueño" me dije. "Esto es un sueño" me repetí. Convencido de que éste solo descubrimiento bastaría para despertar, cerré los ojos esperando abrirlos en el otro mundo.

– ¡Esto es un sueño! – grité

– ¿Un sueño? – preguntó nuevamente esa dulce e inocente voz

– ¡Sí! ¡Esto es un sueño! – respondí aprentando fuertemente los ojos y marcando claramente cada palabra – ¡Es simplemente un mal sueño!





– Entonces... ¿qué soy yo?

El eco de sus palabras se repitieron en mi cabeza, mientras abría los ojos, asombrado por su pregunta. Al levantar la vista, pude verla, una niña de unos 12 años, con un hermoso pero desordenado pelo negro que le llegaba hasta la cintura, una cara blanca y limpia, excepto por un lunar bajo el ojo derecho, y que vestía un traje de hospital. Sus ojos eran rojos, de un color brillante, que me atrapaban, me intrigaban, pero sobre todo, me aterraban. Había visto ese mismo color en algunos de los Infectados, personas normales que, pocos días antes de perder la razón, comenzaban a sufrir cambios en el color de sus cabellos, de sus ojos o de su piel. Ese rojo no era un color humano... no era un color bueno...

– Entonces... ¿qué soy yo? – repitió impasible la niña

Si ese era mi sueño, ¿Por qué imaginar a una niña así? Jamás la había visto. Además, ¿por qué una niña infectada... y que aún mantenía una mirada y voz tan inocente?. Más importante aún, ¿realmente me había dormido?

– Entonces... ¿qué soy yo? – preguntó nuevamente la niña, con su rostro inexpresivo

– Yo... no lo sé – respondí mientras bajaba la vista, aún atónito.

– Vaya... ¿tú tampoco? – Levanté la vista, pero frente a mí no se encontraba una niña de ojos rojos, ni tampoco un cartel de "Oferta: Películas de Acción". Frente a mí se encontraba Joy con los ojos llenos de lágrimas y afirmándome el rostro, como si tuviese algo horrible en él.

– ¡De-despertaste! – grito ahogadamente en un arranque de alegría, abrazándome. Aún no era consciente de en que mundo me encontraba, pero sentí cierta tranquilidad al escuchar su voz. Joy se alejó, secándose las lágrimas. Sentí que algo también escurría por mis mejillas, y me sentí apenado por estar llorando frente a una muchacha, siendo que yo debía ser la persona fuerte que le protegiese. Le imite, secándome con la mano, y me levanté. Sin embargo, cuando vi mis dedos, me di cuenta que lo que había estado fluyendo desde mis ojos no eran lágrimas. Era sangre.
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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 12:40 am

nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo


D:

siguela DX

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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 12:50 am

Aayy ban si no sigues

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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 2:13 am

Capítulo05: Paradise

La habitación era muy simple y acogedora. La puerta, que tenía un póster de Agony, mi banda favorita, estaba entre abierta, dejando pasar una brisa agradable de aire. Sobre el piso de madera, entre la cama y la cómoda, había una alfombra de color rojo, sin ningún diseño que pudiera arruinar su hermosa simpleza. Al lado de la puerta, en la pared sobre la cómoda, habían fotos enmarcadas, fotos de mi graduación, de mis días de servicio militar, de la primera vez que trabajé para ganarme un sueldo, de mi familia antes de que mis padres se separaran; recuerdos preciados y, de alguna manera, muy lejanos. Me recosté en la cama, apoyándome en el respaldo. Frente a mí estaba la ventana, a través de la cual entraba luz, iluminando todo con una magnificencia que jamás había apreciado. Era de día. Era mi pieza. Era el mundo antes de que todo se volviera un maldito infierno...

¿Y si todo fue realmente un sueño?

¿Y si jamás existió la Infección?

¿Y si simplemente había tenido una pesadilla?

Sentí que la puerta se abrió. Joy entraba con un vaso de agua, sonriendo de tal manera que me fue imposible no devolverle la sonrisa. Juntó la puerta y se acercó a mí ofreciéndome el vaso de agua. Habían pasado varios minutos desde que había limpiado mi rostro de las manchas de sangre, y ella parecía haberse recuperado, al ver que estaba bien. Sin embargo, había insistido en que me quedase recostado un tiempo. Acepté el vaso de agua y la observé detenidamente mientras se sentaba en la cama. Su cabello negro y hermoso estaba sujeto por una cinta, cayendo elegantemente por su espalda. Usaba una polera de líneas rojas y blancas, y vestía jeans azules. Pero lo que más me llamó la atención, encandilándome casi por completo, fueron sus ojos, los cuales ya no estaban cubiertos por su pelo. Eran unos hermosos y cálidos ojos azules, de un color tan vivo que parecían arder.

– ¿Te sientes bien?

– S-sí – respondí dubitativo. Cada vez que cerraba los ojos, los recuerdos de "ellos" volvían a mí en un torrente de imágenes que hubiese preferido jamás haber visto. Sin embargo, dejando eso de lado, estaba bien. De hecho, estaba tan bien, tan tranquilo conmigo mismo, que no podía creerlo.

– No te esfuerces demasiado. Si te vuelves a desmayar así, no sé que haré – me criticó Joy con una mirada llena de preocupación. Un momento... ¿desmayarme?

– L-lo siento – respondí sumido en mis pensamientos. ¿Qué hacía Joy aquí?

La puerta se abrió de nuevo, distrayéndome. Un muchacho de pelo dorado, con el rostro sucio con tierra y pintura, asomaba su cabeza. Una lágrima rodó por mi mejilla mientras lo observaba, atónito, incapaz de comprender, abrumado por la felicidad y la incertidumbre. Sentí que mis labios temblaban mientras trataba de formular una palabra, una sola palabra, la cual tenía más significado y fuerza para mí que cualquier libro del mundo.

– Matt... – mi voz parecía casi un susurro, ahogada en un mar de emociones que chocaban entre sí

– ¿Qué pasa hermano? ¿Te sientes mal?

– No – respondí con una voz más viva mientras me sobreponía a la emoción de volver a verlo, de volver a escucharlo, de volver a sentir esa calidez en mi corazón cada vez que el sonreía – No es nada.

– ¿Y bien? – preguntó Joy con un tono burlesco – ¿Y que haces tan sucio?

– ¡Ah! Estaba cargando los tarros de pintura cuando me tropecé con... ¡Hey! – Matt desapareció un instante para luego entrar afirmando de la mano a una niña de cabello largo y negro, vestida con un hermoso vestido negro, aunque manchado con pintura. Su rostro era inexpresivo, como si no le preocupase estar sucia, y tenía un lunar bajo el ojo derecho. Sus ojos... eran de un color rojo – Esta niña estaba pasando cerca cuando me caí con los tarros de pintura... así que le dije... bien... le dije que mi hermano podía ayudarla y la traje...

– Hahahahaha – comenzó a reír Joy. Por supuesto, Matt siempre hacía lo mismo, metiendo en problemas a su hermano mayor a causa de que tenía un gran corazón. Normalmente, tal como lo hacía Joy, yo rompía en carcajadas tras escuchar sus historias, las cuales muchas veces eran cómicas. Pero esta vez era diferente, y no pude siquiera sonreír, abstraído en los ojos rojos de la niña. Sentí entonces un codazo. Joy se acercó a mí, susurrando – Hey, no seas mal educado.

– Ah... por supuesto – respondí con mi mejor sonrisa – Veamos... Joy, ¿podrías preparar la tina con agua caliente?, y Matt... ve a preparar algunos refrescos fríos, ¿vale?

– Hmmm... vale – refunfuño Joy

– ¡Claro! – respondió Matt lleno de energía, feliz de no haberse metido en problemas.

Ambos abandonaron la habitación, dejándonos solos. Sus ojos rojos, como si quisieran devorarme, no se despegaban de mí, observando cada detalle. Me levanté y caminé hacia la ventana. El cielo era de un azul hermoso, de esos que sólo puedes apreciar durante el día, con algunas nubes blanca adornándole. La ciudad se veía tranquila desde la ventana de mi habitación, la cual se encontraba en el segundo piso de nuestro hogar. Jamás había podido dormir en los pisos inferiores, aunque nunca fui capaz de descubrir la razón. Suspiré. Todo era hermoso, todo era tranquilo, todo era... falso...

– ¿Aún es... un sueño? – pregunté a la niña mientras volteaba

– ¿Sueño? – preguntó sin comprender – ¿Qué es un sueño?

– Un sueño... es aquello que más deseamos... pero que jamás se volverá realidad...

La niña se mantuvo parada donde mismo le había dejado Matt. Ya me había acostumbrado a sus ojos de color carmesí, y comenzaba a apreciar la profundidad de su mirada, una profundidad con tal fuerza que sentía que me absorbía el alma, si es que eso realmente existe. Entonces, como si creyese cada palabra que decía, la niña respondió.

– Yo puedo hacer que este sueño sea realidad

Su mirada no parecía ocultar nada y su rostro se mantenía inexpresivo. Sentí, de una manera que nunca antes había sentido, que yo era demasiado pequeño al lado de esos ojos puros y rojos.

– ¿Qué... qué quieres decir?

– Este sueño... puedo hacerlo realidad

– ¿Entiendes lo que estas diciendo?

– Sí

– ¡Tú...! – Mi corazón palpitaba con fuerzas mientras sus ojos seguían perforando mi voluntad. Mi mayor deseo era que Matt estuviera a mi lado, que Joy no tuviese que vivir más esa pesadilla, que el mundo fuese el brillante y tranquilo lugar que recordaba. Pero... ¿cómo?... yo... yo...

– ¡Está listo el baño! – gritó Joy desde el otro lado del pasillo, sacándome de mis divagaciones.

– ¡Ya va! – grité en respuesta. La niña seguía observándome, llena de curiosidad. Me acerqué a ella y le ofrecí la mano, la cual tomó con una mirada de incomprensión en el rostro. La conduje hasta el baño, el cual se encontraba en el extremo opuesto de mi habitación, donde Joy la recibió con una sonrisa.

"Bien" pensaba mientras la puerta del baño se cerraba "Sea como sea... aún tengo tiempo para pensarlo"


**********

– ¡Gleeeenn! ¡Gleeenn! ¡Gleeeeeenn!! – gritaba Joy, atragantándose con sus propias lágrimas. La puerta seguía obstruida tal y como la había dejado Glenn antes de dormirse. El sonido de la lluvia se volvía más fuerte con el paso de los minutos. Joy trataba de contener las lágrimas, pero el miedo era demasiado para ella, y comenzaba a desmoronarse mientras observaba a Glenn convulsionando en el suelo.
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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 2:13 am

Capítulo 06: Ellie-2


Matt seguía riendo, mientras estiraba sus brazos, tratando de explicar una historia del pasado, una de las tantas historias que él y yo vivimos juntos. Lo observaba en silencio, sintiendo una gran alegría envolviéndome el pecho, esperando que ese instante pudiese extenderse hasta la misma eternidad. Realmente así lo deseaba. Joy entró a la habitación cargando una bandeja con emparedados, los que ella había llamado "Los Súper Emparedados de Joy" con una gran sonrisa. Todo parecía tranquilo a mí alrededor, y la única presencia que me causaba algo de miedo rápidamente se había acoplado a este mundo. La niña, que en un principio actuaba de forma inexpresiva, había comenzado a interactuar con Matt con relativa facilidad, aunque su conducta era irregular: algunas veces era risueña, otras veces melancólica, otras no prestaba atención e incluso en un momento se volvió agresiva. Pero Matt respondía a todas y cada una de estas facetas con la misma sonrisa y buena disposición.

Fue entonces cuando, envuelto en toda esa tranquilidad, cometí un error. O quizás me equivoco y fue la decisión más acertada que pude haber tomado. Sin embargo, si hubiera podido evitar lo que ocurriría tras hacer la pregunta, probablemente lo habría hecho. La niña seguía cambiando su rostro, tratando de adaptarse al grupo, con un interés y esfuerzo que pocas veces había visto en jóvenes de su edad, los que normalmente sólo podían pensar en Juegos de Consola. La curiosidad me envolvía e hice la pregunta, como si fuera algo normal. No. Sabía desde un principio que no era algo normal, que la niña era totalmente diferente a mí, y que tras esos hermosos ojos rojos se escondía algo oscuro. Lo sabía. Y por eso, a pesar de que sentía temor, hice la pregunta. Quizás en el fondo, muy en el fondo, le había tomado aprecio a la niña y deseaba conocerla mejor.

– Por cierto, ¿como te llamas?

**********

Las convulsiones se detuvieron. La lluvia seguía castigando el techo del Supermercado con gran fuerza, y truenos hacían retumbar los ruidos de la oficina de vez en cuando, haciendo que Joy saltara. La muchacha estaba cubierta con la frazada con la que le había cubierto Glenn horas antes. A pesar de haberle conocido poco tiempo, sentía un gran afecto por él, probablemente a causa de que él se había quedado a protegerla en vez de haber huido. "Yo habría huido" pensaba Joy mientras abrazaba sus piernas, sentada en un rincón. Estaba al borde de las lágrimas, pensando que el hombre a quien le había tomado tanto aprecio se encontraba ahora en el suelo, y que ella no podía hacer nada al respecto. El sonido de una palma golpeando el piso alertó a Joy, que movió tímidamente la frazada sobre su cabeza para poder ver. Frente a ella, Glenn se estaba tratando de levantar. Joy, sin poder contener su felicidad, estuvo a punto de saltar sobre él, cuando notó que los ojos y rostro de Glen habían cambiado. "No" se decía Joy mientras se volvía a cubrir con la sábana, y apretaba con fuerza sus ropas. "No... no él"


**********

El tiempo se detuvo en ese mundo, el pequeño sueño que ella había prometido volver realidad, adquiriendo tonalidades grises, dando la impresión de que todo, excepto la niña y yo, estaba muerto. No podía despegar la vista del profundo rojo de su mirada, mientras su rostro volvía a adquirir esa inexpresividad con la que la había conocido, la cara de un cascarón vacío. Pero sus ojos, esos ojos rojos, de un color que poco a poco había comenzado a admirar, un color puro pero al mismo tiempo oscuro, con una profundidad más allá de mi comprensión, esos ojos brillaban con un fuego que nunca antes había visto. Mi cuerpo no respondía a mi voluntad, y lentamente comenzaba a moverse hacia la niña, quien asintió con la cabeza mientras indicaba con el dedo la salida. Abrí, o debería decir, mi cuerpo abrió la puerta, y una luz fuerte me cegó por un instante. Cuando volví a recuperar la vista, me descubrí nuevamente en aquella habitación blanca, aunque esta vez no perdí la cabeza y mantuve la serenidad. Por algún motivo estúpido, eso me lleno de orgullo. Mi cuerpo finalmente respondía a mis comandos y caminé hasta la puerta metálica, que estaba entre abierta. Al salir, me encontré con un pasillo largo, extendiéndose más allá de lo que mis ojos podían abarcar. La puerta a mi espalda se cerró de golpe. Volteé, pero detrás de mí sólo había una pared vacía, donde se había perdido cualquier rastro de que aquello pudiera haber sido una puerta. Tome aire y comencé a caminar a lo largo del pasillo, esperando encontrar algo...


**********

Glenn se levantó. Su cuerpo permanecía encorvado, y su brazos colgaban. Vestía una camisa negra, bajo la cual portaba una polera blanca, la cual ahora estaba manchada en sangre; sus pantalones, unos jeans negros con varias marcas de garras en su diseño, lo cual había estado de moda, ahora tenían marcas reales de garras y en varios puntos se podía apreciar un parchado pobre; sus zapatillas blancas estaban cubiertas de barro y tierra, haciendo imposible determinar que tan vieja estaban. Glenn emitió un sonido gutural, como si estuviera imitando a un animal rugiendo, mientras avanzaba lentamente, con dificultad, en diversas direcciones, incapaz de distinguir el lugar donde estaba atrapado. Sus ojos saltaban de un punto a otro de la habitación, y su boca permanecía abierta, dejando escapar algo de saliva y sangre, la cual escurría lentamente por su rostro. El sonido de la lluvia cubría los llantos ahogados de Joy, que trataba de sobreponerse a la verdad. Glenn estaba infectado.


**********

A ambos lados del pasillo habían puertas, todas metálicas y cerradas, con una pequeña ventana, con el tipo de vidrio que usan en las salas de Interrogatorio para evitar que el interrogado vea a los interrogadores. Observé algunas habitaciones, pero todas parecían idénticas, salvo por pequeños, ínfimos detalles. Eran todas idénticas a la habitación en donde había aparecido la primera vez. Seguí avanzando. Un pasillo interminable, largo y molesto. Recordé un par de juegos con escenas similares, y me recriminé el no haberlos terminado. Quizás así habría estado más preparado.

– ¿Ya está listo?

– ¡Sí! ¡Si no corremos no llegaremos!

Las voces provenían desde mi espalda. Volteé lentamente. A estas alturas, estaba totalmente seguro de que no habría nadie allí. Maldita suerte la mía, o quizás el destino. Al voltear, vi a dos hombres vestidos con trajes blancos, de esos que usan los médicos, corriendo en dirección contraria. Me tomó un tiempo reaccionar, pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde, los hombres estaban demasiado lejos y, aunque corrí detrás de ellos, desaparecieron tras una puerta. Por supuesto, al llegar, la puerta estaba cerrada. Me acerqué a la ventana y observé el interior. Más de lo mismo, una habitación de color blanco, una lámpara de color verde, un armario abierto con los ganchos sin usar y una cama... Tragué saliva. En la cama estaba la niña, con la vista clavada en el techo. Sus ojos, sin embargo, eran de un color oscuro. Me apoyé en la puerta para verla mejor cuando esta se abrió, dejándome caer de golpe en la habitación. Me levanté rápido. La niña me observaba fijamente, con una expresión de sorpresa en el rostro

– ¿Quién? – preguntó casi sin energías

– Eh... hm... Glenn

– ¿Quién? – preguntó de nuevo, inclinando la cabeza

– Un... un amigo – respondí con la mejor sonrisa que pude. Por supuesto, fue una sonrisa forzada y pobre, pero la niña pareció contentarse con ello, pues desvió su atención nuevamente hacia el techo. Por mi mente cruzó nuevamente la pregunta que deseaba hacerle, la pregunta con la cual todo parecía haber comenzado, pero no fui capaz de hacerla, temeroso de la respuesta. Un sonido electrónico a mi espalda. Volteé para encontrarme con la puerta metálica cerrada. El sonido terminó con un largo *Bip* y la puerta se abrió dejando pasar a un hombre de mi estatura, sin cabello y con lentes, usando una bata de médico cerrada y con una gran cicatriz en su cabeza calva.

