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Elroid

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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Oct 11, 2009 4:05 am

El olor a suciedad en el lugar se hacía más pesado mientras subía hasta la azotea. Las escaleras, en mal estado, parecían querer quebrarse cada vez que daba un paso, obligándome a permanecer alerta en todo momento, lo cual realmente me cansaba. Por supuesto, no podía quejarme, pues no había nadie excepto yo, y porque yo mismo había decidido hacer este trabajo; aún así no podía dejar de pensar que la situación era demasiado molesta y me habría encantado poder molestar a Mio o darle un golpe a Markus para poder eliminar un poco el estrés que se acumulaba con cada peldaño que subía. La tortura siguió durante 15 minutos – aunque más bien habían parecido 15 horas – hasta que finalmente llegué hasta una puerta metálica, la cual daba hacia la azotea. Apagué mi linterna y empuje el frío metal con suavidad, tratando de no hacer mucho ruido, pero la puerta inmediatamente comenzó a rechinar y la detuve de golpe. ¿Alguien la había escuchado? Los segundos pasaron como minutos mientras esperaba atento a cualquier ruido… pero no escuché nada. Dejé escapar un pequeño suspiro y continué abriendo la puerta. El aire fresco me golpeó el rostro y sentí como los recuerdos de aquella molesta escalera se esfumaban rápidamente. Pero no tenía tiempo para esas nimiedades, y caminé rápidamente hacia el extremo de la azotea. Era un edificio de 6 pisos, desde el cual podía tener una visión bastante buena de la ciudad. Al levantar la vista hacia el horizonte pude observar luz artificial, la cual parecía iluminar un sector bastante amplio. Demonios, esas luces eran las culpables de que en esos instantes yo me encontrase en aquella azotea. Escupí molesto hacia el suelo y di algunos pasos hacia atrás, tomando vuelo.

Odio los tejados – dije en voz baja, tratando de hacer alguna broma. Lástima; no había nadie cerca que escuchase el resto del chiste. Corrí a toda velocidad y salté hacia el otro tejado, donde rodé un poco para luego levantarme rápidamente con todos mis sentidos alerta. Luego de asegurarme que era la única persona viva – o cosa viva – volví a tomar algo de vuelo para volver a saltar. Repetí esa acción un par de veces hasta que me encontré con un edificio más grande, uno de 10 pisos, a cuyo tejado obviamente no podía llegar. Sonreí con algo de emoción mientras aseguraba el gorro del suéter a la cabeza. Demonios, si alguno de mis compañeros de entrenamiento me hubiese visto ahora, me habrían aplaudido por ser tan valiente y tan grandioso. Lástima; todos estaban muertos. Salté hacia el otro edificio, estirando todo mi cuerpo hacia delante y con los brazos cubriendo mi cabeza. Atravesé el vidrio y caí en el cuarto piso, donde rápidamente rodé y saqué mi linterna. Un gruñido a mi espalda. Volteé, saqué la pistola y apunte de inmediato, mientras sentía la adrenalina recorriendo todo mi cuerpo. Una criatura, con la forma de un niño en los huesos, con un pelaje de color oscuro cubriéndole el cuerpo y unos ojos grandes y negros me observaba mostrando los colmillos. La tensión desapareció lentamente al darme cuenta de que era, y tan sólo le seguí observando apuntándole con el arma; al cabo de unos segundos, lanzando otro gruñido, la criatura comenzó a retroceder lenta y tímidamente, hasta desaparecer en la oscuridad. El Vástago, como llamaban a aquella criatura, era un carroñero, un animal no agresivo; y no podía permitirme disparos innecesarios, especialmente cuando estos podían alertar a otras criaturas… o a otros humanos. Contuve la respiración hasta escuchar que el Vástago se había ido y, tras esperar otro poco, comencé a subir hacia la azotea. Cuando la adrenalina ya había abandonado completamente mi cuerpo, mi cerebro comenzó a procesar otra información; un intenso y asqueroso olor a carne descompuesta. La marca de que la Infección había dejado lo suyo en aquel lugar.