– ¿Quién? – preguntó nuevamente la muchacha

– Ya hemos pasado por esto – dijo el hombre molesto. Estiró la mano y agarró fuertemente a la niña por el brazo – Nos vamos – dijo mientras la tiraba con fuerza.

– ¡Hey! – grité sin poder contener mi molestia. El bastardo no sólo me ignoraba, sino que además trataba así a una niña de esa edad.

– No te molestes... – dijo la niña dirigiéndose hacia mí

– ¿Hm? ¿Nuevamente hablándole a la nada? Demonios... que desperdicio – reclamó el hombre mientras salía de la habitación con la niña a rastras. La puerta se cerró tras él, dejándome en la oscuridad.


**********

Glenn levantó los brazos hacia el aire y lanzó un grito, como si estuviera sumido en un gran sufrimiento, atormentado aún más a Joy, que se tapaba los oídos. No había pasado más de diez minutos, pero el cuerpo de Glenn ahora le respondía con total control, aunque de vez en cuando su cuerpo parecía reaccionar de formas adversas, haciendo que cayera al suelo, gritando con aún más dolor. Cuando esto ocurría, Glenn se afirmaba la cabeza y comenzaba a hablar en un idioma extraño, uno que Joy jamás había escuchado. Un nuevo trueno hizo temblar nuevamente las ventanas, asustando a la muchacha que no pudo contener un pequeño grito. El sonido de la lluvia volvió a inundar la habitación. Nada más fuera del feroz golpeteo del agua en el techo podía escucharse en la habitación. "No me escucho, no me escucho, no me escucho" se repetía Joy bajo su frazada, esperando que el hombre a quien tanto aprecio le había tomado no se acercara. Con un gran bramido Glenn removió la frazada sobre Joy, quien sólo atinó a correr en dirección contraria, evitando ver directamente a los ojos a Glenn. Tropezó con algo y cayó al suelo. Las pisadas de Glenn acercándose se hacían más claras, aún con el ruido de la lluvia, que en vez de amainar parecía cobrar cada vez más fuerzas. Joy trató de arrastrarse hacia adelante, buscando un refugio, un lugar donde poder estar a salvo, cuando el destello de un relámpago en el cielo se reflejó en un metal que se encontraba en el suelo, al alcancé de su mano. La Beretta.

**********

Todo había desaparecido. No sólo la luz, sino que incluso el sonido se había ido cuando la puerta se cerró dejándome atrás. Sólo podía sentir que mi cuerpo se entumía. Sí. Mi cuerpo estaba congelado. Era un dolor demasiado grande, demasiado intenso, tanto que deseaba gritar, gritar con todas mis fuerzas, pero incluso eso me había sido arrebatado, y apenas era capaz de moverme. Imágenes comenzaron a saltar en mi cabeza. Hombres vestidos de blanco rebanando mi estómago, miles de personas idénticas a mí encerradas en pequeñas jaulas, sangre lloviendo desde el cielo, y, finalmente, la niña de ojos rojos. Caí al suelo, consciente de mí mismo nuevamente, vomitando. Mi cabeza daba vueltas, demonios, decir que daba vueltas no es suficiente, pero no podría explicar claramente que ocurría, pues el mundo a mi alrededor parecía rearmarse y destruirse con cada respiro que daba, sentía agujas en mis pies y cadenas en mis brazos, sentía que algo comenzaba a fluir a través de mi cuerpo, destrozándolo todo sólo para luego ser expulsado por mi boca, y volvía a vomitar incapaz de soportar el dolor. Una voz familiar me arrebató el dolor.

– ¿Te duele algo? – levanté la vista. Estaba nuevamente en aquella habitación. Pero no era la misma. Las paredes estaban manchadas con tierra y sangre; del armario a medio abrir colgaba un brazo con la mano destrozada por mordiscos; el suelo tenía un gran charco de sangre y partes humanas; y la niña me observaba con esos vacíos pero profundos ojos rojos.

– Algo... ¿y a tí?

La niña me observó inclinando su cabeza. Bajé la cabeza de nuevo, ahogado por el dolor, mientras sentía que nuevamente era arrancado a la fuerza del mundo


**********

Glenn estaba sobre Joy, tratando de atraparla, de destrozarla, de matarla. Ella, apoyándose en el suelo, usaba sus piernas, empujando el pecho de Glenn, para evitar que sus brazos le dieran alcance. El nuevo infectado aún no era capaz de actuar con inteligencia, y a pesar de tener las piernas a su alcance, sólo estiraba las manos para atrapar el rostro de la aterrada chica bajo él. La Beretta emitió un clic. Joy apuntó a la cabeza de Glenn


**********

– ¿Te preocupas por mí? – preguntó la muchacha. Levanté la vista nuevamente. Ahora me encontraba en otro lugar, uno que jamás había visto, aunque por algún motivo me resultaba familiar. Detrás de la niña había una gran cápsula, alrededor de la cual salían muchos cables, gruesos y desordenados. Sobre la cápsula había un nombre escrito: Ellie.

– Claro – respondí. Aún que ni yo mismo sabía muy bien porque

– Eres un sujeto extraño

– Mi nombre es Glenn – le respondí estirando la mano – ¿El tuyo?

La muchacha volvió a enderezar su cabeza. Su mirada volvía a emitir aquel fuego que tanto terror me causaba, pero esta vez me sobrepuse y mantuve mi vista fija en ella, sin perderme en la profundidad de sus ojos.

– ¿Quien soy? – respondió finalmente. El fuego de sus ojos había desaparecido y sólo quedaba algo que podía identificar como... ¿soledad?... no... no sabía que era, pero el brillo de sus ojos se había perdido completamente, dándome una sensación de culpa

– Ya sé... desde hoy te llamaré Ellie – le dije. Ella clavó sus ojos en mí. Ya no sentía aquel fuego que me causaba terror ni aquella sensación de soledad, sino que solamente podía sentir fuerza. Que estúpido debe sonar, “sentir fuerza”… pero sólo así podía describir la intensidad que había en su mirada.

– Ellie – repitió como con curiosidad

– Así es... Ellie

Sentí entonces, con una fuerza que no había sentido hasta ese momento, que algo recorría mi cuerpo. Me destrozaba los nervios, devoraba mis órganos internos, destruía mis huesos, mis músculos y rápidamente subía, tratando de llevarse mi cerebro. Caí al suelo, tratando de no vomitar de nuevo. El dolor era tan fuerte que, antes de darme cuenta, me estaba dando cabezazos con el suelo. "Duele" era lo único que podía pensar, "Duele" grité con todas mis fuerzas, "Duele" me respondió una voz desde mi interior.

– Glenn – dijo la niña mientras se agachaba a mi lado, como si no estuviera segura de que ese era mi nombre. Levanté la mirada y traté de sonreírle, pero lo mejor que pude hacer fue contener un grito de dolor. Entonces ella llevó sus manos a mi cara y la levantó. Mi cuerpo nuevamente dejaba de responderme y me elevaba junto a ella. Su cuerpo comenzaba a cambiar. Su cuerpo ahora era alto y delgado, bien formado, y de un color blanco; su cabello oscuro tomaba tonalidades grises mientras caía por su espalda; su rostro se volvía el de una muchacha de 19 años; sólo sus ojos, esos ojos rojos, de un color hermoso, se mantenían sin cambio alguno. Entonces, sin ningún tipo de vacilación, me beso. Mis ojos se cerraron al instante y perdí el conocimiento.

Abrí los ojos. Frente a mí estaba Joy inconsciente en el suelo, con una herida de gravedad en el cuello. A un costado de ella estaba mi Beretta. Volteé en todas direcciones, buscando al culpable, pero todo estaba cerrado. Sólo el sonido de la lluvia azotando el techo llenaba la habitación. Tomé la Beretta, y sentí algo extraño. Mis dedos estaban manchados en sangre. Mis uñas... mis brazos... y Joy seguía desangrándose...

– Mierda...
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Elroid

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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 2:13 am

Capítulo 07: Light Head

Fue hace varios años ya cuando decidí cambiar mi nombre, aunque jamás logré hacer el trámite legal para hacerlo oficial, ya que mi madre nunca estuvo de acuerdo. Mi padre, por otro lado, siempre me apoyo en todo, haciendo lo imposible por ayudarme cuando yo estaba en problemas. Mi padre. Jamás podré olvidar su rostro serio y su corte de pelo militar, el tipo de apariencia que asustaría a un niño de 5 años, pero con un corazón grande y gentil. Mi padre...

"Shirley" es el nombre que puede encontrarse en mi cédula de identidad. Es un bonito nombre, aunque jamás sentí que fuera mío. No. No desde que mi mejor amiga me comenzara a llamar "Joy". Y menos aún luego de que ella muriera en un accidente. Mí querida Jill...

Mi madre era una mujer bastante atractiva, aunque siempre estaba ocupada. Corriendo en una dirección, gritando en otra, levantando la mano a sus hijos e ignorando a su marido. Su tan amado trabajo se volvió todo para ella, y no creo que haya notado la diferencia cuando nosotros nos fuimos. Aún así, durante los primeros días de la Infección, no podía dejar de pensar en ella. Mi padre estaba al lado mío en ese entonces. Él siempre estaba al lado mío. Y juntos sorteábamos los obstáculos de este nuevo mundo para sobrevivir, con el único deseo de volver a encontrarnos con aquella mujer a quien habíamos dejado atrás con su amado trabajo, sus carreras, sus gritos y sus golpes. Pero ella era, al fin y al cabo, mi madre.

Nos encontramos con un pequeño grupo de 3 personas. Una muchacha de mi edad, con el pelo corto y la piel morena, con un gran corte en la mejilla y ropas destrozadas de un color verde y rojo, parecía salida de una película de terror, y al mismo tiempo de una película romántica. Sus ojos melancólicos jamás abandonaban el cielo, lo que me hacía pensar que siempre mantenía su mente en otro lado. El otro de ellos era un jóven de teñida militar que tenía el pelo rubio y despeinado, y usaba lentes de sol, incluso durante la noche. Mi padre decía que era una estupidez, pero yo estaba segura de que lo hacía para ocultar sus lágrimas. Que lindo. Y el último era un hombre de más edad, con un traje de oficina y una barba recortada, el cual jamás se separaba de una escopeta a la cual llamaba "Iris". A pesar de que me parecía divertido, ni siquiera ahora puedo reírme de ello, ya que vi a "Iris" matando a tantas personas que mis ojos ya no podían soportar ver más sangre.

¿Qué ocurrió después? No. Antes de eso. Sí. Antes de eso fue cuando la vi por primera vez. Una extraña niña, de unos 12 años, rondando por la casa donde nos encontrábamos. Fue sólo algo pasajero, como una ilusión. Pero luego de eso, una hora después o quizás dos, comenzaron los gritos. No recuerdo como, pero alcanzamos a escapar a tiempo, antes de que una horda de Infectados arremetiera contra el edificio. Escuchaba los gritos y los disparos mientras nos alejábamos del lugar, y sólo podía recordar a la gente que había visto allí. Ese había sido mi hogar durante muchos años. Ahora sólo era un cementerio.

La niña. Por supuesto. A ella la volví a ver también cuando...

¿Cómo ocurrió? Creo que estábamos todos reunidos alrededor de una fogata. Sí, fue en la azotea de un edificio. Lo recuerdo pues miraba el cielo junto con la muchacha de piel morena, que se presento como Sacha. Un nombre realmente extraño. El sujeto de lentes no dio más que su inicial, "K", y presentó al sujeto del traje como Karl. No me creí ese último nombre, pero nadie dijo nada al respecto. Fue entonces cuando miré hacia otro edificio. Allí estaba la niña. No, en realidad no era ella. Sus ropas era de un color rojo y su cabello oscuro le cubría totalmente el rostro. Se volteó lentamente hacia nosotros mientras sentía mi corazón saliéndose de mi pecho, y poco a poco su piel blanca comenzaba a mostrarse entre sus cabellos negros. No podía distinguir nada a esa distancia, pero aún así la sentía demasiado cerca, como si con sólo levantar una mano esa niña pudiera ser capaz de darme alcance. Mi padre me hablo y me distraje, volteando la cabeza. Cuando volví a mirar, todo estaba demasiado oscuro y no podía distinguir nada excepto otra azotea vacía.

El día siguiente. No, no quisiera recordarlo. No. Quisiera olvidar que ese día siquiera ocurrió, quisiera pensar que todo fue una mentira y que aún estoy siendo ignorada por mi madre, que aún mi padre me consiente, que aún el sol brilla y mi corazón sigue vivo...

Pero aún si sigo rogando por ello, aún si cierro mis ojos con todas mis fuerzas, aún si llorara con todas mis fuerzas... el día que tanto deseo olvidar jamás desaparecerá...

Fue al día siguiente. Nuestro pequeño grupo avanzaba por las calles desiertas de la ciudad, evitando los cuerpos y escombros que había dejado el paso de la Infección. Sacha gritó algo inentendible, aterrada. Todos volteamos y, al igual que ella, perdimos el color del rostro. Cuatro o cinco Infectados estaban corriendo detrás nuestro, emitiendo ruidos extraños mientras corrían. Corrimos con todas nuestras fuerzas, mientras Karl apuntaba hacia atrás y derribaba con una precisión asombrosa a uno de ellos. Jamás podría reírme de Iris. Al fin y al cabo, era ella quien nos había salvado la vida tantas veces. "¡Cuidado!" gritó K. Yo me había distraído mirando el trabajo de Iris y me percaté muy tarde de un pedazo de escombro cayendo sobre mí. Mi padre me empujo, y en un intento desesperado por arrastrarlo conmigo, de alejarlo del peligro, agarré su chaqueta y tiré con fuerzas. El impacto del escombro estrellándose contra el piso fue todo lo que escuche, junto al crujir de huesos. En mis manos, la chaqueta de mi padre. Frente a mí, un charco de sangre. De pronto no veía nada, y todo a mi alrededor se nublaba. Mi cuerpo perdía fuerzas y me acercaba a él. Dios. ¿Por qué?. ¿Por qué de todos ellos tenías que matarlo a él?. Estiré la mano para tocar a mi padre. No podía estar muerto. No debía estar muerto. No. ¡No!. Pero alguien tomó mi mano y me tironeó. No podía distinguir quien había tomado mi mano, pero parecía la mano de K. De pronto escuche gemidos. ¿Mi padre?. Tironeé con fuerzas tratando de socorrer a mi padre. Él seguía vivo. Él seguía vivo demonios. ¿Por qué me siguen tirando?. ¿Por qué me alejan de él? ¿Por qué?...

Ah...

Mi cuerpo se siente extraño...

Ah, ya veo... Por eso han vuelto aquellos viejos recuerdos a mi cabeza...

Justo ahora, mientras apuntaba a Glenn con su propia arma, sentí el mismo dolor en el pecho que sentí mientras me arrastraban lejos de mi padre. Por supuesto, no pude disparar. Mis dedos se volvieron inútiles y mis piernas comenzaban a fallarme. La imagen de Glenn llorando sangre se había impregnado en mi cabeza, y aún cuando todo se veía nubloso seguía viéndolo, descontrolado e inhumano.

Mi cuerpo se siente extraño... siento que floto...

Creo que en ese momento sentí que me apretaba el cuello y perdí el conocimiento. Luego, comencé a recordar mi pasado. Jejeje. Recordar el pasado en estos momentos... casi parece una broma... que la vida pase ante tus ojos antes de morir... si, debe ser una broma, y una muy pesada...

Mi cuerpo se siente extraño... lo siento ligero, y siento agua golpeándome un brazo. Hay un ruido. Si. Es lluvia. Hace frío. Y siento que sigo moviéndome. Que algo cubre mi cabeza.

...

¿Dónde estoy?

¿Dónde?

**********

– ¿Dónde estoy? – Su voz llegó a mí como un verdadero regalo del cielo. Joy seguía viva. Pero no tenía forma de ver su rostro ni de darle la bienvenida con una gran sonrisa. La lluvia seguía cayendo con fuerza, golpeando mi rostro, como pequeñas agujas, frías y punzantes. Seguí corriendo sin preocuparme de eso. El dolor en mi cuerpo se hacía insoportable, como si aún algo estuviera merodeando por mi interior. Pero esta vez el cuerpo me respondía a mí y sólo a mí. Seguí corriendo – ¿Dónde estoy? – preguntó nuevamente, con un hilo de voz que parecía perderse bajo la lluvia

– Tranquila – respondí – pronto estarás en un lugar mejor.

Bien, al menos ella estaría en un lugar mejor. De eso estaba seguro. Sin embargo, en mi caso podría ser un poco diferente. Mis ojos divisaron entonces el letrero verde que siempre colocaban ellos antes de tomar un lugar. Un letrero verde con dos cráneos blancos en el centro y "Peace Guild" en letras blancas bajo las calaveras. Tragué algo de saliva y golpeé la puerta.

– ¿Quién es? – preguntó una voz suave. De todas las voces, la que menos habría deseado escuchar.

Demonios. De haber habido otra opción, la habría tomado. De haber estado solo, jamás habría vuelto a verla. Pero así eran las cosas, y soy un hombre. Soy un hombre. Lo soy. Un hombre de verdad.

– ¿Quién es? – pregunto nuevamente la voz.

Miré hacia abajo. El cuerpo de Joy estaba cubierto por la frazada, y se sentía extremadamente ligero. Tomé aire y coraje.

– Soy Glenn... necesito ayuda... hermana....
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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Sep 02, 2009 2:14 am

Capítulo08: Sister

La puerta se abrió lentamente, dejando pasar la fuerte luz de una linterna, encegueciéndome. La luz se mantuvo en mis ojos mientras escuchaba pasos acercándose hacia mí. Sentí entonces un golpe seco en mi cabeza. Por supuesto, no podía esperar otro tipo de recibimiento de ella, quien me golpeó dos veces más con su bastón antes de quitarme la luz del rostro. Por algún motivo, no sentí dolor mientras me golpeaba, probablemente a causa de la adrenalina que sentía mientras sostenía a Joy entre mis brazos. Cuando mi vista se aclaró, pude observarla claramente. Estaba parada con las manos en la cintura, como una madre a punto de castigar a su hijo, y con los ojos entrecerrados. Vestía aquel hábito de monja del cual estaba tan orgullosa: El traje negro tenía varios bolsillos de cuero, los cuales ella misma había cosido, y donde guardaba una serie de herramientas útiles para su "trabajo" de monja; usaba una chaqueta negra y recortada, teniendo la mitad del largo normal y con una gran cruz blanca en la espalda. Su rostro siempre me había resultado familiar, con su cabello rubio recortado y sus enormes ojos cafés. Era la misma Hermana que recordaba.

– ¿Qué quieres? – ladró. Levanté a Joy, quien aún estaba cubierta. Su rostro cambió de inmediato de bruja a santa, y se acercó a la muchacha que apenas respiraba entre mis brazos – ¡Rápido! ¡Por aquí! – gritó con gran preocupación. Sí, era la misma Hermana que recordaba.

Avanzamos rápidamente por un pasillo lleno de papeles y escombros, hasta llegar a una sección con varias habitaciones. A simple vista podía decir que ése lugar fue, en otro tiempo, algún tipo de clínica. Podía ver personas en cada habitación, las cuales estaban heridas o simplemente agotadas, reuniéndose alrededor de alguna luz. Llegamos hasta la última habitación, al final del pasillo. Ésta era diferente a las otras, y parecía estar preparada para situaciones médicas, con una cama limpia, una serie de utensilios de primeros auxilios sobre mesas metálicas, varios estantes repletos de medicamentos y más utensilios, un lavabo de manos, una estufa a gas y varias linternas de LED. Ella apuntó hacia la cama mientras se limpiaba las manos y preparaba gasas. Yo recosté a Joy donde la hermana me señaló, tratando de no moverla demasiado.

– ¡Emma! ¡Laurie! – gritó la hermana. La expresión de su rostro era seria mientras examinaba las heridas, retirando lentamente la frazada. Eran momentos críticos. Mi corazón latía con fuerza, el calor desaparecía de mi rostro y sentía que la imagen frente a mí se alejaba con cada latido. Esperaba algún comentario de la hermana, algo como “no te preocupes” o “haré todo lo que esté en mi alcance”. Pero en vez de ello, la hermana me miró fieramente y levantó la mano, apuntando hacia la puerta – ¡Fuera!

Di un paso hacia atrás, atónito. Sentí entonces unas manos frías rodeando mi brazo y jalándome hacia la salida, mientras una muchacha pelo largo y rojizo pasaba por mi lado y comenzaba a sacar algunos medicamentos de los estantes. Cuando estuve afuera, la muchacha que me había arrastrado se llevo el dedo a la boca, pidiendo silencio. Era una muchacha de la edad de Joy, con el cabello rubio y unos preciosos ojos azules, aunque con parte del rostro quemado y una expresión triste. La puerta se cerró tras ella.

– Así que volviste – dijo un hombre riendo mientras colocaba su mano sobre mi hombro. Era Steven – Como podrás ver, la hermana no ha cambiado en nada.

– Sí… eso… veo… – de pronto mi cabeza se nublaba y todo se volvía negro. La adrenalina había abandonado mi cuerpo y ahora tan sólo quedaba la fatiga. Antes de poder decir o siquiera pensar algo más, mi cuerpo se desplomaba y perdía el conocimiento.

¿Cuánto tiempo había estado corriendo? ¿Cuántas veces sentí que el mundo daba vueltas? No estaba seguro, pero sí sabía una cosa. Mientras cargaba a Joy, mientras su vida pendía de un hilo, mientras la lluvia seguía golpeando mi rostro, sólo podía seguir corriendo.

Abrí los ojos. Me tomó un instante reconocer la habitación donde me encontraba, con sus paredes blancas, su armario abierto y su puerta metálica. El aire se sentía viciado, como si nadie hubiese puesto un pie en ese lugar durante semanas. Me senté con cierta dificultad, adolorido, y observé mi mano. Estaba cubierta de sangre. Levanté la vista. Joy estaba allí, llorando y pidiendo ayuda, mientras trataba de huir. Mi cuerpo comenzó a moverse solo. Comencé a gritar, tratando de detenerme, tratando con todas mis fuerzas de volver a controlar mi cuerpo. Pero no podía. Mis brazos se levantaron en el aire y cayeron sobre ella, golpeándola en la cabeza, arrojándola por el suelo, una y otra vez, y otra vez, y otra vez. Los gritos y llantos me torturaban mientras mi cuerpo seguía moviéndose por su propia voluntad. Mi mano agarró su garganta y la levantó en el aire. Se estaba ahogando. La estaba ahogando. Yo la estaba ahogando. No. No. ¡No!

– ¡No!

– ¿Qué ocurre? – preguntó asustado Steven. Me senté en la cama y miré en todas direcciones. Estaba en una habitación iluminada por una vela, dejando ver unas sillas desparramadas y una cama con manchas de sangre en el otro extremo. Steven estaba sentado en una silla cerca de mi cama, con un libro en la mano.

– Un… una pesadilla.

– ¿Un vaso con agua? – dijo Steven mientras se reclinaba en el asiento.

– Sí, por favor.

Steven salió de la habitación dejando el libro sobre la cama y cerrando la puerta. Su rostro tenía una gran cicatriz cruzándole el rostro, producto de una del ataque de una persona infectada – su esposa – durante la Primera Ola de Infección. Sus vestimentas eran siempre desordenadas, pues él usaba lo que encontraba a mano, y no se preocupaba por su apariencia. Él había sido el primero que se unió a la Peace Guild y, por algún motivo que jamás me reveló, siempre había sido el más entusiasta a la hora de ayudar gente.

– ¡Laurie, apúrate! – gritó una muchacha desde una habitación cercana. En ese momento lo recordé todo, como si acabara de despertar. “Joy” pensaba mientras trataba de levantarme, cuando noté que mis piernas estaban demasiado adoloridas como para moverme. Sentí entonces el sonido de pasos y una puerta cerrándose. No sabía que hacían, pero fuese lo que fuese, aún no habían terminado.

Suspiré, agotado. Desde que el infierno de la Infección había comenzado, todo había sido correr de un lado a otro. Tomé el cojín y traté de acomodarlo cuando escuché que la puerta se abría. Volteé. Pero la puerta seguía cerrada. Por supuesto, habían muchas más habitaciones en el lugar, por lo que no le presté mayor atención mientras volvía a acomodar la almohada. De pronto escuché pisadas viniendo desde la puerta. Era el sonido de alguien caminando descalzo. Un viento frío recorrió mi espalda, trayendo consigo un murmullo. Sentí entonces que la puerta se cerraba de golpe y volteé alertado. Pero no había nadie ni nada, y la puerta seguía tal cual. El sonido de las pisadas, sin embargo, continuaba, como si alguien estuviese caminando alrededor de la pieza. Miré en todas direcciones, buscando la fuente. El murmullo se hacía más fuerte, y más aterrador, a medida que la habitación parecía volverse más fría. Algo cayó en mi cara, algo líquido y tibio. Llevé mi mano al rostro. Sangre. Levanté la vista, aterrado. Desde el techo se asomaba la parte de superior del cuerpo de un niño, que estiraba su mano hacia mí. La sección desde donde salía su cuerpo estaba cubierta de sangre, la cual se esparcía por el resto del techo y caía sobre mí, como gotas de lluvia. Su cara. Dios. Su cara no tenía rostro. Y el murmullo, como si muchas voces tratasen de hacerse escuchar, se acabo en un instante, convergiéndose en una sola frase: “Tengo miedo”

– ¿Glenn?

– ¡Ah! – grité. Bajé la vista. Steven se encontraba sentado en la silla al lado de la cama, y tenía un vaso de agua en la mano. Levanté la vista. El techo estaba intacto.

– ¿Te sientes bien?

– Sí… sí… es sólo que no he dormido muy bien estos últimos días

– Jejeje. No te preocupes. Todos hemos pasado por lo mismo – rió más relajado mientras estiraba el vaso con agua – La muchacha que llegó. ¿Tu novia?

– No.

– Vamos, que al menos podrías haber pensado un poco antes de responder. Entonces, ¿quién es?

– ¿Quién es? – posé mi vista sobre el vaso con agua. ¿Quién era ella? No conocía nada de ella, excepto por su nombre, que estuvo a punto de ser asesinada por el Obeso y que no estaba infectada. Tampoco es que quisiera saber mucho más. Pero extrañamente le había agarrado bastante aprecio– Ella es… Joy

– ¿Sólo eso? – preguntó decepcionado Steven. Era el tipo de persona que disfrutaba una buena historia.

– Más importante aún… ¿cómo está ella?

– Aún no he sabido nada – respondió con un tono más serio – Por ahora sólo podemos esperar – Luego de un minuto de silencio, Steven abrió el libro y comenzó a leer nuevamente. Yo me recosté en la cama. Al cabo de unos minutos volví a dormirme. Por supuesto, mis sueños estuvieron plagados de pesadillas.
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MensajeTema: Re: [Infección]   Sáb Sep 05, 2009 12:48 am

NOOOOOOOOOOOOOOO

D:
siguela xD

_________________
caminante no hay camino... se hace camino al andar


el dragon la vio...
la miro

y solo le dijo..

te prometo mi vida entera al compas de los vientos
y en la sinfonia de un violin

te prometo mi vida entera
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MensajeTema: Re: [Infección]   Sáb Sep 05, 2009 3:28 am

Capítulo09: Dream State

Desperté con una molesta sensación de calor en mi rostro. Un haz de luz atravesaba las tablas que cubrían la ventana, dándome de lleno en los ojos. La habitación, que antes había estado sumida en la oscuridad, ahora se podía apreciar claramente. La cama sin sábanas donde había pasado la noche era tan sólo un colchón sobre un armatoste metálico. Las paredes aún conservaban su papel tapiz de un color simple y acogedor, aunque en varias secciones se veía roto o con manchas negras. Al otro extremo de la habitación estaban la cama y sillas que había visto antes, con la tenue luz de la vela. Las sillas parecían estar amontonadas alrededor de la cama, la cual tenía tanto su colchón como sábanas manchadas con sangre. Sobre la cama había algunas cuerdas desparramadas, gruesas y algo gastadas. En el suelo podían ver muchas hojas desparramadas, algunas de las cuales parecían haber sido arrancadas de libros (Bestiario, Biología I, incluso algunas de la Biblia), y otras que se veían garabateadas con números, dibujo y letras. Me incorporé, un poco aturdido, cuando vi que la silla al lado de la cama, donde antes había estado leyendo Steven, tenía un vaso de agua y un sobre. El sobre llevaba mi nombre escrito. Abrí el sobre, sin poder aguantar la curiosidad, y en su interior encontré un papel doblado y una pastilla de color blanco. ¿Drogas? Jamás me había gustado la idea de meter elementos extraños al cuerpo, e incluso durante los resfriados hacía todo lo posible por recuperarme sin recurrir a esas cosas extrañas. De todas maneras revisé el papel.

"Tómalo y duerme. O te haré sufrir"

Aunque no conocía la letra, al leerlo, sólo podía pensar en la Hermana. "No me gusta sufrir, pero ella no tiene que saber que no lo tomé" pensaba mientras guardaba la pastilla en el bolsillo y sorbía un poco de agua. Me levanté y me acerqué hacia la puerta, cuando escuché pisadas y gruñidos. La luz que entraba por la ventana desapareció intermitentemente, mientras personas afuera pasaban corriendo, obstruyendo el paso de la luz. Era de día, y por algún motivo me había despertado antes del anochecer. Mientras el sol estaba en el cielo, “ellos” se movían en todas direcciones mientras que nosotros, la población sana que aún quedaba con vida, nos ocultábamos en edificios. Esperé hasta que el sonido de las pisadas se alejaran, e incluso más, temeroso de que alguno se hubiese quedado cerca. Es horrible, realmente horrible cuando uno está atento con todos sus sentidos a lo que le rodea. Como si los cinco sentidos fueran demasiado para el cerebro, el tiempo parece detenerse, los segundos se vuelven horas y cada movimiento, cada pequeño sonido se vuelve un estruendo. Y así me mantuve esperando, por lo que pareció una verdadera eternidad, hasta que estaba completamente seguro de que no había más peligro, y suspiré aliviado mientras suavemente abría la puerta. El pasillo era bastante extenso, y la luz que se filtraba por la ventana que se encontraba en uno de sus extremos, entablada al igual que la de mi habitación, generaba un ambiente realmente tétrico. En el suelo, a lo largo de todo el pasillo, había una alfombra verde oscuro, con rombos simétricamente ordenados, sobreponiéndose unos a otros. El resto de las puertas estaban cerradas, dando la sensación de que nadie había puesto pie en ese lugar durante semanas. Cerré mi puerta con el mismo cuidado con el que la abrí. Me fijé que había un número en cada puerta, siendo la mía la 13. Menuda suerte.

Al cerrar la puerta, el pasillo quedó en penumbra, iluminado solamente por la luz que entraba por un extremo del pasillo y la que, tímidamente, entraba por la parte inferior de las habitaciones. Esperé a que mi vista se acoplara a la oscuridad cuando, lentamente, comencé a reconocer el lugar. Por el pasillo, en el extremo opuesto de donde se encontraba la ventana, estaba la habitación donde la Hermana había atendido a Joy. Lentamente comencé a avanzar hasta ese extremo, poniendo un pie frente al otro cuidadosamente. Mis sueños habían sido horribles y, por ello, sentía cierto temor a la oscuridad. A ratos podía ver, por el rabillo del ojo, como algo se movía a mis espaldas. Sentía que las paredes mismas tomaban la forma de rostros gritando, y que trataban de devorarme cada vez que les daba la espalda. Que aquella secciones donde la oscuridad era absoluta había algo esperando, pacientemente, a que estuviera a su alcance. Y más de una vez sentí unas manos frías acercándose hacia mí. Trague saliva y seguí despacio, un paso a la vez, avanzando hasta la puerta detrás de la cual esperaba encontrar a Joy. Mi mano tocó el picaporte de la puerta. La alegría por haber logrado llegar sin encontrar a ninguna de las criaturas que habían acechado mis sueños era tanta que no pude evitar sonreír mientras abría la puerta.

La habitación estaba totalmente sumida en la oscuridad. Si había alguna ventana en ese lugar, estaba muy bien cubierta. Avancé con cuidado, haciendo memoria del lugar donde se encontraba la cama. Sin embargo, al verme rodeado de tinieblas, mi cuerpo se congeló. No era posible para mi seguir avanzando; no sin una luz que me guiase o me diese, al menos, confianza para avanzar. En la oscuridad total, donde ya no existen sombras, la imaginación se vuelve más salvaje y tenebrosa. Traté de avanzar nuevamente, pero algo en mi interior me advertía que frente a mí había una persona con un cuchillo en el aire, esperando mi siguiente movimiento. Intenté de hablar, intenté parpadear, incluso intenté parpadear, pero tenía la horrible sensación de que cualquier cosa que hiciera significaría mi muerte. Antes de que pudiera evitarlo, estaba retrocediendo hasta el pasillo, sin dejar de mirar hacia el interior. Esperaba escuchar la voz de Joy, o quizás un haz de luz entrando al lugar, algo que me diera la fuerza para sobreponerme a las sombras. Pero dentro de esa habitación sólo había sombras y, sintiendo cierto remordimiento, cerré la puerta.

De pronto escuché el ruido de pisadas y gruñidos que provenía del exterior. Estaba seguro de que “ellos” no sabían de nuestro refugio, y que tan solo corrían en círculos, sin saber que dirección tomar para conseguir alimento. Pero la inseguridad, como una gota de agua, caía en mi mente, creando desastrosas ondas que perturbaban y destruían mi confianza. Decidí devolverme a mi habitación, donde al menos podía intentar dormir. El número 13 me dio la bienvenida mientras me colocaba frente a la habitación. El destino debe adorar las bromas, y más aún cuando soy yo quien las recibe. Abrí la puerta con cierto cuidado, poniendo todo mi esfuerzo en evitar cualquier ruido.

– Glenn

Mis brazos se congelaron en el acto, mientras un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Lentamente levanté la vista. Dentro de la habitación, parado sobre la cama rodeada de sillas, estaba la silueta de un niño. La luz que entraba por la ventana no me permitía distinguir la figura, pero rápidamente mis ojos se adaptaron. Unos ojos rojos me observaban fijamente, mientras yo, suspirando, entraba despacio a la habitación. Ellie se encontraba allí, vestida con su traje de hospital y ladeando suavemente su cabeza. Cerré la puerta y me senté en mi cama, algo desconcertado. ¿Otra vez soñando? Miré la silla en donde se encontraba el vaso con agua y el sobre. Puse la mano sobre mi bolsillo, pero la pastilla seguía ahí.

– Glenn – repitió Ellie mientras avanzaba despreocupadamente hacia mí. Sus pies parecían flotar, e incluso al caminar sobre las sillas, estas no emitían ruido alguno. La seguí observando, como hipnotizado por aquello que no lograba comprender, una mezcla de curiosidad y miedo que me envolvía cada vez que entraba en contacto con ella. En ese momento noté que también estaba sonriendo. Je. Además de tenerle miedo, parecía ser que también le había tomado cierto aprecio.

– Ellie – respondí cuando ella estuvo finalmente frente a mí. Al escuchar su nombre, en sus ojos, rojos y profundos, noté algo que sólo pude reconocer como emoción, aunque su rostro se veía indiferente. Su rostro siempre permanecía indiferente. Tomé un poco de aire antes de continuar. – Esto es… ¿un sueño?

– ¿Un sueño?

– Sí, igual que la última vez, un sueño – Ellie levantó la vista, como si estuviera buscando la respuesta en el techo.

– ¿Cómo sabes cuando estas soñando? – Su pregunta me dejó helado. Aún si ella fuera una niña normal, y el mundo fuera lo que era antes de la Infección, no habría sabido como responderle. Me rasqué la cabeza, tratando de pensar en alguna respuesta, mientras ella me seguía observando casi sin pestañar.

– Uno no sabe que esta soñando hasta que despierta – comencé a explicar – Pero mientras uno sueña, uno no se da cuenta de que está soñando, pues es… como… otro mundo. Sí. Justamente, cuando uno sueña, tu mente te lleva a otro mundo – Fue justo después de decirlo que noté la simpleza de mis palabras, una simplicidad digna de un niño de 10 años. Me sentí algo avergonzado y traté de cambiar mi respuesta, cuando ella me interrumpió.

– Ya veo – respondió Ellie. ¿Realmente había entendido? Mejor dicho, ¿qué fue lo que había entendido? – No – dijo de pronto.