Me tomó sóo minutos llegar hasta la azotea, ya que las escaleras eran mucho más agradables que las del primer edificio. A simple vista parecía que había aterrizado en un edificio repleto de oficinas, y podían apreciarse hojas y libros en el suelo, probablemente trabajos que jamás verían un fin. En el último piso, tirado en las escaleras, con las manos estiradas hacia la puerta que daba hacia la azotea, como si aún después de muerto intentase encontrar la salvación, se encontraba la mitad superior de un hombre; el resto de su cuerpo había sido desgarrado y se encontraba desparramado por el suelo. Llevé mis manos a la boca y agité ligeramente la cabeza. No era la primera vez que veía uno, y dudaba que fuera la última, pero demonios… seguía siendo asqueroso. Uno, dos, tres. La molestia pasó y nuevamente era yo mismo; pasé por sobre el cadáver y avancé hasta la puerta de la azotea. Sentí algo de culpa al salir yo solo, dejando al infeliz atrás; pero él ya estaba muerto, y no podía hacer nada para ayudarlo. La puerta se cerró detrás de mí, y la oscuridad volvió a inundar el interior del edificio. Apagando la luz, lentamente me acerqué hasta el extremo del tejado. Desde allí la vista era mucho mejor, y me encontraba a una calle de distancia del sector que estaba iluminado.

¿Qué demonios? – aquel sector estaba totalmente alumbrado por unos grandes focos. ¿Estaban locos? Era plena noche, y todo el mundo había aprendido a base de muchas pérdidas, lágrimas y sangre a valerse de la oscuridad; pero ellos instalaban grandes focos e iluminaban el sector como si nada. Me restregué los ojos un par de veces. ¿Qué se suponía que hiciera? Claramente quedarme en ese lugar a pensar acerca de que había llevado a ese grupo de dementes a instalar focos de luz no me parecía una buena idea, ni tampoco tenía pensado llegar caminando y preguntar “¿Por qué instalaron focos?”. En vez de ello, estudiar el sector era lo único que podía hacer, así que saqué mis preciados prismáticos, unas bellezas capaces de ver hasta 1km de distancia, suficientemente pequeños para caber en la mano y con vista nocturna, la que hacía que la noche se viese como día. Pero, ¿por qué instalaron focos? La capacidad de vista nocturna es inútil cuando hay luz en el lugar, pues se ve todo de un color blanco… y además es imposible disfrutar el alcance de los binoculares cuando hay tantos objetos estorbando. Descargué mi molestia en un bufido y comencé observando el sector iluminado – quitando por supuesto el modo nocturno – donde se podían apreciar personas haciendo guardia. Eran unas seis personas, armadas con rifles de asalto y usando kevlars, chalecos antibalas, sobre la ropa; se encontraban directamente bajo el foco, dentro de lo que parecía ser una caseta de guardia improvisada. No era el único foco, estimaba unos 8 repartidos, de manera que cubrieran toda el área que rodeaba un gran edificio: el hospital Crystal Lake. Habían varias casas alrededor del hospital, el cual se había establecido y crecido rodeado de edificios que, con el tiempo, se habían convertido en tiendas que aprovechaban el hospital para poder obtener beneficios. Por supuesto, el hospital de por sí no era la gran cosa, lo importante era la gente que en esos momento la habitaba; de acuerdo a la información que manejaba, se trataba de la Peace Guild. Al observar con un poco de atención lo que parecía ser una entrada, descubrí un pequeño cartel de color verde colgado, en el cual se apreciaban algo parecido a calaveras. Eso confirmaba la presencia de la Peace en el lugar.