– ¿No?

– No – respondió seriamente.

– ¿No… qué? – tuve que aclarar.

– No estás soñando

Era la respuesta que menos deseaba oír. El mundo que uno ve durante los sueños puede ser horrible y terrorífico, pero sigue siendo un mudo ficticio, ¿cierto? Ellie era un personaje ficticio de mis sueños. Si realmente no estuviese soñando, significaría que ella, quien pertenecía a mis sueños, había tomado forma en el mundo real. Metí mi mano al bolsillo. La pastilla seguía allí.

– Bien. ¿Cómo puedes demostrarlo? – le pregunté con nervios

Ellie entonces se acercó a mí y levantó mi mano, poniéndola entre las suyas. Apreté los dientes al sentir un pinchazo. El mundo perdió su color en ese momento, de la misma manera que había ocurrido antes, durante el sueño. Sin embargo, esta vez había algo distinto. No podía asegurar que era, ni por qué lo sentía así, pero sabía que algo era diferente, y esa sensación me aterraba.

– Si esto fuera un sueño…

Las manos de Ellie se separaron de la mía, permitiéndome ver como de mi mano comenzaba a salir un hilo de sangre, elevándose hasta estar a la altura de mi rostro. Mi cuerpo entonces comenzó a arder, y todo mi brazo parecía ser atravesado por agujas. El hilo de sangre comenzaba a tomar forma mientras sentía que en mi interior algo comenzaba a avanzar, desde mi estómago, devorando todo a su paso mientras se dirigía hasta mi mano. El dolor se hizo demasiado y no pude evitar gritar. Pero mi voz se había apagado. Incluso gritando a todo pulmón, ningún sonido salía de mi boca.

–…entonces él no podría estar aquí…

Fue cuando llegó a mi mano que el dolor en todo mi cuerpo se detuvo. Levanté la vista. La sangre frente a mí había tomado la forma de una cabeza, una cabeza sin rostro. Ellie, como si aquello que salía de mi mano fuera algo normal, mantenía su rostro indiferente mientras me observaba fijamente. Entonces, una idea que me causo terror pasó por mi cabeza: ¿Ella me estaba estudiando? Abrí la boca para preguntarle, cuando el dolor volvió, más fuerte que nunca, concentrándose únicamente en mi mano. Grité a todo pulmón hasta que mi garganta comenzó a doler, pero incluso entonces no podía emitir ningún ruido. Desde cada pequeño poro de mi mano comenzó a salir sangre, viajando hasta la cabeza que se había formado frente a mí. Lentamente comenzó a formarse un cuello, un torso y dos brazos.

–…porque él pertenece a tú mundo.

La mirada de Ellie cambió de dirección, mirando a la criatura frente a mí. Lentamente sus brazos comenzaron a moverse, y movía la cabeza de lado a lado, como si explorara el área, aún cuando no tenía ojos. El dolor se detuvo lentamente, hasta el punto en el que tan solo quedaba la débil sensación de una aguja atravesándome la mano. Observé atentamente a la criatura nacida de mi propia sangre. La sangre no cesaba de moverse, pero tampoco caía al suelo, contenida en el cuerpo de la criatura, que tenía el aspecto de un niño. Fue en ese momento en el que lo reconocí. Lo había visto antes de dormir, y también lo había visto en cada una de las pesadillas que tuve mientras dormía. Entonces la figura volteó hacía mí, observándome con su rostro vacío. Sus manos se estiraron hacia mi cuello, y con gran fuerza comenzaron a ahorcarme. En mi cabeza surgieron muchas voces, casi todos susurros, y que parecían pertenecer a la misma persona. No podía mover los brazos ni tampoco podía respirar; mis pulmones comenzaron a doler como si se estuvieran hinchando, a punto de explotar, mientras trataba de llenarlos nuevamente con aire. El mundo daba vueltas, las voces se volvían más fuertes, y sentía que mi corazón latía con demasiada fuerza. Sentí entonces las manos frías de Ellie tomando mi mano nuevamente. La criatura comenzó a perder fuerzas, permitiendo respirar nuevamente. Los susurros en mi cabeza, sin embargo, se volvían más fuertes.

– ¿Quién es él? – pregunté sin voz. Recordé entonces que no podía emitir ruido alguno.

– ¿No lo conoces? – preguntó Ellie. Por algún motivo ella era capaz de escucharme. No. Más importante que eso, ella incluso era capaz de hablar. ¿Cómo podía decir que éste era el mundo real bajo estas circunstancias?

– ¿Debería conocerlo? – pregunté mientras trataba de alejar los susurros de mi cabeza moviéndola de un lado a otro.

– Sí… – Ellie levantó la mano hasta tocar el líquido rojo que aún flotaba frente a mí. La sangre entonces comenzó a devolverse con gran fuerza por donde mismo había salido. Nuevamente fui incapaz de contener el grito, mientras sentía que mis venas se llenaban de “eso”, y se esparcían por todo mi cuerpo, devorando, destruyendo, y finalmente asimilándose a mis propios órganos. Esta sola idea me basto para querer vomitar, imaginando que aquello, ese niño sin rostro, de hecho vivía en mí. Los susurros desaparecieron lentamente, y mi cuerpo comenzó a perder energías. La habitación comenzó a adoptar nuevamente sus colores y el sonido de mi respiración agitada se hizo audible. Sentí que salía de mi cuerpo, que mi mente lentamente se desconectaba y que pronto perdería el conocimiento –…después de todo… él también es Glenn…

Cuando abrí los ojos nuevamente, era de noche y Steven leía otro libro, sentado en la misma silla y posición que había usado antes. Cuando notó que me había despertado, desvió su atención del libro para observarme. Su mirada era, como siempre, comprensiva. Él había cuidado mucho de mí cuando llegué por primera vez a aquel lugar, supuestamente porque le recordaba a él mismo cuando joven. Traté de sentarme en la cama, mirando en todas direcciones.

– ¿Ocurre algo? – preguntó Steven

– Nada… sólo… soñé nuevamente con ella – respondí mientras observaba mi mano. Ésta estaba, por supuesto, intacta.

– ¿Ella? – preguntó Steven con una gran sonrisa.

– No te hagas ilusiones. Fue una pesadilla.

– ¿Pesadilla? Jajajaja – rió. Lo golpeé en el hombro para que guardara silencio. Después de todo, aún si era de noche, seguía siendo peligroso. Steven se calló de inmediato, aunque seguía sonriendo – De todas formas, la Hermana quiere verte. Será mejor que te apures. Está en la habitación donde atendieron a tu amiga.

Me levanté sin ganas mientras Steven se retiraba de la habitación. Al llegar a la puerta, antes de salir, volteé para mirar la cama donde había visto aparecer a Ellie durante la pesadilla. Por algún motivo, se había sentido demasiado real, y eso me daba aún más miedo. Al cerrar la puerta, sentí algo en el bolsillo. Metí mi mano para revisar que era. Entre mis dedos pude reconocer claramente la pastilla.


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Ah~~

Acabo de terminar de escribir este capítulo xD

Opiniones y comentarios aceptados o.o
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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Sep 06, 2009 12:55 am

insisto eberias seguirla :O
esta buena y tengo gans de banear :O

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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Sep 07, 2009 1:51 am

Demonios xD
Ahora estoy amenazado para seguir escribiendo xD

Pero antes que eso... a estudiar que tengo prueba T___T !!
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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Sep 07, 2009 5:45 pm

ja:sucks:

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MensajeTema: Re: [Infección]   Jue Sep 10, 2009 10:54 pm

Capítulo_10: Command_Center

Steven se detuvo al lado de una puerta de madera, la cual parecía llevar a la habitación más amplia de todo el lugar. Nos encontrábamos en un segundo piso, al cual se llegaba a través de unas angostas escaleras – increíblemente me había dormido en el primer piso; realmente estaba tan agotado que no lo había notado – llevando hasta un pasillo angosto, con varias ventanas sin entablar a través de las cuales entraba escasamente la luz de la luna, que estaba cubierta por algunas amenazadoras nubes oscuras. Me paré frente a la única puerta en el pasillo, algo nervioso, imaginando que al otro lado se encontraría la Hermana. Steven puso su mano en mi hombro, como si quisiera darme ánimos, aunque en realidad sabía que sólo deseaba verme sufrir a manos de la Hermana. Desde el principio siempre habíamos parecido algún tipo de dúo cómico: cada vez que decía algo que le molestaba, recibía un golpe. Una niña malcriada. Sí. No entiendo aún como una persona así puede llegar a volverse monja. Infantil y poco tolerante... Respiré hondo y dejé escapar un suspiro. La puerta crujió mientras se abría, dejando salir luz… la habitación estaba iluminada con luz artificial. Entré rápidamente, buscando la fuente de luz en todas direcciones. Al centro de la habitación se encontraba una gran caja de color gris, con varias puertas y cinco ampolletas de alto rendimiento colocadas en sus extremos y centro. Era un MicroStand, un producto de Armand&Son•Technology, A•Tech, cuya duración era, de acuerdo al catálogo, de un mes funcionando sin interrupciones, con un sistema almacenamiento, de refrigeración, de iluminación y, en las versiones más modernas, de calefacción; el producto perfecto para cualquier salida a acampar. El problema era que, su precio era tan alto que, a pesar de siempre haber querido uno, jamás lo había conseguido. Prácticamente me arrojé sobre el MicroStand, agachándome para abrirlo, cuando sentí que alguien se paraba detrás de mí.

Buenos días, Sargento – al voltear, aún hincado en el suelo, me encontré con aquel hábito de monja que no deseaba encontrar.

Hermana – respondí instintivamente. Me arrepentí unos segundos después cuando la hermana me daba un fuerte coscorrón en la cabeza. ¡Demonios, no entiendo a esta mujer! Desde la puerta podía escuchar como Steven trataba de contener la risa. Entonces ella apuntó con su dedo una insignia con varias estrellas que llevaba en las ropas. Me levanté mientras suspiraba al entenderle el juego.

Buenos días, Sargento – repitió la Hermana.

Buenos días, General – respondí con tono firme.

Reporte de la situación – ¿Un reporte? ¿Cómo se supone que haga eso…?

Bien… he traído a una muchacha herida de gravedad… y he encontrado… peligro… afuera… – En el Ejército me habrían castigado por un informe así.

Perfecto – Por supuesto, la Hermana no tenía ni idea de cómo era el Ejército – Bien, ahora quiero que me diga, Sargento, ¿Por qué demonios te has escapado dejando una simple y estúpida nota de “Gracias”?

La Hermana caminó hasta ponerse a escasos centímetros mío, mirándome de frente con el ceño fruncido. Rápidamente tomé distancia y voltee la cabeza, evitando mirarla de frente. Sí, es cierto. Cuatro noches atrás había abandonado la Peace Guild. No, no lo hice por miedo a la Hermana, a quien a pesar de todo realmente aprecio. Ni tampoco lo hice para sentirme un héroe solitario, sobreviviendo por mi cuenta en éste infierno. Aquella noche, mientras la luna llena iluminaba la calle y un viento cálido se levantaba, abandone la Peace Guild para conseguir algo que no podría haber conseguido, irónicamente, junto a la monja: Paz. Luego de todo lo que había vivido, luego de todo lo que había tenido que ver, escuchar y sentir… luego de perderlo a él… necesitaba enfriar mi cabeza, encontrarme a mí mismo para poder seguir adelante. Ja. Quién pensaría que, en vez de encontrarme, terminaría encontrando a Joy. Y de alguna manera, encontrarla a ella me había ayudado a encontrar aquello que había perdido junto a Matt… el deseo de proteger algo… a alguien...

¿No respondes? – El ceño fruncido de la Hermana desapareció, dando paso a una mirada comprensiva – Y luego de estar solo un tiempo, ¿has logrado calmarte? – Diablos… realmente no entiendo a esta mujer. Cuando había imaginado la reacción que la Hermana tendría al verme regresar, habría esperado de todo: golpes, castigos, insultos. Bajé la cabeza, con un sentimiento mezclado de culpa y alegría.

Sí…

¡Perfecto! Entonces es hora de comenzar la reunión. ¡Teniente, explique la situación!

Sí señor – Respondió Steven. La Hermana volteó rápidamente – ¡Señora! – corrigió Steven aún más rápido.

El grandulón avanzó hasta el MicroStand. Abrió una de las puertas, sacando una serie de papeles. Fue entonces cuando tuve tiempo para observar el resto de la habitación. Tal como lo había imaginado, era más grande que el resto de las habitaciones, siendo más del doble de ancho. Las paredes estaban decoradas con diplomas, fotos y algunas pinturas, entre las cuales había una hermosa puesta de sol en el océano, que tomaba tonalidades rojas mezcladas con un profundo azul. En el centro estaba el MicroStand, al lado del cual estaba la Hermana observando impacientemente mientras Steven cargaba las hojas hasta una mesa larga y de madera, la cual se encontraba a mi izquierda. A mi derecha había un escritorio de madera en L, delante de la cual, en el suelo, había una pantalla de computador destrozada. Busqué con la vista la silla que debía pertenecer al escritorio, y lo encontré al lado de la Hermana, quien ahora se estaba sentando en la posición de comensal de la mesa. La habitación no tenía ninguna ventana, a excepción de una que tenía las cortinas, de color azul, cerradas; tenía además dos puertas en el extremo derecho e izquierdo. Steven fue a esta última luego de haber dejado los papeles en la mesa. La Hermana se aclaró la garganta, captando mi atención.

Sargento, revise eso por favor – dijo la Hermana mientras levantaba las hojas y me las acercaba. Tomé las hojas para revisarlas, pero la Hermana no las soltaba. Ah...por supuesto…

Sí, General – respondí, complaciendo así a la Hermana, quien soltó con una sonrisa las hojas. Steven llegó entonces, con un par de sillas que había traído, según pude deducir, de la habitación al extremo izquierdo. Tomé asiento mientras revisaba las hojas – ¿Y esto?

Es la información que hemos recolectado con Red Cross y la ayuda de Hawkeye – respondió Steven mientras sacaba más hojas del MicroStand.

Hawkeye es el único explorador de la Peace Guild. Un muchacho de unos 17 años, atlético y astuto, que se había ofrecido voluntariamente para explorar el territorio en busca de recursos o peligros. El nombre de Hawkeye era Danny, y acostumbraba a vestir sólo una polera, usualmente gris, y unos pantalones militares de colores verdes oscuros y claros. Él es posiblemente la única persona que entiende inmediatamente los cambios de humor de la Hermana. Él y su gemela, Azalie. Otra de las funciones que cumplía el buen Hawkeye era traer y llevar la información que compartíamos con los pocos aliados que habíamos encontrado.

Por otro lado, aparte de la Peace Guild existen tres grupos más; al menos de los que yo tengo conocimiento. Entre ellos, la Red Cross es la única con la cual se ha podido establecer una especie de acuerdo de mutua cooperación, y es el grupo al cual llamamos, con cierto recelo, “aliado”. La Green Hope, un grupo un tanto elitista y que imparte una religión extraña, haciéndoles parece más una secta, ha accedido a compartir información, herramientas o provisiones, siempre que se hiciera un intercambio equivalente y no invadiéramos su territorio. Por último, Saints es un grupo bélico, que tuvo la suerte de encontrar una bodega llena de armamento y municiones. Por algún motivo esto les hizo pensar que eran superiores al resto de los humanos y varias veces han intentado apropiarse de lo que le pertenece al resto de los grupos. Por suerte, la vida adora gastar bromas pesadas, y cada vez que han intentado entrar a alguno de los territorios, se han encontrado con algún grupo grande de Infectados, proporcionándoles suficientes problemas como para quitarles aquella estúpida sed de poder.

Levanté un poco más las hojas para examinarlas mejor. Eran dibujos, bocetos de criaturas que parecían salidas de alguna película, con varias anotaciones acerca de comportamiento, dieta y características; aunque la mayor parte de los dibujos no tenían más que un par de palabras, una fecha y quien lo había visto o descrito. Normalmente me habría reído, pensando que era algún tipo de broma, que algún demente había comenzado a alucinar mientras veía las hordas de Infectados avanzar. Pero una de las hojas tenía el boceto de un ser grande, redondo y con un gran corte en el centro de su gran estómago. Era un dibujo del Obeso.

Vaya… pensé que te reirías – comentó la Hermana mientras se apoyaba en la mesa, observándome como si se hubiera decepcionado de mi actitud seria. – Vamos, no te lo tomes tan en serio. Probablemente fue simplemente alguien que ha comenzado a sufrir alucinaciones mientras veía a grandes grupos de Infectados.

Este… a este ya lo he visto… – El rostro de Steven y la Hermana cambió totalmente. Claramente me habían mostrado estos dibujos como algún tipo de broma, y la información que realmente consideraban importante era la que Steven acababa de sacar del MicroStand. Ninguno de los dos se había imaginado que lo que la RedCross les había enviado fuera real.

¿Qué… qué quieres decir? – preguntó Steven sonriendo medio nervioso – No hagas bromas así… – levanté la vista para mirarlo directamente a los ojos. Yo no bromearía con algo así, y él lo sabía. – ¿Cuándo? ¿Cómo?

¿Dónde? – agregó la Hermana, bastante seria y calmada. A pesar de ser una persona infantil, había logrado que la Peace Guild siguiese unida y viva. Sería estúpido pensar que una persona incapaz lograría tales logros.

No recuerdo exactamente la ubicación, pues cuando he corrido hasta este lugar, lo he hecho sin pensar demasiado. Pero si consiguen un plano del lugar puedo dar una información más detallada

La Hermana miró a Steven, quien respondió con un gesto, dejando las hojas que había tomado en la mesa. Mientras él corría hasta el otro extremo de la habitación, hasta la puerta derecha, la Hermana tomaba nuevamente las hojas y comenzaba a revisarlas, con una mirada seria. De un momento a otro, el ambiente en la habitación se había vuelto uno en el que realmente me sentía a gusto: El ambiente de un centro de comando. Me levanté y tomé las hojas que había dejado Steven para revisarlas. Estaban detallados los últimos movimientos de Saints, como también los últimos puntos donde había ocurrido actividad de Infectados. Un apartado interesante captó mi atención:

“En las últimas 32 horas no se han detectado ni informado de nuevas Infecciones. Es posible que el virus haya perdido efecto, o que todos los que hayan sobrevivido sean inmunes. –Doctora Creed. Red Cross”

¿Quién es Creed?