Bien, hora de irme y ganarme un merecido descanso – me dije para animarme mientras recordaba el tramo que debía recorrer para volver al refugio. El idiota de Markus había decidido que el mejor lugar era el Silvaryan, un hotel de 4 estrellas que se encontraba bastante alejado de Crystal Lake. Solté un suspiro como reclamo y comencé el camino de regreso; saltar de tejado en tejado era peligroso, pero eso no era lo que más me molestaba… encontrarse con una de esas criaturas oscuras que hace poco había enfrentado, sí. Apenas había logrado salir vivo, pero la mayor parte de los hombres en el lugar habían sido mutilados en silencio por una criatura de color oscuro y cuyos rasgos faciales habían desaparecido casi completamente. Escupí al suelo y bajé hacia el quinto piso, evitando observar al sujeto muerto en las escaleras. Una de las ventanas del piso ya estaba rota y sin pensarlo dos veces la atravesé para caer en el tejado del edificio contiguo.

Odio los tejados… – lástima que no hubiera nadie para escuchar el resto del chiste.

*****

El edificio se veía imponente, sin importar las veces que uno lo viese. Mi reloj ya marcaba la 1 de la mañana, así que apresuré el paso para entrar al Silvaryan. Las rejas de entrada eran grandes y de color oro – por supuesto, sólo eran color oro – con varios adornos que simulaban de las casas grandes antiguas. Pasando las rejas uno llegaba a una gran puerta giratoria, la cual estaba atascada, por lo que debía pasar a través de uno de los vidrios rotos. La recepción era enorme, y un gran mesón de madera se encontraba en el fondo, de tras del cual se encontraba una tablero con llaves, manteniendo aquel estilo de hotel antiguo; actualmente todos los hoteles sólo funcionan con eCard. El edificio tenía unos 12 pisos, de los cuales sólo uno estaba iluminado, el sexto; Mio había hecho algunos arreglos para que la energía sólo llegase a ese piso. De acuerdo a Markus, la electricidad debía durar un mes o dos. “Somos afortunados” decía él “de haber vivido en Silvergrove habríamos estado sin electricidad hace días” Por supuesto, respondí que eso ya lo sabía, aunque en realidad no tenía ni idea de lo que trataba de explicarme; fue Mio quien luego comentó que cerca se encontraba Headmoor, una represa que proveía de electricidad a la zona, y que esta podía mantenerse activa más tiempo que otros generadores. No sé que tan cierto sea, pero el hecho de que la electricidad algún día desaparecerá parece inevitable.

Subí el primer piso a tientas, sin prender luces por seguridad. Luego, con la linterna, subí los otros cinco pisos. Cada piso tenía una pintura diferente, en el recodo de la escalera entre piso y piso; no sabría decir si los dueños tenían buen o mal gusto, pero definitivamente la mayor parte de esas pinturas me parecían adornos inútiles, sin vida o fuerza. El primero era un caballo salvaje siendo domado, pintado con colores suaves; el segundo mostraba el mar durante un atardecer, y el agua de color rojo a causa del sol que se ahogaba en el fondo; el tercero era una anciana – ¿qué tiene de interesante o artístico una anciana? – que observaba tétricamente al frente, como si quisiera asustar al espectador; el cuarto lo pasé por alto, al tratarse de un estúpido payaso; el quinto… era una copia del clásico de Edgard Munch, “el Grito”… por algún motivo esa pintura siempre había captado mi atención y dediqué un par de segundos a observarlo. El sonido de pisadas me despertó y volteé rápidamente mientras apagaba la linterna; el lugar estaba iluminado.

Mo~ ¿Qué te tomó tanto tiempo? – preguntó Mio con su simpática pero odiosa voz infantil. Una muchacha de 19 años, con poco busto aunque un cuerpo atlético, de pelo largo y oscuro, piel blanca y un rostro con rasgos orientales; vestía un pantalón de buzo negro, una polera de color blanco sobre la cual llevaba un suéter abierto de color rojo y unas zapatillas Converse de color azul. Siempre me ha asombrado que alguien tan capaz como Mio sea, al mismo tiempo, tan tonta, despistada e inocente.

Que alguien como tú me reclame… ah, siento que he caído bajo.

¡Hey!

Jajaja – molestarla era una de las pocas cosas que me animaba desde la Infección. Sería odioso admitirlo en voz alta, pero le había tomado bastante aprecio a ella y a mi grupo. Grupo, ¿eh? Había terminado uniéndome a este grupo días después de la segunda Ola de Infección. ¿Cuánto había pasado desde entonces? Probablemente ya habían pasado tres semanas desde que el mundo que conocía y odiaba se convirtiese en un mundo que no conocía y odiaba aún más.

Dom, será mejor que te apures – dijo Mio. Sólo entonces noté que su rostro no era el de siempre; algo había pasado, y la usual sonrisa tonta que ella tenía se había esfumado

¿Qué ha ocurrido? – pregunté mientras avanzaba hacia la habitación 605, donde el grupo se había refugiado

Es Karin… aún no ha vuelto…

Apuré el paso y abrí la puerta de golpe. Sentado en el sillón grande del living se encontraba Markus. De unos 32 años, era un ex militar, miembro de la brigada anti-terrorista, que vestía como un verdadero caballero: un terno, una camisa, unos pantalones de tela y unos zapatos bien lustrados, todos de color negro. Su cabeza no tenía ningún pelo – como una bola de billar – y siempre que tenía la oportunidad usaba unos lentes rojos y circulares, que sólo se sujetaban en la nariz. Él era el líder del grupo, y como ex militar no podía soportar el trabajo individual; un verdadero inútil si alguien me lo pregunta.

¿Qué ha pasado? – pregunto rápidamente. El último miembro del equipo que faltaba era Karin, una muchacha de pelo rubio corto, cuerpo atlético, de unos 21 años y cuyo trabajo es el de exploradora. Claro, como un equipo cada uno tiene un trabajo: el de Mio es el de cerebrito, es una experta en áreas de informática, electricidad, mecánica y robótica, por lo que cuando hay algo que no funciona ella lo hace funcionar; el de Markus es el de un líder, es el sujeto que se sienta a dar órdenes porque tiene experiencia… que sigue siendo un verdadero inútil si me lo preguntan; Karin, la exploradora; y yo, el único y verdadero corazón y cerebro del grupo… aunque mi trabajo es simplemente el de un bruto: si hay peligro, yo me lanzo al frente.

Primero lo primero – responde él relajadamente – ¿qué has visto?

¿Ah? – no me creo a este sujeto; incluso en situaciones críticas sigue igual de calmado – Confirmé la ubicación de la Peace Guild y descubrí que tienen toda el área iluminada. Aún así no he observado mayor movimiento de la Infección por la zona.

¿Iluminada? – preguntó Mio incrédula. No hay como culparla, pues yo me sentí igual. Pero Markus, por otro lado, sólo se limitó a asentir con la cabeza, calmado como siempre. Incluso cuando estábamos rodeados de aquellas inmundas criaturas, él siempre mantuvo la calma. Claro, eso significa que es un gran líder y que siempre tiene la cabeza fría… Aún así sigue siendo un inútil.

¿Qué paso con Karin? – pregunto directamente

Aún no regresa. La he enviado al sector norte.

¿Tiempo?

Salió unos cinco minutos después de que decidiste salir a explorar el sur.

Trago un poco de saliva mientras escucho eso. Yo puedo ser el mejor, el más capacitado, el más astuto y el más talentoso… pero Karin siempre ha sido la más rápida. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Ah, claro, ahora recuerdo porque siempre odie el trabajo en equipo: hace que la gente cree lazos afectivos. Demonios.

Iré a buscarla

¿Solo? – Markus levanta su mano y revisa su reloj. Yo hago lo mismo; casi las 2 de la mañana – Te tomará más tiempo, pero ve con Mio.