Al parecer algún tipo de científico loco – rió Steven, que volvía con varios papeles envueltos – No manejamos mucha información, pues no es de nuestra incumbencia. Ya sabes. No inmiscuirse en la vida de otros…

Sí. Lo sé – Era uno de los requisitos que había impuesto la Hermana para poder entrar a la Peace Guild. Jamás dio una razón clara, aunque dio resultados, ya que al pasar el tiempo el grupo se había vuelto bastante unido. Probablemente si conociéramos el pasado de la persona a nuestro lado, olvidaríamos lo que realmente importaba: la persona a nuestro lado. Protegernos los unos a los otros por lo que éramos, y no por lo que nos hizo así.

Glenn – dijo la hermana mientras me pasaba un estuche con marcadores. Steven estiró en la mesa un plano de la ciudad y, sobre éste, un papel transparente. Al lado de éste habían, enrollados, otros dos planos y varios de estos papeles transparentes, algunos de los cuales habían ya sido utilizados. Realmente se sentía como un centro de comando, y no pude evitar sentir emoción. En estos momentos podía demostrar porque había sido el mejor recluta de mi generación y el único en salir con tantos reconocimientos.

Veamos… – dije mientras habría el estuche, sacando un lápiz azul y uno rojo. Destapé el rojo. En el plano estaba marcada la posición de éste lugar con un círculo dentro del cual se leía PG. Pasé mi vista rápidamente por la zona alrededor del círculo, y comencé a encontrar aquellos puntos familiares: Supermercados, avenidas, plazas… Finalmente mis ojos se posaron sobre el edificio desde donde, apenas la noche anterior, había salido corriendo. – Aquí encontré al Obeso – dije mientras marcaba con el lápiz rojo. Tomé el azul y, siguiendo las únicas calles posibles, encontré un supermercado que coincidía con el lugar donde habíamos llegado luego de escapar del Obeso, y lo marqué con una cruz. En ese lugar había encontrado por primera vez a Ellie… – Aquí fue donde nos refugiamos luego de escapar del Obeso.

¿Cuándo fue esto?

Ayer. Decidí que era buena idea descansar en el supermercado, aún cuando todavía era de noche, pues Joy parecía agotada y yo no estaba mucho mejor.

¿Y despertaste en la mitad de la noche, cuando encontraste a la muchacha herida?

No pude responder. Los recuerdos de aquella noche eran demasiado confusos, una mezcla de realidades y sueños, de verdades y mentiras que no podía comprender. Sentía como mis brazos y labios temblaban mientras trataba de calmarme, tratando de centrar mi cabeza en lo que realmente había ocurrido. Pero una y otra vez volvía a mí aquel sueño, en el cual mis brazos se movían solos, golpeando una y otra vez a Joy. Era un sueño, era un simple y maldito sueño... sin embargo, sabía que era cierto. La única persona que pudo haber herir a Joy, en aquella habitación cerrada, mientras la lluvia azotaba el techo del supermercado… fui yo… y estaba inconsciente mientras lo hacía. ¿Cómo era eso posible? Acaso… acaso yo…

Eso no importa ahora Steven – interrumpió la Hermana. Al levantar la vista, pude notar sus ojos, grandes y cafés, puestos sobre mí. Su mirada, seria, se mantenía clavada en mis ojos, como si buscase algo. Cuando le devolví la mirada, ella movió la mano para darme a entender que prosiguiera. Tomé aire y alejé de mi cabeza aquellos pensamientos inútiles.

La información que manejo del Obeso no es muy amplia, pero es mejor de lo que hay en estos papeles. Su dieta principal parecen ser otros Infectados, a los que atonta con algún tipo de gas o aroma, aunque es algo incoloro, pues no pude verlo. Sólo sé que, aunque es casi imperceptible, tiene un ligero olor a sangre. Por otro lado, desde esta abertura – levanté la hoja y mostré el dibujo – sale uno o más tentáculos, los cuales usa para atrapar a su presa, la cual luego es llevada al interior de esta… boca gigante.

Como era de esperarse, ambos me quedaron observando, atónitos. La Hermana fue la primera en romper el silencio, aclarándose la garganta, mientras levantaba buscaba entre el montón de papeles una hoja en particular. Al encontrarla, la levantó y leyó en voz alta.

Esto es del último informe de la doctora Creed: He llegado a la conclusión de que aquellos Infectados agresivos que sólo hemos encontrado durante las noches, son aquellos que están cambiando. A pesar de ello, no puedo demostrarlo, pues es prácticamente imposible analizar a un sujeto vivo y peligroso, como lo es un Infectado. Sin embargo, la agresividad de los Infectados parece ser, en realidad, una forma de desahogo por el intenso dolor que debe significar una mutación tan acelerada. Es muy probable que la misma Infección esté haciendo cambios constantes en su organismo, los cuales se intensifican durante la noche, motivo por el cual escuchamos alaridos y ataques ciegos por parte de los Infectados…

Como si algo les devorase por dentro… – comenté, sin darme cuenta, en voz alta, interrumpiendo a la Hermana, que bajó la hoja para observarme directamente. Su mirada, seria, me dio un escalofrío.

Steven. Necesito hablar a solas con Glenn.

Bien. Estaré afuera

Steven…

Sí, lo sé. No pienso escuchar nada – sonrió el grandulón mientras cerraba la puerta, guiñando un ojo. La Hermana esperó unos segundos luego de que la puerta se cerrase para levantarse y, con un gesto, pedirme que me acercara, mientras caminaba hacia el MicroStand.

Acércate – me dijo mientras estiraba la mano para tomar mi rostro. La fuerte luz de las ampolletas comenzaba a molestarme e instintivamente cerré los ojos. La Hermana entonces puso sus dedos en mis párpados y los abrió. Revisó primero el izquierdo, y luego de emitir un sonido aprobación probó con el derecho.

¿Qué ocurre? – pregunté. Entonces ella se alejó rápidamente, soltando mi rostro.

Glenn… tus ojos… – decía la Hermana mientras llevaba su mano a un costado. Allí guardaba su “Nighty”, una Nighthawk Lady Hawk de 9mm y de color oscuro, un modelo de pistola hecho específicamente para que mujeres pudieran usarle sin mayores dificultades. Di un paso atrás, sin entender lo que ocurría.

¿Qué? ¿Qué es lo que ocurre? – Rápidamente la Hermana sacó su Nighty, y me apuntó mientras me rodeaba a una distancia segura. Levanté las manos para mostrar que estaba desarmado. ¿Por qué de pronto se había puesto así?

Tus ojos… Glenn…

¿Qué tienen mis ojos?

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MensajeTema: Re: [Infección]   Vie Sep 11, 2009 2:43 pm

siguela xDD

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MensajeTema: Re: [Infección]   Vie Sep 18, 2009 2:48 am

Capítulo_11: Quarantine

Varias velas, dispuestas en distintos lugares, iluminaban toda la habitación, permitiendo que se apreciaran una serie de planos, imágenes e informes dispuestos en las paredes, algunos de los cuales estaban unidos por hilos rojos o verdes. Cerca de la puerta había una mesa alargada, sobre la cual habían algunas tazas, botellas y medicamentos, de diferentes tamaños y colores. Detrás de la mesa, en una esquina, se encontraba una camilla, sobre la cual descansaba Joy, quien lentamente comenzaba a despertarse. Frente a la cama se encontraba la única ventana de la habitación, la cual, al igual que la mayor parte de las ventanas, estaba entablada. La muchacha trató de sentarse en la cama, mientras se afirmaba la cabeza, tratando de recordar dónde y por qué estaba en ese lugar. Las imágenes de lo que había sucedido surcaban su cabeza rápidamente, sin mantener ningún orden lógico, confundiéndola aún más. Una vez sentada, sintió que algo le incomodaba en el cuello, y llevó la mano hasta éste; notó entonces que gran parte de su cuerpo estaba vendado y que le habían cambiado la ropa. Al voltear la cabeza, buscando alguien a quien poder preguntarle, se vio reflejada en un espejo. Sus ojos, cubiertos por el cabello, se veían desfigurados en el cristal roto, y la imagen de Glenn surgió en su cabeza.

Glenn – trató de gritar Joy, pero su voz fue apenas un leve susurro. Cada vez más asustada, sin comprender como había llegado allí, trato de encontrar algo en su habitación que pudiera servir para su protección. A un costado de la cama, sobre una silla, estaban sus ropas. Rápidamente, pero teniendo cuidado de no tocar las vendas, Joy se cambió de ropa; no fue hasta que se puso la chaqueta de su padre que pudo calmarse. “Si estuviera rodeada de gente con malas intenciones, no me habrían tratado las heridas” pensaba Joy, analizando su situación. La puerta se abrió, y una muchacha de la edad de Joy entró; se veía preciosa, con su cabello rubio y sus ojos azules brillando a la luz de las velas, aunque parte de su rostro estaba quemado y su mirada parecía triste. Sin embargo, al ver que Joy se encontraba levantada, sonrío emocionada y salió de la habitación levantando los brazos, como si quisiera gritar, aunque sin emitir ningún ruido. Al cabo de unos segundos volvió a entrar, jalando del brazo a otra muchacha, la cual era más alta, aparentando unos 20 años, tenía unos ojos pequeños y cafés, y su cabello era del color del fuego. Ambas vestían igual: una blusa blanca con unos pantalones de tela de color gris, resaltando los escasos atributos de la primera, y el hermoso cuerpo de la segunda.

¡Estas despierta! – gritó con alegría la muchacha pelirroja, mientras se acercaba sonriendo. Joy dio un paso atrás, asustada de las personas extrañas que habían aparecido frente a ella – Hey, hey, hey… no tienes por que temer de mí – la primera niña jaló de las ropas de la que estaba hablando con una mirada de enojo – ah… y de la pequeña Laurie tampoco.

¿Dónde estoy? – preguntó Joy en un susurro. Esta vez, luego de hablar, sintió que su cuello comenzaba a doler mucho, como si hubiese estado tosiendo demasiado.

No hables muchacha… tu garganta aún debe estar recuperándose…

¿Gargan…? – comenzó a preguntar Joy, cuando la muchacha del cabello rojo aclaró su garganta mientras llevaba un dedo a su boca en señal de silencio. Joy, sin entender aún que ocurría, apuntó con su mano el cuello, teniendo cuidado de no tocarlo.

¿No recuerdas nada? Llegaste con una herida de gravedad en el cuello, tus costillas y una de tus piernas – Por unos instantes Joy no entendió las palabras de la muchacha que ahora se acercaba a la mesa, revisando algunos medicamentos.

¿Herida de gravedad?” se preguntaba mientras se sentaba en la cama, recordando lenta y dolorosamente como había terminado inconsciente y en tan mal estado; Glenn la había atacado. Su corazón parecía apretarse, jalando consigo todo su cuerpo, mientras el dolor se volvía cada vez más intenso. Sintió entonces que alguien, con una mano fría, le tocaba la mano. Al levantar la vista, Joy se encontró con Laurie, quien la observaba con gran preocupación. Joy apretó los puños, tratando de no mostrar debilidad, e intentó sonreírle. Laurie se acercó más a Joy y la abrazó. Entonces, sin poder contener las lágrimas, la muchacha comenzó a llorar. Glenn la había atacado. Glenn ahora era un Infectado.

Pasaron algunas horas hasta que Joy volvió a dormirse, agotada, no sin antes tomarse el remedio que le diera la muchacha de cabello rojo, que se había presentado como Emma. Laurie se acomodó en la silla donde antes había estado la ropa de Joy, vigilando que su paciente descansara bien. Emma no dijo nada, pero estaba sumamente feliz. Era la primera vez que encontraban alguien de la edad de Laurie, pues la mayor parte de los sobrevivientes eran varones y mayores de 20 años. No, más importante que eso, estaba feliz de haber evitado que la muchacha perdiese la voz como lo había hecho su pequeña hermana, y posiblemente Laurie también estaba feliz de ello. Emma se acercó para acariciar su cabeza antes de irse. Aún le quedaba mucho que hacer.

¡Emma, que bueno que te encuentro! – Una joven de pelo castaño y sujeto con una cinta azul, de la misma edad que Emma, se acercó a ella apenas salió de la habitación. Vestía un suéter grueso con cuello de color blanco y unos pantalones de tela negro. Era de contextura delgada y el suéter ocultaba su figura. Su piel era un tanto bronceada, y su mejilla izquierda tenía algunas heridas, como arañazos, a la altura de las orejas.

Azalie, ¿qué ocurre?

Es Glenn… rápido, sígueme.

¿Qué ha ocurrido? – preguntó Emma mientras comenzaba a correr detrás de Azalie.

No… no lo sé…

Las dos corrieron en silencio por los pasillos de su refugio, el antiguo hospital Crystal Lake. Muchos años antes de la Infección el hospital había sido fundado como la clínica Crystal Lake en el entonces pequeño pueblo de Fairfield. En la medida que la población aumentaba, los edificios cambiaban, las enfermedades empeoraban y los tratamientos mejoraban, Crystal Lake crecía, manteniendo sus estructuras antiguas, dándole al lugar un ambiente hermoso bajo la luz del sol, aunque espeluznante al ser bañado con la luz de la luna; sus decoraciones a la antigua parecían haber sido la inspiración de incontables películas de terror. El hospital, originalmente un edificio de 2 pisos, se había ampliado hasta tener 3 alas; entre cada ala del hospital existían casas, cuyos dueños habían rehusado vender cuando el hospital tuvo que ampliarse, por lo que los pasillos fueron construidos bajo tierra, los cuales conectaban las 4 secciones del hospital entre si. En el ala A, la que originalmente había sido sólo la clínica, se encontraban la mayor parte de los refugiados de la Peace Guild, ya que en ese sector se trataban las enfermedades menos graves o fuera de peligro, y contaba con la mayor cantidad de dormitorios. Frente a esta ala, se encontraba el ala B, de unos 5 pisos, que era el edificio más grande y el punto central entre las 4 alas de la clínica; el ala B se especializaba casi únicamente en cirugías, teniendo en sus primeros pisos las salas de operaciones, y en los superiores las habitaciones para los pacientes con riesgo vital. Todo el lugar estaba atestado de cuerpos y sangre, cargándolo con un ambiente pesado, el cual pocos estaban dispuestos a soportar; durante la Infección, muchos Infectados estaban siendo tratados en ese lugar, por lo que cuando los primeros Infectados se volvieron agresivos, el ala B fue la primera en caer. Los Infectados habían sido aislados en esta ala por orden de la Directora de Crystal Lake, Anna Thompson. Sin embargo, no todos estaban Infectados cuando el ala fue aislada, y el remordimiento acosaba a la Directora, que poco tiempo después desapareció sin dejar rastro. A la derecha del ala B, estaba el ala D, la única que no había sido explorada; la primera y última vez que un grupo de exploradores habían partido hacia el lugar, tan solo uno había vuelto, y desde ese minuto había tenido horribles pesadillas, las cuales sólo cesaron cuando se quitó la vida. De acuerdo a las únicas personas que conocían el lugar, las hijas de la Directora, ese lugar era el hospital psiquiátrico. Por orden de la Hermana, el lugar fue clausurado, y se mantenía una guardia constante en los pasillos que conectaban esta ala con el resto. Por último, el ala C, ubicado a la izquierda del ala B, que era donde Emma y Azalie se dirigían, era el sector de Investigación y Desarrollo; sólo el primer y segundo piso tenían acceso liberado, mientras que las puertas metálicas que conducían a los pisos inferiores y superiores estaban cerradas y requerían una tarjeta ID para abrirse. Hawkeye había dado con la tarjeta ID del doctor S. Raymond, la cual les permitió acceder al primer subterráneo del ala C – nadie estaba seguro de cuantos pisos más tendría – y con ello a una serie de cámaras de investigación; cada cámara tenía paredes transparentes y de gran grosor, con su único acceso, el cual sólo podía ser abierto desde el exterior, de tal forma que cualquier accidente quedase inmediatamente aislado. Cada cámara era diferente, habiendo algunas preparadas para el uso de químicos, como también aquellas que parecían ser de observación de animales. Sólo las personas que la Hermana o Steven habían considerado confiables y valientes tenían acceso a este piso, pues en muchas de las habitaciones se podían observar grandes charcos de sangre y restos de humanos esparcidos. Jason, un veterano de guerra, había explorado el piso inferior, y aseguraba que era un lugar seguro; no había rastros de criaturas… al menos no de criaturas vivas. Azalie y Emma bajaron por las escaleras que llevaban a este piso y se detuvieron frente a una cámara, la cual estaba a unos tres metros de la entrada; dentro de esta se encontraba un deteriorado Glenn. Frente a la cámara estaban Steven y Jason.

¿Hm? ¿Por qué la alarma? – preguntó Emma mientras observaba su cuerpo. Glenn estaba apoyado en la pared frente al grupo, con la pierna izquierda doblada y su brazo apoyado en esta. A simple vista se veía en buen estado – No veo nada extraño…

¿Dónde tienes los ojos? – preguntó Jason mientras se acomodaba su SLP, una escopeta negra que llevaba a todos lados. Su cabello era de color blanco y estaba amarrado atrás; su frente ya mostraba algunas arrugas, pero su rostro se veía tan lúcido y despierto como el de cualquier adolescente; se había dejado crecer el bigote, también de color blanco, y se veía mal afeitado; sus ojos verdes hacían juego con el resto de su ropa, la cual consistía de unos pantalones de tela de color verde oscuro, una polera blanca y una chaqueta que parecía cambiar de color con la luz, tomando un color verde en las sombras y un color café con la luz. Sobre su polera llevaba colgando un Anj de plata, una llave egipcia que, según él, significaba “vida”.

¿Qué...? – Comenzó a preguntar Emma con un tono de molestia cuando se detuvo y tomó un poco de aire, tratando de calmarse. A ella no le agradaba Jason, y el sentimiento era mutuo; pero en esos momentos debía concentrarse en Glenn – ¿Qué quieres decir?

Observa sus ojos, niña

Emma no tuvo tiempo para molestarse al ser llamada “niña”. Ella por lo general trataba de evitar observar los ojos de Glenn, pues se sentía aterrada cada vez que se veía reflejada en ellos. Por eso fue que no había visto un hilo de sangre cayendo por el ojo izquierdo, como si de lágrimas se tratase.

¿Qué le ocurrió?

Se puso a llorar sangre

Eso puedo verlo – dijo Emma, claramente molesta. Jason era un hombre de edad, y tratar con él era uno de los peores suplicios que podía sufrir una persona como ella – Lo que quiero decir es, ¿qué ocurrió antes de que se pusiera a llorar sangre?