¿Ah?

Escucha, ¿qué crees que harás tu solo? Si ella está herida, ¿la cargaras hasta acá? – su voz calmada, usualmente molesta, se convierte en algo insoportable mientras sé que cada segundo que pasa disminuye la posibilidad de que Karin siga viva – Mio sabe algo de primeros auxilios, y es capaz de preparar un lugar para pasar el día si no pueden llegar aquí antes del amanecer.

Pero… – giro para observar a la muchacha de rasgos asiáticos. Sus ojos muestran convicción, aunque sus piernas tiemblan un poco. Ella no es del tipo que sale al campo de batalla; pero tampoco es del tipo que abandona a un amigo. Demonios, dejarla aquí sería tan cruel como obligarla a que me acompañase – Mio, ¿vienes?

¡Por supuesto! – responde con todo el cuerpo. Suspiro. Y pensar que semanas atrás, cuando la conocí por primera vez, ella era apenas capaz de respirar cada vez que alguien mencionaba el exterior o los Infectados; la gente crece más rápido de lo que uno pudiera imaginar.

Dominic, no es necesario que te lo diga pero… no mueran…

Lo sé, lo sé – respondo sin voltear mientras camino hacia la puerta. Los pasos de Mio me acompañan un instante después. Por supuesto, saltar de tejado en tejado sería imposible ahora.

*****

Era cierto – murmura Mio cuando se ven los primeros rastros de luz. Su voz y rostro emocionado me molestan un poco. ¿Acaso tan poco creíble soy? Prefiero pasar eso por alto y seguir dirigiéndome hacia el sector donde debería estar Karin.

El hotel se encuentra al este del Crystal Lake, aunque explorar directamente el lado este del hospital había sido declarado como una “verdadera y soberana estupidez” por parte de Markus. Reviso el reloj: las 3.20 am; debo admitir que me ha sorprendido ver lo activa y veloz que se ha vuelto Mio, quien en ningún momento se ha quejado o quedado atrás. Sin embargo los tejados siguen siendo una mala opción, por lo que las rutas de escape disminuyen demasiado: Saltar de techo en techo es una forma eficiente de evitar cualquier peligro; correr por la ciudad es una forma eficiente de atraer peligro.

Dom. ¿Estamos muy lejos?

Ahh… y pensar que hace poco estaba pensando que ella había viajado sin quejarse Volteó para decirle alguna pesadez, pero entonces veo sus ojos; no son los ojos de alguien que no quiere caminar más, sino que están llenos de preocupación. Tsk.

No, ya casi llegamos… la encontraremos.

El viaje es un tanto accidentado, pues algunas calles están bloqueadas y otras son intransitables. Desparramados por la ciudad se pueden ver todo tipo vehículos, muchos con las puertas abiertas y con manchas ya secas de sangre, ventanas rotas y varios golpes. De cuando en cuando también se podía apreciar algún bulto, probablemente humano, debajo de uno de estos vehículos. Cada vez que veía uno me alegraba de tener las linternas apagadas; prenderlas sería muy riesgoso cerca de la Peace. No, en realidad es riesgoso en cualquier punto de la ciudad… o del mundo.

¡Muévanse, ya, ya, ya! – grita alguien unas calles más adentro, probablemente desde el hospital. Mi reacción inmediata es desenfundar el arma y voltear en todas direcciones; pero no hay nadie cerca ni tampoco parecen habernos visto. Por un lado es bueno, significa que seguimos con vida. Por otro lado es malo, significa que algo esta ocurriendo allí. Y poco me importa lo que ocurra con la Peace, pero si Karin se encuentra allí, sería un verdadero problema rescatarla. Observo la calle frente a mí; doblando allí deberíamos tener una buena visión del sector norte del Crystal Lake.

Mio, ya casi llegamos. Mantente alerta y en silencio – le digo con voz firme, lo cual calma un poco a la muchacha que, al escuchar los gritos, se había petrificado.