Bien… cuando llegue, Seth… – comenzó a responder Jason cuando Glenn empezó a levantarse lentamente. Azalie siempre se asombraba cada vez que tenía alguna oportunidad de observarlo de frente; a pesar de que había pasado mucho tiempo sin comer desde que lo habían encerrado allí, su rostro no mostraba cambio alguno, ni tampoco parecía deteriorarse en ningún sentido; su cabello, despeinado, se veía sucio y opaco; y sus ojos… uno de ellos era de un color oscuro, y reflejaba cansancio, aunque también paz; el otro ojo había tomado un color rojo, el cual se había hecho más fuerte con el pasar del tiempo, más profundo y, de alguna forma, más salvaje. La Hermana no era una mala persona, y conocía bien a Glenn, quien fue uno de los primeros en unirse a la Peace Guild; por ello intento suavizar lo más posible la situación… pero aquel rojo, que se intensificaba con cada segundo, también parecía volverse cada vez más peligroso, y el problema se había vuelto cada vez menos manejable. Sólo la confianza que todos tenían con la Hermana había evitado que lo acribillaran.

Em-Emma… ¿J-Joy? – Glenn hablaba lentamente, como si le costase juntar las palabras. Si bien no parecía padecer de ningún mal físico, Azalie había notado que sus capacidades mentales si se habían deteriorado.

Está bien… – respondió Emma mientras se acercaba para observar el ojo izquierdo de Glenn. Entonces él comenzó a avanzar hasta quedar a centímetros de la pared. Jason levantó su SLP y le apuntó, esperando que “Seth”, como había bautizado a Glenn a causa de su ojo rojo, diese un paso en falso. Azalie no podía quitarse de la cabeza que el único motivo por el cual Jason había accedido a hacerle guardia a Glenn era para tener la oportunidad de matarlo.

Li-libérenme… es peli-peligroso que me quede…

Lo siento Seth, sólo hay una forma de que salgas… y es muerto – sonrió Jason mientras levantaba la mira hasta la cabeza de Glenn.

Ella… ella me necesita… ella me busca… ella grita… ella… ¡ella!

¿Quién? – preguntó Azalie, asustada al ver tan exaltado a Glenn. Pero él desvió su mirada, como si hubiese visto algo pasar detrás del grupo, para luego dirigirse al mismo punto donde había estado cuando llegaron Emma y Azalie. Se limpió la sangre con el reverso de la mano, y el sangrado se detuvo. Azalie sintió un escalofrío al observar a Glenn tan fuera de si mismo y jaló la manga de Emma.

Steven, ¿podrías acompañar a Azalie afuera?

Uh… claro… – respondió él sin dejar de observar a su amigo encerrado.

Lo siento…

No te preocupes Azzy – sonrió Emma mientras les despedía con la mano – yo cuido de él.

*****

Los recuerdos viajaban, uno detrás de otro, como imágenes sin sentido, que se mantenían en el aire unos instantes antes de desaparecer, absorbidos por la oscuridad; cada una de las imágenes llevaba un color, y cada color llevaba una sensación. Verde, azul, amarillo, blanco… cada imagen parecía contar una historia, y cada historia parecía ocultar un secreto. De pronto, todas las imágenes habían sido absorbidas por la oscuridad; sólo una quedaba flotando en la nada, brillando con mucha intensidad, y con un color conocido pero, al mismo tiempo, nuevo: era de un color rojo. Joy se levantó rápidamente de la cama, cubierta con un sudor frío y el corazón palpitando fuertemente; le tomó algunos minutos calmarse, mientras los recuerdos del sueño se volvían cada vez más difusos. Al voltear, descubrió a Laurie sentada en una silla, frente a ella, y totalmente dormida. Joy se pasó las manos por el rostro, tratando de limpiarse un poco el rastro de las lágrimas, antes de tratar de despertarla.

Hola – le sonrió cuando la muchacha abrió los ojos. Laurie, que al principio se sorprendió de verla despierta, respondió con otra sonrisa. Joy comenzó a caminar hasta la puerta mientras Laurie le seguía. No necesitaba preguntarle nada; mejor dicho, Joy sabía que no sería de gran ayuda preguntarle nada, ya que, al fin y al cabo, se había dado cuenta de que Laurie era muda. En vez de ello, comenzó a comentarle lo que recordaba del sueño que había tenido, mientras la muchacha la seguía sonriendo; no por ser incapaz de contestar significaba que tampoco era capaz de oír o sentir.

Al llegar a la puerta, Joy tragó un poco de saliva, nerviosa al no saber que tipo de gente habitaba en ese lugar; Laurie se adelantó y abrió la puerta, jalando de la mano de Joy mientras corría a través del pasillo. A un costado habían puertas, las cuales estaban en su mayor parte abiertas, dejando ver personas conversando, descansando o mirando la nada. Joy hizo un esfuerzo en tratar de obtener información mientras escuchaba conversaciones, pero la mezcla de voces mientras corrían no le permitía escuchar nada que pareciera importante.

…aún no lo entiendo. Deberían haber matado a Seth hace días…

… ¿lo has escuchado? Dicen que ahora son más de 20…

… y entonces desapareció, como si jamás hubiera…

El paisaje parecía repetirse mientras avanzaban, doblando en algunos pasillos y evitando algunos escombros, aunque los papeles pegados en las paredes y los letreros sobre algunas puertas le habían dejado en claro a Joy que se trataba de algún edificio médico. Laurie comenzó a subir unas escaleras angostas, sin soltar la mano de su paciente, olvidando lo importante del reposo. Al llegar hasta arriba, corrió un poco más hasta llegar hasta la única puerta de ese piso. Golpeó la puerta tres veces, y luego de esperar unos segundos, una cuarta vez.

¡Pasa! – gritó alguien desde adentro. Al abrirse la puerta, la luz artificial del MicroStand encegueció a Joy, que no esperaba que hubiese algo así en ese lugar – Oh, pero si es nuestra bella durmiente – rió la Hermana con una voz dulce mientras caminaba hasta la aún enceguecida Joy, quien sólo veía una silueta acercándose, y pensó en huir, aterrada de lo desconocido; pero la mano fría de Laurie le recordó que no estaba sola.

¿Quién?

Soy la Hermana, mucho gusto

¿Hermana? – La vista de Joy comenzó a aclarase, dejándole observar el peculiar atuendo de la monja.

Sip... ¿Qué? – el tono de voz de la Hermana comenzó a cambiar drásticamente – ¿Acaso hay algún problema? ¿¡Huh!?

No, no, ninguno – respondió Joy forzando una sonrisa nerviosa.

Bien – la voz de la Hermana volvía a ser dulce – Por favor, siéntate por aquí. Laurie, puedes retirarte… no te preocupes, te la devolveré – rió la Hermana al ver el rostro de la muchacha, que no deseaba separarse de su paciente, a la cual ya consideraba una amiga.

Te veo luego, ¿vale? – le dijo Joy mientras le acariciaba sonriendo la cabeza. Laurie respondió asintiendo con energía antes de salir; luego de que cerrara la puerta se escucharon sus pisadas mientras corría hacia las escaleras. Joy esperó unos segundos, hasta que el sonido fuera sólo un eco. Luego, en silencio, caminó hasta el asiento que había indicado la Hermana y se sentó – Bien, ¿quiénes son ustedes?

Hmm… directo al grano, ¿no?... Ésta es… bueno, esta es mi amada Peace Guild – dijo la hermana mientras también tomaba asiento.

¿Peace…?

Sí, Peace Guild… Sobrevivir sola ya no es una opción, ¿no crees? – Joy sólo asintió levemente. A pesar de que sabía que ella tenía razón, nunca le había gustado la idea de formar parte de un grupo; al menos no desde que había perdido a su padre.

Pero eso no es lo que más te preocupa… ¿cierto?

¿Hm? ¿Qué quiere decir?

¿Qué que quiero decir? – rió la Hermana – Pues, Joy… ¿Joy, cierto?



Estás olvidando las preguntas importantes… – Joy levantó la cabeza un instante para pensar.

¿Cómo llegué aquí?

¿Huh? ¿No sabes como llegaste aquí? – preguntó esta vez la Hermana, asombrada.

Hm… no… cuando desperté ya estaba aquí

La Hermana se puso la mano en la frente mientras ordenaba sus ideas. A pesar de que había llegado en mal estado, no pensaba que no fuese a recordar a Glenn; en realidad, esperaba que preguntase “¿Dónde esta Glenn?”, y el escuchar otra pregunta diferente la descolocó totalmente. Tomó aire y suspiró, como si tratase de alejar sus dudas mientras botaba aire. “¿Por qué no me pregunta acerca de él? ¿Acaso Glenn la encontró en el camino y la trajo? No, él no es de ese tipo. ¿Y si ella sufre de amnesia? No creo que sea el caso… Ella no se había dado cuenta de quien la había salvado… entonces…” La Hermana se acomodó nuevamente en su asiento. Había llegado a una posible respuesta a sus dudas, pero debía confirmarlo, pues aún siendo la única respuesta posible, le costaba creerla.

¿Recuerdas cómo te hiciste esas heridas? – Preguntó directamente la Hermana. Joy bajó inmediatamente la vista al escuchar la pregunta, aclarando las dudas de la Hermana. Quien había atacado a la muchacha había sido Glenn… pero, ¿por qué él mismo la había traído de vuelta? – Espérame un segundo, ¿sí?

Cuando la puerta se cerró detrás de la Hermana, Joy rápidamente se levantó para buscar alguna pista a su alrededor, algo que le dijese quiénes eran ellos o dónde se encontraba. Encontró entonces un plano pegado en la pared y corrió hasta él. Abajo se leía “Fairfield City Map”, y rápidamente se puso a buscar su posición; habían varias indicaciones, entre las cuales una era un círculo dentro del cual se leía PG. Pero no era suficiente. Volteó para seguir buscando pistas, cuando vio que el MicroStand tenía algunas puertas, y corrió hasta él. Abrió la primera, donde encontró varios papeles, los cuales parecían informes, pero nada que le sirviese. En el segundo habían más hojas, aunque éstas estaban llenas de dibujos extraños. El tercero tenía lo que buscaba; era un archivo, escrito a mano, de las personas de la Peace Guild. Sin tiempo que perder, Joy lo revisó hincada al lado del MicroStand. Pasó las hojas rápidamente, las cuales parecían ordenadas por fecha de ingreso; la primera hoja era de la Hermana, y en el nombre tenía escrito “La Hermana”, omitiendo cualquier otra información personal con un “clasificado” escrito con rojo, salvo por el estado actual, donde se leía “líder supremo y absoluto”; el segundo era de un tipo llamado Steven, alto, sin familiares y con un interesante historial académico, y tenía escrito “mano derecha” en su estado actual; al llegar al tercero, Joy cayó de espaldas, casi botando las hojas, sin poder creerlo; decidió recitarlo en voz alta, tratando de convencerse de haber leído bien.

Nombre, Glenn… Edad, 20 años… Altura, 1.78… Familia, un hermano: Mattew… muerto 19 de Marzo… Estado actual… en Cuarentena…

*****

– ¿Ahora? – preguntó alarmado Hawkeye

Por supuesto que ahora. Por algo dije “urgentemente” – exclamó molesta la Hermana

Acabo de regresar de… ah… bueno, dame un par de minutos, parto de inmediato…

Pero, ¿por qué tan de pronto? – preguntó Steven. La Hermana le hizo un gesto a Azalie, quien rápidamente asintió y corrió detrás de su hermano para ayudarle a prepararse.

¿Recuerdas nuestra bella durmiente y nuestro ojos rojos?

Por supuesto… ¿Qué ocurre con ellos?

Pues… – la Hermana observó a ambos lados del pasillo; se encontraban entre el ala A y C, y al igual que todos los pasillos que unían las alas del hospital, era un camino recto y no habían lugares donde esconderse. Luego de asegurarse de que nadie les escucharía, prosiguió – Al parecer Glenn si está Infectado… pero luego de perder el control y atacar a la bella durmiente ha vuelto a sus cabales…

Un segundo… ¿en serio? Eso no es algo para jugar

No, no lo es

¿Y por qué necesitas la ayuda de la Red Cross?

Hay una persona que probablemente no pediría nada a cambio de ayudarnos a investigar… ya sabes, pelo largo, bata blanca, una sonrisa idiota y, por supuesto, que ha perdido la cordura…

*****

Hawkeye se arregló el cabello antes de salir; era una batalla inútil, pues sabía que al cabo de cinco minutos su pelo castaño nuevamente tomaría el control sobre su peinado. Su rostro, al igual que el de su hermana, era un tanto bronceado. Al levantarse su hermana le ofreció algo para colocarse sobre su polera, aunque el se negó; le gustaba viajar únicamente con polera, pues, según él, cuando era momento de correr, incluso con frío, era mejor sentirse libre.

¿Cómo se llamaba la persona? – preguntó Hawkeye por quinta vez, preocupando a su hermana, que no entendía la confianza que le tenían a su hermano.

Se llama Creed… doctora Creed
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MensajeTema: Re: [Infección]   Vie Sep 18, 2009 5:56 am

Capítulo_12: Seth

El mundo se ha vuelto más oscuro, engullido por la agonizante verdad; durante años estuvimos todos atrapados en una red mentiras, y ahora, mientras la luz que nunca deseamos ver nos rodea, la red se deshace, dejándonos caer, enceguecidos ante la realidad. La verdad es tan brillante que el mundo parece cubierto por tinieblas...

Debo advertirles; sí, escuchen mi advertencia, no hagan como yo, y escuchen. Mi cabeza no es mía, mis ojos han sido arrancados con mis propias manos. No, no es algo real, pues aún veo y mis manos no están manchadas con sangre. Pero es cierto, esto no soy yo; no del todo. ¿Quiénes son ustedes? Ustedes y yo somos lo mismo. ¿Quién soy yo? Yo no existo. Yo no existo...

Fue cuando ella lo encontró. No, fue un poco después. La Hermana me dijo, me advirtió, me trato de preparar para lo que venía; aunque ni siquiera ella sabía que era lo que venía. La Hermana levantó su arma, apuntándome, aterrada por algo nuevo. El rojo que tantas veces me había cautivado, ahora se había vuelto parte de mí. La Hermana me advirtió, indicándome con el dedo, que algo malo ocurriría si me dejaba vencer por este ojo. Pero... pero es mi ojo... ¡Es mi ojo!

Miedo, terror, pánico, nervios, frío, inseguridad, envidia, celos, asco, nauseas. Todo llego a mí de golpe mientras me observaba en aquel espejo. Sí, la Hermana me paso el espejo; era un espejo simple, con unos adornos dorados en el marco. Desearía jamás haber visto el espejo...

Ella me advirtió que no me dejara vencer. ¿Por qué no entendí las palabras que dijo? Ahora, ahora estoy encerrado; todo se salió de control... fuera, fuera de control...

La Hermana llamó al buen Steven, el grandulón, mientras yo cubría mi ojo derecho. ¿Derecho? Ella comenzó a explicarle a Steven lo que ocurría, así que me acerqué para escuchar; yo también quería, necesitaba, deseaba saber lo que ocurría.

Pero no escuché su advertencia...

Y entonces dijo la palabra clave: "Infectado". Creo que perdí la consciencia un instante en ese momento, pues al abrir los ojos de nuevo estaba afuera de la habitación, la Hermana me apuntaba con su Nighty, Steven me observaba aterrado y Jason comenzaba a subir las escaleras. ¿Hm? ¿Jason? ¿Qué haces aquí?

Así fue. Mi vista se cubrió de rojo mientras la verdad me consumía; o al menos creo que es la verdad. ¿Y si no lo es?

Jason me disparó. Sí, sí. Ese bastardo me disparo, con una sonrisa en la cara. ¿Jason? La Hermana me auxilio de inmediato y Steven derribo a Jason. Grandulon, siempre cuidando mis espaldas. Pero ya era tarde. Él me había disparado por algo que yo había hecho. ¿Qué había hecho?

Todo se salió de control cuando la vista se nublo. Miedo, terror, pánico, nervios, frío, inseguridad, envidia, celos, asco, nauseas. Todo llego a mi de golpe mientras escuchaba que me llamaban "Infectado". Es una mala palabra, es aquello que más odio; pero ahora soy lo que más odio... ¿Ironía?

Me llevaron a un lugar extraño. Oh, cierto. Aún con el disparo, el que debería haberme matado, seguía vivo. La verdad me protegía; o quizás la suerte; o quizás el sarcasmo de la vida, y la broma era, esta vez, para el buen Jason...

Fui arrastrado por un pasillo. No conocía este lugar, pero al mismo tiempo me era familiar. Al ver un letrero de color azul con el dibujo de un hombre gordo con lentes todo se hizo claro: era el hospital en el cual habian internado a mi madre. Hm. Pero no sabía que era tan grande…

Lo que vi era extraño. Lo que escuché no era real. Lo que sentí era abstracto. Y antes de poder evitarlo me encontraba en una habitación con paredes transparentes. ¿Soy un objeto de observación? ¿Un extraño? ¿Por qué? ¿Quién lo decidió?

Pero es cierto...

Cuando cierro los ojos puedo ver aquello que no debería ver. Cuando los abro, puedo ver aquello que no deseo ver. De día son ellos los que caminan, y ella la que habla. De noche, son los otros los que me observan, y es ella la que habla. Pero no, no es ella la misma de día; no es ella la misma de noche. ¿Miedo? Ya no, nunca más.

Ellie es un recuerdo. Lindo, gracioso y aterrador, pero sólo un recuerdo. ¿Cuántos días? ¿O quizás semanas? Mi cuerpo es mío, pero no tengo control sobre él. Enciérrenme, pues no la escuche. Obsérvenme, pues hice caso omiso de lo que dijo. Mátenme, pues fui débil. Y mi hermano, y mi familia, y todos los que ahora me rodean, podrían pagar el precio.

...

¿No lo entiendes?

Glenn, ya no es Glenn. Yo ya no soy tú. Ahora soy Seth; así me llaman. Y tú eres Glenn.

Cuando tu duermes, yo despierto; cuando tu hablas, yo escucho; cuando tu miras, yo observo.

¿Miedo? No. Nunca más. Pues ahora tengo un nombre, pues ahora tengo una voz, pues ahora tengo un rostro, pues ahora tengo una razón. ¿Confundido? Yo también lo estoy. Pero no te asustes. No quiero volver a ser parte de ella; no quiero volver a perder mi identidad; no quiero volver a perder lo que me hizo lo que soy. Y tú, tú tampoco deseas perderme. No ahora. No nunca.