Si… vamos – responde tímidamente.

El trayecto es acompañado por más gritos. Sea lo que sea que ocurre más adelante, no puede ser bueno para nosotros. Comienzo a caminar por la vereda; si algo ocurre aún podemos escondernos en alguno de los edificios que hay por la calle, ya que la mayor parte de ellos deben estar sin llave – dudo que alguien se acordase de cerrar con llave mientras huía por su vida – siendo la única ruta de escape que tendríamos de vernos acorralados. De pronto el estruendo de un disparo surca el aire y la adrenalina rápidamente se apodera de mí. Le hago una seña a Mio para que se quede atrás y corro sigilosamente hacia el fin de la calle para observar el origen del disparo; en el trayecto se comienzan a escuchar más disparos, mezclados con gritos de gente y aullidos que no parecen humanos. Eso les pasa por prender luces, idiotas. Pero el problema es Karin; ¿dónde diablos te has metido? Mis pasos se sienten cada vez más ligeros y la luz de los focos artificiales se ve más clara. Al llegar me posiciono detrás de un vehículo volcado y me levanto lo suficiente para poder ver mientras estoy escondido. ¿Qué diablos es eso? La gente de la Peace, unos 10 hombres armados con rifles de asalto, disparan sin darle respiro a una criatura de unos dos metros de altura, encorvada, cuya piel parece la de un reptil negro, con garras en vez de manos y un cuerpo anoréxico que a simple vista parecía carente de musculatura; el rostro de la criatura estaba cubierto por sus brazos, pero entre disparo y disparo lograba distinguir unas grandes cuencas dentro en las cuales había un brillo azul, probablemente sus ojos, y unos colmillos que sobresalían de su hocico, el cual se abría ligeramente para emitir aullidos horribles y extremadamente molestos. Era la primera vez que veía uno de esos; pero los de la Peace parecían manejarlo bastante bien. ¿Acaso no es la primera vez que ven uno de esos? No, no nos desviemos de nuestro objetivo. Saco los binoculares y comienzo a buscar rastro de Karin. Inevitablemente termino observando a la criatura en detalle, curioso por algo nuevo y horrible que, probablemente, algún día tendré que enfrentar. Sus piernas y torso presentan rasgos similares a los que ya había visto en otras criaturas; una musculatura aparentemente escasa pero extremadamente desarrollada. No soy biólogo, ni tampoco me interesé nunca en ser uno, así que no entiendo como es posible que exista ese tipo de musculatura. Bajo los binoculares para seguir buscando, cuando noto que la criatura está parada sobre un charco de sangre. Algo recorre mi espalda. ¿Un mal presentimiento? Mis manos tiemblan mientras sigo observando hasta encontrar el origen de la sangre. Lo primero que veo son unos cabellos de color fuego. Era Karin. Su cuerpo estaba desparramado en el suelo y sus ropas se veían desgarradas en el área del abdomen, de donde parecía emanar la sangre.

Dom… ¿qué ocurre? – pregunta de pronto Mio, quien se había acercado sin que yo lo notase.

Vete, es peligroso” es lo que intento decir, pero en vez de ello sólo emito un sonido extraño, como si me estuviera ahogando. ¿Por qué? Es sólo otra persona muerta. Es sólo una de las tantas personas que perderé a lo largo de mi vida. Era sólo una desconocida con la cual compartí algo de 3 semanas. Entonces… ¿por qué?

¿Dom? – pregunta Mio preocupada. Demonios. ¿Debería mentirle? Ella se acerca al vehículo y me quita los binoculares. Yo la observo en silencio. ¿Debería detenerla? ¿Por qué no simplemente le quito los binoculares? Pero mi voz sigue atrapada en mi garganta y mis brazos tiemblan. De pronto Mio deja caer los binoculares y se deja caer de rodillas al suelo llevándose las manos al rostro. El sonido de los disparos y el aullido de la criatura ahogan el llanto de Mio. El viento frio, el grito de las personas, el olor a sangre, el sentimiento de impotencia, todo me recuerda los primero días de la Infección. Y Mio sigue llorando. No, espera. ¡¿Acaso me quedaré aquí sin hacer nada?! ¡No! ¡Esta vez no me quedaré escondido mientras el mundo colapsa frente a mis ojos!

¡Mio! – digo con voz firme mientras recojo los binoculares – ¡No hay tiempo para llorar! ¡Necesito saber si está viva o no!

Ella me observa asombrada; ahora que lo pienso, es la primera vez que le grito así. Pero ella responde asintiendo con la cabeza, y le ofrezco la mano para que se levante. Mio obedientemente levanta los binoculares y, por algo de un minuto, un minuto extremadamente largo, observa a Karin; puedo verla saltar con cada disparo, y sus piernas tiemblan mientras observa el cuerpo de nuestra compañera. ¿Nuestra? No puedo creer lo sentimental que me he puesto. Entonces ella voltea, sus ojos brillan y su cara esta ruborizada.

Aún respira. ¡Aún respira! – dice casi llorando.

Bien. En ese caso espérame aquí – respondo algo aliviado.

¿Eh? ¿Qué vas a hacer?

¿Acaso no es obvio?

No espero una respuesta y comienzo a correr hacia Karin. Siento el sonido de los disparos a pocos metros, algunos gritos de desconcierto, y los aullidos de la criatura demasiado cerca. Pero eso no importa. Ahora sólo importa rescatar a Karin. El viento golpea mi rostro, la adrenalina recorre mi cuerpo, y mi mente pierde contacto con la realidad. Estiro la mano y siento que ella está al alcance de mis dedos. Sólo debo estirar un poco. Un poco más. Algo me golpea, el mundo da vueltas y mis pies se separan del suelo. Mientras vuelo siento que algo roza mi brazo y rápidamente me comienza a arder. Cuando toco el suelo ruedo un buen tramo sin control alguno. El sonido a disparos se hace insoportable. Mi cabeza sigue dando vueltas. ¿Qué mierda ha pasado? Trato de incorporarme, pero mis piernas aún no responden y sólo soy capaz de levantar la cabeza. Desde la oscuridad, avanzando lenta pero pesadamente, se acerca otra criatura idéntica a la que ya había visto. El bastardo me ha golpeado y no lo vi venir hasta que fue muy tarde. No, ya no son 2, ahora son 4. Y los gritos detrás de mí se escuchan cada vez más desesperados. ¿Mio? ¿Dónde está Mio? Algo tibio recorre mi frente. ¿Sangre? La visión se nubla, el sonido de las balas atravesando el ambiente se hace más insoportable y el cuerpo más pesado. Karin… lo siento…


Última edición por Elroid el Miér Nov 04, 2009 9:05 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Oct 12, 2009 1:17 am

nooooooooooooooooo siempr kedo metido D:

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MensajeTema: Re: [Infección]   Miér Nov 04, 2009 9:06 pm

Ah~~

Cambie el primer capítulo. Es básicamente lo mismo, pero la narrativa que tenía no me gustaba y me costaba retomar la historia por culpa de eso xD

La Universidad realmente hace las cosas más lentas (eso me recuerda, debo estudiar xD)
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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Ene 17, 2010 10:38 am

Muy buena trama y desarrollo.
Lamento por ser una ingrata con este forito [Y eso que soy la admin xDD- por cierto, gracias peke Smile].

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MensajeTema: Re: [Infección]   Dom Ene 17, 2010 10:40 am

Por cierto, CONTINÚA!
O aplicamos banneo
Hahaha, ok no.
Pero no seas como yo que deja todos sus proyectos a la mitad xD

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MensajeTema: Re: [Infección]   Lun Ene 25, 2010 11:03 pm

huele a baneo xD

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