...

¿Quiénes son ellos? ¿Por qué me hablan? ¿Por qué me escuchan? ¿Por qué gritan cada vez que me ven y por qué lloran cada vez que me escondo?

...

Ellos son yo; ellos son tú; ellos son todo... Pero ellos son nada.

No los mires y se olvidaran de tí, pues no recuerdan, pues no sienten, pues no escuchan. No son como yo, que tengo nombre; no son como tú que me escuchas; no son como nosotros que existimos.

Son gotas de río, fluyendo por un mar de sangre. Siguen hasta disolverse. Yo no soy una gota de río; yo soy un río. Tú no eres un río, tú eres un mar.

No escuches ni observes, pues sólo sufrirás. La verdad está frente a tí, pero ellos te han confundido, te han corrompido. Yo también lo he hecho, pues yo era como ellos; pero ya no, nunca más.

Ámame, pues te daré fuerza; sígueme, pues te mostraré la verdad; escúchame, pues te daré consejos; mírame, pues te guiaré por los caminos; protégeme, pues soy tu única salvación. Sí. Sí. Ámame, pues deseo ser amado; escúchame, tengo mucho que contar; mírame, quiero ser reconocido; protégeme, y busca conmigo la eternidad...
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MensajeTema: Re: [Infección]   Mar Sep 22, 2009 5:01 am

Capítulo_13: Awakening&Lost

¡¿Qué significa eso?!

¿Acaso no me has escuchado? Creo haber sido bien clara.

¡Por supuesto que escuché! ¡Pero…!

La discusión prosiguió durante varios minutos, mientras Emma, ya aburrida de escuchar una y otra vez los mismos argumentos, comenzó a trazar líneas en algunas hojas sobre la mesa. Las instrucciones de la Hermana habían sido cuidar y educar a la nueva integrante de la Peace Guild; a pesar de ello, tanto la Hermana como Joy se la habían pasado discutiendo prácticamente desde el primer día. Ahora, con su voz recuperada, la muchacha hacía notar cada vez que algo le molestaba y no tenía pelos en la lengua para expresar lo que pensaba. El sonido de alguien llamando a la puerta fue la excusa que necesitaba Emma para poder salir de la habitación.

¿Quién es? – preguntó antes de abrir la puerta

Creed necesita de la Hermana – era la inexpresiva voz de Jason. Emma abrió la puerta para que él pasara y diera la información en persona, pero él ya se había ido.

Gracias… – Emma cerró la puerta y volteó hacia las dos mujeres, que ahora, como niñas pequeñas, evitaban mirarse al rostro. Emma soltó un suspiro antes de caminar hacia la Hermana – La doctora le necesita.

Habían pasado cinco días desde que despertara Joy, y cuatro desde que la doctora Creed había llegado a la Peace Guild, acompañada sólo de un gato, un gran bolso, y Hawkeye. Según lo que había comentado el explorador, no sólo la doctora Creed, sino que gran parte de la Red Cross se había emocionado cuando él pidió permiso para llevársela; aunque los motivos de la alegría de la doctora y del resto de la Red Cross parecían ser muy diferentes. La Hermana se cubrió el rostro con la mano mientras se arrojaba en una silla.

¿Estás segura? No me siento muy animada ahora…

No hay otra opción. Usted la mando a llamar después de todo.

Ah… bien, bien… – La Hermana se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta, cuando se detuvo de golpe y volteó, con el ceño fruncido – ¿Qué estás esperando? Hace días que me has estado molestando para dejarte ver a Glenn, pero ahora no has dicho nada.

¿Qué ganaría con discutir ahora? – preguntó molesta Joy mientras se ponía a revisar algunos papeles.

¿Así que te das por vencida?

Por supuesto que no. Él es una amigo muy importante para mí – respondió Joy mirándola directamente a los ojos. Durante algunos instantes todo fue silencio, y la tensión en el ambiente hizo temblar a Emma, que observaba todo en primera fila.

Emma – la Hermana rompió el silencio mientras esbozaba una sonrisa – busca algo de ropa para cubrirle el rostro a esa tonta.

¿Perdón?

No voy a dejar que Glenn la vea ahora mismo; aún está bajo observación – la Hermana abrió la puerta y salió rápidamente, dejando a Joy y Emma con la boca abierta. Un instante después estaban las dos abrazándose y riendo.

Llegar hasta el ala C se había vuelto mucho más complejo desde que había llegado la Creed. Lo único que exigió fue un control absoluto de qué y quién entraba al lugar, mientras ella llevaba a cabo su investigación. Incluso Jason había sido expulsado del lugar, pues la doctora le había considerado una mala influencia para el sujeto de observación. Cuando Emma y Joy llegaron al primer puesto de control, él se encontraba sentado en el suelo y apoyado en la pared mientras un joven, armado sólo con un cuchillo de combate, estaba sentado frente a una mesa, haciendo todo el trabajo; Jason no podía aceptar que le encargasen “trabajos mediocres”.

Buenas – saludó Edward – ¿traen bolsos, carteras, bolsas u otros elementos donde guardar objetos?

Siempre tan formal muchacho – rió la Hermana. Edward tenía unos 26 años, el pelo teñido de color blanco, ojos negros y una sonrisa amable en el rostro. Se vestía como soldado, aunque jamás había hecho el servicio; era la moda – Sólo somos nosotros tres.

Bien – el joven observó a Joy, quien vestía sospechosamente, con el gorro de un suéter verde oscuro puesto, ensombreciendo su rostro, y una mascarilla para la tos. La Hermana se interpuso entre Joy y Edward, quien inmediatamente sacó una libreta y, revisando su reloj, hizo algunas anotaciones antes de dejarles pasar – Tengan cuidado.

Era la primera vez que Joy veía uno de los pasillos que conectaban las alas del hospital, y disfrutaba de cada detalle, los cuales eran iluminados por la linterna de la Hermana. Emma, que era una de las hijas de Anna Thompson, le contó que existían otros pasillos subterráneos que jamás fueron terminados, los que se habían vuelto peligrosos y fueron cerrados, pues varios niños se habían perdido mientras recorrían el lugar. “Era divertido, pues parecía un laberinto” relataba sonriendo mientras evocaba esa época de su vida. Al salir del pasillo, dos personas las recibieron. Sus rostros eran mucho más serios, y uno de ellos estaba muy pálido.

Emma, que gusto verte – saludo sujeto del rostro pálido

¿Estás enfermo? ¿Qué ha ocurrido?

No hemos podido dormir – aclaró el otro que llevaba una taza de café entre manos. Su cabeza estaba cubierta por un gorro, dándole el aspecto de un ladrón.

¿La doctora sigue con sus experimentos? – preguntó la Hermana. Emma, que no entendía lo que ocurría, sólo podía imaginarse lo peor, y sintió una urgencia por bajar hasta donde se encontraba Glenn.

¿Viene acompañada? Lo siento, incluso si es usted…

Lo sé, ve a avisar que traigo a 2 personas conmigo.

Muy bien – el hombre con el rostro pálido se levantó y corrió cansadamente hacia las escaleras.

¿Experimentos? – increpó Joy

Los muchachos se lo explicarán después – respondió cortantemente la Hermana.

Al cabo de algunos minutos volvió el guardia. Sólo hizo un gesto, señalando que podían seguir, antes dejarse caer en su asiento. Mientras se alejaban, Joy notó como el sujeto tiritaba mientras su compañero le ofrecía un café; parecía realmente enfermo. La Hermana les explicó entonces la función de los guardias: No sólo debían cuidar quien entraba o salía del ala, sino que también debían atender a la invitada de la Peace Guild, y la doctora Creed no era una persona común, pues había desechado el elemento más importante, aunque también el que más la limitaba, de la ciencia: la ética. Al llegar, la Hermana se detuvo con la puerta a medio abrir.

Les advierto. Ninguna de ustedes dos lo han visto en varios días, y el cambio se ha vuelto más… agresivo con el pasar del tiempo.

La puerta se abrió totalmente, dejando salir luz artificial, la cual provenía de algunos focos que la doctora había conseguido. Ella se encontraba sentada en el suelo, rodeada de cables, hojas y cajas con objetos extraños para Joy; su cabello estaba totalmente despeinado, y era de un color castaño claro; vestía una blusa rosada y unos pantalones de tela verde. Cuando se levantó para darle la bienvenida al grupo, Joy pudo apreciar su rostro; era una cara linda, con ojos verdes y lentes estilizados. Tenía una cadera ancha y una marcada cintura, aunque poco busto.

¿Oh? – fue el saludo de la doctora – Entonces, ¿me ayudan?

¿Qué necesitas? – preguntó la Hermana

Creed indicó la habitación de Glenn, quien ahora nuevamente se encontraba sentado, apoyado en la pared transparente, la cual se había teñido en gran parte de rojo. Su cabello estaba muy despeinado, y la posición de la luz ensombrecía totalmente su rostro; sin embargo, aún cuando era imposible reconocer sus facciones, Joy y Emma se asustaron al ver un intenso brillo de color rojo.

Necesito calmarlo. Aún no he podido conseguir una muestra de sangre – sonrió la doctora

¿Y que planeas hacer para lograrlo?

La doctora se inclinó y comenzó a mover cajas de un lado para otro, sacando cables y papeles, mientras buscaba algo. Al encontrarlo, lo tiró con fuerzas, botando un par de cajas que causaron un estruendo.

¡¡Ahhh!! – gritó Glenn, aparentemente asustado por el ruido, mientras saltaba hacia la pared contraria, estrellándose contra el vidrio. Su otro ojo estaba cerrado, y desde su boca derramaba saliva, como si fuera un perro salvaje; su rostro presentaba muchos cortes, la mayor parte de los cuales parecían auto infligidos, desfigurándole en parte el rostro. Joy se llevó las manos al rostro y volteó, incapaz de soportar esa imagen; al verlo de esa manera, volvían a su mente los recuerdos de la horrible noche en que comenzó a cambiar. La doctora, ignorando los gritos salvajes de Glenn, caminó sonriendo hasta la Hermana, cargando una pistola pequeña.

Por supuesto, sólo tienes que dispararle – sonrió.

*****

El líder del grupo levantó la mano para señalar que se detuvieran. Levantó su rifle, el cual llevaba luz incorporada, y apuntó hacia una puerta; la habitación 307. Todos llevaban un pasamontañas cubriéndole el rostro, y vestían de negro para poder camuflarse en la oscuridad. Otra señal de su mano, y el hombre a la derecha del líder se acercó a la puerta. “Uno… Dos… ¡Tres!” La puerta se abrió de un golpe y todos entraron, iluminando todos los rincones posibles; esa habitación también estaba vacía. Sólo encontraron un armario vacío, un baúl con algunos libros y un cuerpo medio devorado sobre la cama. Tan rápido como entró, el grupo volvió al pasillo. La orden de la Hermana había sido clara: “Entrar, tomar y salir” El ala D había sido, durante mucho tiempo, una especie de tabú entre los hombres armados de la Peace Guild, pero todos confiaban ciegamente en la Hermana, quien de una u otra manera les había salvado del infierno y devuelto la fé.

Líder – susurró uno de los soldados – De acuerdo a los planos, debería haber una cafetería a unos 12 metros de este lugar

Bien” respondió el líder con un gesto, y comenzó a mover a su equipo cuidadosamente por los pasillos del olvidado hospital psiquiátrico. El soldado que había hecho la observación levantó su arma y se dispuso a avanzar con el grupo, cuando captó movimiento por el rabillo del ojo. Rápidamente volteó y comenzó a buscar en todas direcciones. Pero no había nada. Uno de sus compañeros le hizo señas con la linterna, a las que el respondió con un gesto de “ya los alcanzo”. Se devolvió hasta la habitación 307, caminando lentamente. Todo era silencio a su alrededor, lo cual le daba cierta tranquilidad; los Infectados no conocían el sigilo. Rápidamente entró a la habitación y registró nuevamente el lugar; el estante seguía vacío y el baúl abierto con libros. Volteó para registrar la cama, cuando recordó la imagen de un cuerpo a medio devorar y decidió no iluminarlo de nuevo. Comenzó a retirarse, cuando tropezó con algo y cayó. Se levantó rápidamente y observó el suelo: un brazo. “Eso no estaba allí antes” se dijo e iluminó la cama. Del cuerpo, sólo quedaba una gran mancha de sangre. El hombre, aterrado, sintió como algo le respiraba en la espalda. Volteó para disparar, pero antes de poder dar la vuelta completa sintió como su cuello se partía en dos y se separaba del resto del cuerpo.

El resto del equipo seguía en su camino hacia la cafetería.

*****

La Hermana, para sorpresa de todos en el lugar, incluida la doctora, no dudo ni siquiera un instante mientras entraba a la habitación sellada y le dispara a Glenn directamente en el estómago antes de que este pudiera reaccionar; herido con una bala especial, hecha por la doctora, cayó al suelo, inmóvil. Rápidamente Creed entró, sacando a la Hermana del camino de un empujón, mientras su rostro esbozaba una demencial sonrisa; desde sus ropas sacó una serie de jeringas, las cuales llenó indiscriminadamente con sangre ante los ojos aterrado de Emma.

¡Lo vas a matar! – gritó mientras corría hacia la cámara de observación

¿De qué hablas? – preguntaba la doctora entre risas y risas – ¡Es la oportunidad de mi vida! ¡Jajaja! ¡Uno vivo y en mis manos! ¡Jajajaja! ¡Y no lo ha perdido! ¡No! ¡Jajajaja!

Al llenar la sexta jeringa, la mujer salió tan frenéticamente como había entrado, sin volver a mirar atrás. Joy, aún sin ser capaz de sobreponerse a su horrible experiencia, avanzó hasta la cámara, observando a Glenn desde la seguridad del exterior. Sus dos ojos se habían cerrado, y desde su estómago comenzaba a fluir sangre; pero nadie lo auxiliaba. Emma estaba siendo detenida por la Hermana, la doctora tenía su cabeza en otro mundo, y Joy estaba demasiado aterrada.

Observa – fue lo único que dijo la Hermana para calmar a Emma, que no entendía por qué la detenían.

De pronto la sangre dejó de fluir y la herida se comenzó a sellar sola. La Hermana sacó a la impresionada Emma de la cámara y cerró rápidamente la puerta; no tenía intenciones de quedarse más tiempo en aquel lugar. La doctora, aún riendo, hizo caso omiso de la despedida de la Hermana, quien comenzó a caminar rápidamente hasta la salida; aún cuando debía actuar como una líder y con la cabeza fría, la Hermana seguía siendo una mujer y, más importante aún, la amiga de Glenn. Al borde de las lágrimas, salió del lugar, olvidando por completo a Emma y Joy.

¿Cómo se infectó? – preguntó de pronto Joy. La doctora, aun cuando parecía perdida en su mundo, respondió con una sonrisa en el rostro mientras seguía observando con emoción los datos que obtenía de la sangre que estaba analizando.

¿Infección? Existen muchas razones, pero ninguna confirmada. Jejeje. Primero estaba el aire; era algo aeróbico, mortal y peligroso. Luego fue por mordidas; animales, personas e incluso insectos. Sí, también ha sido por ingesta de agua, alimentos o gases. Jajaja. Esto es genial, ¡ésta sangre es genial! Aparte de ello, muchos dicen que no basta con estar Infectado para comenzar la Infección. Es un proceso rápido, pero que necesita un catalizador. ¡Dios! ¡Mira esos niveles! Es algo así como… – la doctora se levantó, aún con una sonrisa en el rostro, mientras sus ojos no se despegaban de un sistema de computadores que había instalado en el lugar – una enfermedad con voluntad.

¿Voluntad? – preguntó Emma, aterrada por las palabras de la doctora. De ser ciertas, todos podrían haber estado Infectados desde el principio, pero nadie lo sabía.

No sé como explicarlo. No todos los casos tienen el mismo tiempo de Infección, pero aún así todos presentan los mismos síntomas iniciales: Nada. Sin embargo, en cierto minuto, dada ciertas condiciones, las cuales jamás descubrimos, la enfermedad se activa y el hombre… Bueno… Muere aquí arriba – dijo apuntando a su cerebro – y pierde todo tipo de control de aquí abajo – movió su dedo hacia el corazón – Y no me refiero a algo romántico. ¿Han visto los cambios?

¿Cambios?

¡Sí! ¡Hay criaturas que cambian! – la doctora comenzó a temblar de la emoción mientras reía cada vez más eufóricamente. Emma agradecía que el lugar donde se encontraban fuera subterráneo – ¡Jajajaja! ¡Es sencillamente un hito en la historia de la ciencia! ¡Una enfermedad que te hace mutar! ¡Jajajaja!

¿Mutar? ¿De qué hablas?

¡Criaturas! No son humanos, pero nacen a partir de uno – respondió, como loca, la doctora, que se paseaba de un lugar a otro, moviendo las manos para dar explicaciones – Cabezas enormes, cuerpos súper desarrollados, metabolismo alterado, lo que sea, ¡todo! Por ejemplo, he descubierto… – El sonido de uno de los computadores interrumpió la explicación de la doctora, quien corrió hasta ese lugar y comenzó a hacer anotaciones en sus cuadernos, sin dejar de mirar las pantallas.

Emma y Joy trataron de preguntarle nuevamente del tema, pero la doctora se había absorbido nuevamente en su trabajo, olvidando por completo que existían más personas en el mundo. Finalmente ambas decidieron abandonar el lugar; estaban demasiado agotadas luego de haber escuchado esa explicación tan horrible de la enfermedad. En ese momento Joy pensó que su explicación de que todos eran zombies, igual que los de las películas y los juegos, era mucho más agradable ahora; de haber sido así, sólo habría bastado que un héroe apareciera y todo terminase con un final feliz.

*****

El líder ordenó a su grupo en equipo de a dos, enviándolos rápidamente a diferentes puntos de la cafetería; si algo ocurría, se apoyarían entre ellos y, en el peor de los casos, tendrían la movilidad para poder escapar. Sólo entonces notó la ausencia de uno de sus hombres.

¿Dónde esta Kyle? – preguntó el líder a Gary, el último en la fila

Dijo que se quedaría atrás a revisar algo. Pero ya debería estar por volver.

Ese idiota… ve a buscarlo. Si ves o escuchas algo, lo informas de inmediato. No entres en combate, ¿entendido?

Si señor – respondió Gary, que rápidamente se devolvió por donde habían llegado.

El líder, con un movimiento de mano, indico al resto del equipo que comenzara la operación: Buscar cualquier objeto que reportara una utilidad a la Peace Guild y traerlo de vuelta tan rápido como fuera posible. Todos se movieron rápidamente en la dirección que les correspondía, mientras el líder esperaba pacientemente, observando cualquier posible anomalía; si alguno tuviese problemas, sería claro por el movimiento de sus linternas, y entonces él sabría como actuar. En caso de que hubiese alguna emergencia, el líder haría señales con la linterna. Al ver que todos sus hombres se encontraban en lo suyo, el líder volteó para observar que tan lejos iba Gary; pero no vio ninguna luz en el pasillo. Extrañado levantó su arma para iluminar el camino; de pronto vio manchas de sangre en el suelo. Su primer pensamiento fue ir a buscarlo, pero recordó su misión de líder y volteó para comenzar a dar instrucciones. Su brazo, con su arma y linterna, cayeron al suelo, algunos metros lejos hasta golpear con una pared, mientras el aire se le escapaba por una herida en los pulmones. El líder trató de voltear para observar que bastardo le había asesinado en silencio, cuando sintió que algo le tomaba por el cuello y lo comenzaba a llevar a gran velocidad, como si tan solo fuera un ligero paquete de golosinas. Uno de los equipos sintió ruidos y volteó para buscar alguna señal de su líder. Sin embargo, al ver que la luz del rifle se mantenía estática, presumieron que todo estaba bien y prosiguieron con su trabajo, alejándose cada vez más de su líder.

*****

¿Experimentos? – repitió Emma

Sí. Experimentos – aseguró el hombre de rostro pálido, que se había presentado como Harry – Desde cosas pequeñas, como ver su reacción ante un pequeño gato, hasta cosas más horribles, como comprobar que tipo de actitud tenía ante… ante humanos vivos…

¿Humanos vivos?

Sí. Un par de muchachos medio muertos fueron puestos dentro la cámara. Luego de algunas horas de discusión, aún cuando nadie se lo habría imaginado, la Hermana accedió al experimento – aclaró el hombre del gorro mientras sacaba un cigarro; su nombre era John.

¿Y?... ¿Qué ocurrió? – preguntó Emma, sin poder creer que realmente hubiesen llevado a cabo tal atrocidad.

Como siempre, para nuestro alivio y dolor… nada.

La conversación prosiguió entre los tres a la luz de la única vela que tenían mientras la Hermana guardaba silencio, sumida en sus pensamientos. Al cabo de unos minutos Joy apareció, cargando una serie de papeles que había traído desde el piso inferior; se los entregó a la Hermana antes de sentarse en el suelo y cerrar los ojos para descansar. Habían pasado un par de horas desde que llegaran a ese lugar, y la doctora seguía absorbida en su mundo, sin dar más señales de vida que los avances de su investigación, los cuales Joy iba a recolectar cada hora.

¿Qué diablos? – preguntó de repente alguien desde las sombras, asustando a Emma. Tanto John como Harry sacaron inmediatamente sus armas. La Hermana dejo escapar un suspiro mientras Jason salía de la penumbra. Su rostro estaba rojo y sus ojos destellaban de furia – ¿Has enviado un equipo de exploración al ala D y no me has incluido? ¿Por qué? Soy el mejor, y lo sabes

¿El mejor? Tú actúas solo Jason, no en equipo.

Pero no necesitas un equipo, necesitas gente capaz, hombres capaces… ¡a mí!

Joy retrocedió un par de pasos, asustada de los ojos enloquecidos de aquel hombre; no eran los mismos ojos que tenía la doctora, ni tampoco eran como aquella mirada de bestia de Glenn… eran los ojos de un hombre, un humano capaz de razonar, que perdía la razón mientras era consumido por la furio. Emma trató de calmar a Joy colocándole la mano en el hombro y sonriéndole; la Hermana había tenido varias veces esa discusión con Jason, quien se consideraba el más capaz de todos los miembros de la Peace Guild, ya que era el único que había participado activamente en un conflicto militar.

Éste no es un lugar para héroes Jason – respondió cansadamente la Hermana – es un lugar donde nos apoyamos para salir adelante, como un equipo.

¿Un equipo?

Así es. De esta forma hemos sobrevivido tanto tiempo… y necesitaba un equipo para buscar alimentos y nuevos artefactos para la Peace…

¿Y mantener a un Infectado encerrado sólo por ser tu amigo es también parte del trabajo en equipo? – ladró Jason.

Él no es como el resto – trato de razonar la Hermana mientras hacía un esfuerzo por mantener la calma – Él ha mantenido sus conductas humanas más tiempo que cualquier otro Infectado.

¡Incluso trajiste a una mujer de otro bando a nuestro territorio para que estudiara esa atrocidad!

Ella no es de otro bando. Somos todos sobrevivientes, Jason… somos parte del mismo equipo.

¡Un equipo no sobrevive en este mundo! ¡Desde la Infección esto se volvió el Infierno del más fuerte! – Jason levantó su SLP apuntando a la Hermana, pillando a todos desprevenidos – ¡Entiéndelo de una vez, zorra estúpida!

*****

¡Ábrelo! – gritó el hombre mientras disparaba ciegamente a la oscuridad – ¡Apúrate y ábrelo!

¿Pero a dónde diablos dirige esto? – preguntó asustado Mike, el más joven del grupo.

¡Me importa una mierda! ¡Ábrelo!

La puerta cedió, dejando escapar a los dos hombres que comenzaron a correr a ciegas. La luz de los rifles iluminaba lo suficiente como para poder seguir corriendo sin tropezarse, pero no eran capaces de determinar que dirección seguían. Corrieron hasta que sus piernas dolían y su corazón parecía bombear ácido a sus venas. Al llegar a otra puerta, Mike agarró su arma y comenzó a iluminar en todas direcciones mientras su compañero, Mort, abría desesperadamente la puerta. Una sombra saltó de un lado a otro, y sin pensarlo dos veces Mike comenzó a descargar balazos en todas direcciones. La puerta se abrió y ambos siguieron corriendo. Mort volteó sólo una vez, con la esperanza de ver alguna luz en el fondo. “Estúpido” pensó “están todos muertos

*****

¡Baja el arma ahora mismo! – gritó John mientras colocaba su pistola en la sien de Jason

¿No lo ven? ¡Esta perra nos llevará a la perdición! ¡Lo único que sabe hacer es sonreír! ¡Trata a todos como amigos! ¡No conoce la disciplina! ¡Y para colmo se atreve a traer a uno de esos bastardos a nuestro refugio! ¡Nuestro refugio!

*****

¿Escuchaste eso? – pregunto Mike deteniéndose de golpe

¿Qué? ¡Sólo sigue corrien-!

¡Por aquí!

Sin tiempo para pensar, Mort simplemente siguió a su compañero a través de un pasillo sin puertas ni ventanas. Tan aterrados como estaban, no fue hasta que ya habían llegado hasta una puerta con una letra C que se dieron cuenta que el pasillo que habían atravesado era uno que conectaba el ala D con la C del hospital. La puerta, cerrada, fue abierta con un disparo; no había tiempo para pensar. Mike seguía guiando a su compañero, esquivando escritorios, hasta que a lo lejos descubrieron un grupo de seis personas.

¡Corran! – comenzó a gritar Mike – ¡Rápido! ¡Escap-ahhh!

Mort siguió corriendo hacia el grupo, que observaba horrorizado como una de las personas que corría hacia ellos caía al suelo, atrapado por una gran sombra y siendo devorado por la oscuridad.

*****

Doc. Déjeme salir. Ellos llegaron, y no son agradables – dijo Glenn mientras se acercaba a la pared con una sonrisa. Creed se levantó de inmediato, distraída por primera vez de su investigación. El rostro de Glenn estaba totalmente recuperado, sin ninguna marca o cicatriz de las heridas que había tenido antes; pero eso no era lo que asombraba a la doctora: El sujeto de prueba, supuestamente Infectado, se había comunicado con total claridad, sin tartamudeos ni delirios.

¿P-p-p-perdón? – preguntó Creed. Su voz temblaba, su corazón palpitaba con fuerza y su frente sudaba; pero no era miedo, no, era la emoción de algo incluso más impresionante que las mutaciones de los Infectados.

Déjeme salir… o tendré que salir por mis medios – le advirtió Glenn con una sonrisa.

Pero… ah… Glenn… no puedo dejarte salir… no ahora… no ahora – respondió riendo la doctora.

¿Glenn? No, lo siento. Él ahora debe estar durmiendo – sonrió – mi nombre… mi nombre es Seth.

*****

Mort volteó de inmediato al llegar hasta el resto del grupo e ilumino el lugar con su rifle. Sin pensarlo dos veces, John y Harry sacaron sus linternas y apuntaron hacia la oscuridad también, buscando rastros del hombre que se había perdido en las sombras; pero en el suelo sólo estaba el rifle roto de Mike, cubierto de sangre.

¿Qué era eso? – preguntó Emma respirando con dificultad.

¡No lo sé! – respondió Mort, alterado y temblando – ¡Sencillamente apareció! ¡De las sombras!

¡Jason, baja el arma maldita sea! – gritó de pronto la Hermana. Sólo entonces el resto se dio cuenta de que él seguía apuntándola con su SLP.

Esté no es el momento – dijo Harry mientras se volteaba hacia Jason – Si tienes problemas, será mejor que los guardes para… – Harry de pronto dejo de hablar; sus ojos se clavaron en la nada y emitió un ligero gemido mientras de su boca brotaba sangre. Entonces Emma comenzó a gritar apuntando al techo. Mort levantó rápidamente el rifle, iluminando a una criatura de color oscuro que se aferraba al techo con sus garras; su columna vertebral sobresalía demasiado de su espalda, y sus costillas parecían salir de su cuerpo para rodear su torso; su manos y piernas estaban clavadas al techo, y todo su cuerpo parecía raquítico, aunque la musculatura de sus hombros parecía exageradamente desarrollada. Al ser iluminada, la criatura bajó el rostro para gruñirle a la luz; su cara parecía la de un humano, aunque todas sus facciones se habían borrado, dejando solo las sombras de lo que alguna vez fueron sus ojos y una mandíbula enorme llena de colmillos ensangrentados. La criatura se movió rápidamente, volviendo a esconderse en la oscuridad, mientras arrastraba con una cola larga, que parecía ser la extensión de su columna, el cuerpo inerte de Harry, el que había atravesado en presencia de todos, sin que nadie lo notase.

¡Harry! ¡Nooo! – gritó John mientras corría en la dirección en la que la criatura se había desvanecido, disparando en todas direcciones.

¡John! ¡No seas estúpido!

La linterna cayó al suelo y lo único que se escuchó fue el crujir de huesos. Mort movió la luz hasta ese lugar y vio a dos criaturas peleándose por el cuerpo sin vida de John. Joy cubrió su rostro, aterrada; las únicas fuentes de luz que tenían eran las del rifle de Mort, la pequeña linterna que la Hermana había usado para llevarlas por el pasillo y una vela en el puesto donde Harry y John hacían guardia. No podían hacer nada, y si no escapaban serían devorados; pero estaba aterrada y su cuerpo no le respondía; sentía que con sólo moverse un centímetro, con sólo dejar que una pequeña porción de su cuerpo entrase en contacto con la oscuridad, ella sería asesinada por aquellas criaturas.

Pero que caras ponen

Una pequeña luz roja apareció desde la entrada a la planta baja. Mort movió el rifle en su dirección, iluminando a Glenn, quien caminaba tranquilamente hacia ellos con una sonrisa; su rostro estaba completamente sano e incluso parecía verse en mejor estado del que tenía cuando llegó a la Peace Guild. Todos quedaron enmudecidos ante la escena.

¿Gl-glenn? – preguntó la Hermana

Vamos. ¿No es que hayan visto un fantasma, o sí? – rió Glenn. Entonces, una garra le perforó el estómago; Mort iluminó a la criatura que, sigilosamente, se había posicionado detrás de él, y ahora abría su enorme mandíbula para devorarle el cuello. Joy gritó, la Hermana trató de sacar su Nighty y Mort de dispararle a la criatura, cuando Glenn le agarró el cuello y se lo quebró con un solo movimiento – Por cierto… el nombre es Seth.

Con un golpe lanzó a la criatura, muerta, lejos. Varios alaridos llenaron el ambiente; eran sollozos de las criaturas, quienes acababan de perder a uno de sus hermanos. Glenn se movió rápidamente, perdiéndose entre las sombras. Mientras Mort lo buscaba en todas direcciones, comenzaron a escucharse varios rugidos y alaridos mezclados con golpes de garras y golpes secos, como el de algo golpeando el concreto. Cada vez que se escuchaba un ruido nuevo, Mort apuntaba en esa dirección; pero sólo encontraba sangre, partes de lo que parecía ser un cuerpo o escombros. A ratos veían un destello rojo en medio de la oscuridad, pero tan rápido como aparecía volvía a perderse. Al cabo de unos minutos, todo quedo sumido en silencio. Nadie hablaba, y todos parecían tratar de contener la respiración, a la espera de algún sonido, algo que les indicase donde debía apuntar Mort con su luz. El silencio se rompió con el sonido de pasos. Glenn salió de las sombras sonriendo y con el cuerpo ensangrentado. Su ojo, de color rojo, parecía atravesar a todos y cada uno de los presentes, como si se tratasen de los ojos de un animal analizando a sus presas.

¿Glenn? – preguntó Joy, que aún seguía con el gorro y la mascarilla puesta.

No. Él está dur-… – el sonido de un disparo detuvo a Glenn, quien casi cae de espaldas.

¿Qué haces? – preguntó casi histérica Joy al ver que Jason, con una sonrisa, volvía a presionar el gatillo. Mort, aterrado, también comenzó a dispararle. Joy corrió hasta Jason y le afirmó el brazo, tratando de detenerlo, pero él la golpeó con el codo, haciéndola caer de espaldas.

¡Bastardo! – fue lo único que alcanzó a escuchar Jason antes de que Glenn lo levantase por el cuello, asfixiándolo. Mort volteó y continuó disparándole a Glenn, quien salió disparado algunos metros mientras dejaba caer a Jason. Los disparos del rifle, rápidos y certeros, no le daban ningún respiro a Glenn, quien dirigió una última mirada a Joy antes de desaparecer en las sombras.

Tuvieron que pasar varios minutos para que el grupo se diera cuenta de que estaba realmente solo. El amanecer casi había llegado.

*****

La muerte de Jason fue considerada como otra de las bajas a manos de las criaturas, que fueron bautizadas como Stalker por la doctora Creed, quien aprovechó la oportunidad de estudiar los especimenes muertos y casi intactos que había dejado, tal como le había prometido, Seth. Eran nuevas mutaciones de los Infectados, y parecían estar más adaptadas para cazar durante la noche, confirmando algunas de las teorías de la doctora, quien aseguraba que las mutaciones no eran al azar. Mort fue suspendido de sus deberes por un tiempo indefinido, mientras se sobreponía al recuerdo de la masacre que tuvo que presenciar; todo su grupo, con el cual había sobrevivido a muchas escaramuzas, generando un fuerte lazo de confianza y afecto, había sido masacrado ante su impotente mirada. Emma también comenzaría a tener pesadillas en los días siguientes, siendo acechada en sus sueños por aquellas criaturas sin rostro y que no emitían sonido alguno antes de despedazar a su presa. La Hermana, agotada por lo ocurrido con Jason y Glenn, fue relevada por Steven, quien se hizo cargo de la Peace Guild hasta que su líder por derecho se recuperara del todo.

Del grupo de sobrevivientes, Joy fue la única que se mantuvo firme, a pesar de lo presenciado aquella noche. Tanto Steven como Azalie le recomendaron que descansara, aunque tercamente ella continuó trabajando y, en secreto, comenzó a pulir sus habilidades con las armas de fuego. Aquella noche, mientras la oscuridad los rodeaba y el miedo les consumía, la imagen de Glenn, sonriendo mientras caminaba hacia ellos, se había impregnado en su memoria. Cada vez que despertaba, recordaba la conversación que había tenido con la Hermana, a quien apreciaba más que nunca.

¿Qué harás ahora? – le había preguntado la Hermana a Joy cuando ambas se encontraban solas, mientras todos tenían su concentración puesta en los Stalker – ¿Te quedarás aquí?

No. Quiero seguirlo.

Ya veo. ¿Pero puedes seguirlo así? – Joy trató de alegar, pero fue incapaz de decir nada. Entonces la Hermana, con su rostro agotado pero cautivador, le sonrió – Entonces hazte fuerte. Hazte fuerte con nosotros… – la Hermana acarició la cabeza de Joy mientras ella asentía llena de alegría – mi niña, bienvenida a mi amada Peace Guild.

Glenn, la última noticia que se tuvo de él fue un par de paquetes envueltos, destinados para la Hermana y para Joy. Dentro del primero había una nota de despedida que decía simplemente “Gracias”. El segundo, el cual abrió Joy cuando tuvo la oportunidad de estar sola, era una nota y otro objeto envuelto; la nota decía “Lo siento” por un lado y “Gracias” por el otro; cuando Joy desenvolvió el otro objeto, una lágrima rodó por su mejilla: Envuelto en papel de diario estaba su preciada e inseparable Beretta.
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Elroid

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MensajeTema: Re: [Infección]   Mar Sep 29, 2009 9:40 pm

Con el cap 13 terminaba el primer tomo... pero me cuesta decidirme a como empezar el siguiente demonios xDDD !!
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MensajeTema: Re: [Infección]   Vie Oct 02, 2009 1:44 pm

siguelo D:!

o si no ya sabes :O

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el dragon la vio...
la miro

y solo le dijo..

te prometo mi vida entera al compas de los vientos
y en la sinfonia de un violin

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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Oct 11, 2009 4:04 am

Capítulo_00: Prólogo

Es la hora, hijos míos.

Finalmente es el momento de despertar.

Finalmente es el momento de que yo vuelva a caminar.

Y que la sed de sangre que tanto tiempo me ha sofocado sea liberada.

Hijos míos, abran sus ojos.

Escuchen mis palabras.

Sientan mi odio.

Griten mi dolor.

Desgarren mi miedo.

Hijos míos.

La hora de mi regreso ya ha llegado.

Y ustedes pavimentaran con carne y hueso, mi camino.

Vayan.

Corran.

Griten en cólera y alegría.

Pues el fin ha llegado.

Y con él, un nuevo comienzo.

Mi comienzo.
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